
¿Se imaginan recibir de regalo una audiolibro? Puede serraro, hay que decirlo: en vez de un paquete, papel de colores, cintita y ticket de cambio, al homenajeado le llega un mail. Click y el libro se agrega a su biblioteca de libros digitales. Play y adentro.
Muchos viejos oyentes de radio, cuando apareció, allá en el siglo pasado, el walkman, buscaron e uno en el que spudiera escuchar noticias. Eso de moverse y prestar atención no les era ajeno. Pero ¿un libro? ¿Y si justo les hablaban y se desconcentraban?
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Bueno, el regalo precisa ponerse los auriculares y arrancar. Uno muy elegido en librerías online como Bajalibros -que pertenece a Infobae- es La amiga estupenda, de Elena Ferrante,que acaba de situarse en el primer lugar entre los mejores libros que salieron en el siglo XXI, según el New York Times. Lo narra una voz con acento español. Como la autora -o quien sea que escribe, ya se sabe que “Elena Ferrante” es un seudónimo- es italiana y la narración transcurre en Nápoles, ese acento no incomoda en ninguna región.

Es habitual “audioleer” en varios soportes a la vez; con auriculares por la calle, con los parlantes del auto, en el equipito de música cuando se está ordenando o cocinando.
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Se puede ir al pasado con Yuval Noah Harari y su Sapiens, una historia de la humanidad. Algunos pasajes -como cuando el homo sapiens mata a otros tipos de humanos, como los neandertales- quedarán en la cabeza del lector asociados a la situación que vivía cuando escuchaba, a cierta calle, a la ventana de la cocina. No es tan distinto de lo que pasa cuando leemos, en definitiva: también tenemos libros que recuerdan qué pasaba mientras recorríamos sus páginas.

En rigor, los audiolibros no son nuevos. ¿No había, en tiempos de discos de vinilo, unos simples con cuentos para chicos? Hace unas décadas, cuando recién asomaba Internet en nuestras vidas, la escritora Isabel Allende contó que ella soportaba el tráfico de San Francisco, donde vivía, con libros en CD. Audiolibros.
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De hecho, en la década de 1930, instituciones como la American Foundation for the Blind comenzaron a producir grabaciones de libros, inicialmente en discos de vinilo de 78 RPM.
En las décadas siguientes, el formato evolucionó con la llegada de las cintas de casete en los años 60 y 70, lo que permitió a los oyentes llevar consigo los audiolibros de manera más cómoda. Con el avance de la tecnología, se pasó a los CD en los años 90.
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Sin embargo, el formato fue marginal hasta que llegó -ah- el teléfono celular. Parecía hecho a medida para el audiolibro. Lo llevamos a todas partes, tiene un audio respetable con cualquier par de auriculares o solo y se conecta a las librerías online. De hecho, escuchamos “audios” todo el tiempo.
Entonces, explotó: “Hace años que crecemos a tasas de dos dígitos”, dijo, ya en 2019, Michele Cobb, Directora Ejecutiva de la Audio Publishers Association. En cualquier librería online habrá versiones en audio de muchísimas de las novedades. Editoriales como el Fondo de Cultura Económica -con sede central en México- los impulsa en América latina y está a punto de lanzar su producción local en Argentina y un servicio como Bookmate cuenta que, en orden de números, tiene usuarios en México, Chile, Argentina, Colombia y Peru. Y que su libro más leído es una novela intensa y muy literaria: Nuestra parte de noche, de Mariana Enríquez, seguido por un libro de Morgan Housel sobre la psicología del dinero.
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Un informe de 2024, citado por la consultora dosdoce, decía que en el año anterior en Estados Unidos se habían vendido audilibros por 2.000 millones de dólares, un 9 por ciento más que el año anterior.
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Según el mismo trabajo, la ficción continúa dominando el mercado de los audiolibros por tercer año consecutivo, representando el 64% de los ingresos por ventas. Entre los géneros que más han crecido se encuentran la historia, biografía y memorias, con un notable aumento del 22%; salud y fitness, con un incremento del 20%; libros religiosos y de fe, con un crecimiento del 17%; y romance, con un crecimiento del 14%.
Suena raro
Sí, a veces suena raro. Las editoriales hacen “castings” de voces y de acentos. Si uno tiene, por ejemplo, una historia muy mexicana con personajes muy mexicanos y el narrador es chileno, argentino o uruguayo... resultará extraño pero sobre todo en México. Cuanto más alejado se esté de una cultura, menos extrañará. Y, además, si el que escucha es -en ese ejemplo- argentino, chileno, uruguayo... ¿no le resultará perfectamente natural?
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El audiolibro, de hecho, ha pasado sobre eso y sigue creciendo. Se escuchan tonadas diversas, como cuando se escucha el doblaje de una película.

¿Quién lee? A veces se presenta como un valor adicional que lo haga el propio autor, sobre todo si el autor es muy prestigioso. Sin embargo, los buenos escritores no necesariamente son buenos lectores ni buenos actores; un lector profesional puede ser mucho más dúctil y brindar una narración más clara y emotiva.
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Ventajas y desventajas
Como siempre pasa con los libros, se trata sobre todo de placer. Es más fácil escuchar una narración que un libro técnico o muy teórico. Si se quiere volver sobre un concepto, basta con retroceder unos segundos con botones preparados especialemente para eso en las aplicaciones de audiolibros o en los mismos auriculares. Pero si ha pasado un rato será difícil encontrar el segmento que se quiere revisar.
El audiolibro también permite otra cosa: escuchar en conjunto con otros. En un viaje largo, entre paradas y además de las canciones, una familia puede escuchar un tomo de Harry Potter. En esto la experiencia difiera de la de la lectura, que en nuestros días es fundamentalmente individual.
Gratis y para chicos
En la tienda Bajalibros, hay, además, una colección de cuentos infantiles muy breves que se pueden escuchar de manera gratuita.
Son cuentos clásicos como “Los viajes de Gulliver” de Jonathan Swift, “El Mago de Oz” de L. Frank Baum y “Pulgarcito” de Charles Perrault . Estas historias no solo entretienen, sino que también transmiten valores como la curiosidad, la amistad y la valentía, proporcionándoles a los niños una experiencia rica y didáctica.

Este recurso permite iniciar conversaciones sobre los personajes y las lecciones de cada cuento y hacer del viaje una oportunidad para el aprendizaje en familia. Los relatos de la colección impulsan la reflexión y estimulan el interés de los niños por la literatura y, en algunos casos, por continuar la historia en su formato escrito. Escuchar, charlar, buscar otro final, volver a imaginar son actividades que unirán a grandes y chicos.
Más allá de las ventajas y desventajas, los audiolibros ofrecen un placer único: la posibilidad de ser transportado por la voz humana. Escuchar una historia bien narrada puede ser una experiencia inmersiva y gratificante, evocando la tradición ancestral de contar historias oralmente. Esta modalidad puede despertar la imaginación de maneras inesperadas, permitiendo al oyente crear vívidas imágenes mentales mientras sigue la narrativa.
Seguimos contando historias, seguimos usando todos los sentidos para crear y para disfrutar del arte. La literatura no para.
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