
La octava y última función del Festival Argerich 2023 en una tarde de domingo donde el Teatro Colón volvió a estar abarrotado de público, ratificó el carácter de acontecimiento que rodea a las presentaciones de la eximia pianista argentina reconocida a nivel mundial que da su apellido al encuentro.
Martha Argerich emerge hoy con inusitada fuerza como una figura convocante y venerada por un laureado talento que es celebrado, agradecido y tomado como referencia por el gentío que agotó la capacidad de cada jornada colonista, siguió algunos de los conciertos por streaming y siempre la colmó de ovaciones, vítores, aplausos y flores.
Te puede interesar: “Martha Argerich deslumbró en el Teatro Colón”
Y la pianista –que entra y sale del escenario casi flotando con pasos cortos bajo unas amplias faldas– asume el reto y responde con la maravilla que se le escapan de los dedos poniendo en acto páginas de inspirada concepción musical que refieren a la historia mayúscula de la disciplina y también aventurándose a nuevas partituras.
Por esos desafíos que encarna con pasionaria y talentosa determinación, Argerich consigue protagonizar en un mismo gesto dos acepciones posibles del término acontecimiento.

Cada presentación se convierte en un “suceso de cierta importancia”, tal como lo define el diccionario pero, también y además, sobrevuela el carácter que el filósofo Alan Badiou dio al término al considerarlo como “el nacimiento de una verdad”.
Argerich y su festival iniciado 15 días atrás que la reunió con una veintena de solistas y varias agrupaciones, sacude el panorama musical argentino por reafirmar que la música culta puede ser noticia e inventa la posibilidad de demostrar que el disfrute de un hecho artístico no requiere de otra cosa que de la predisposición a gozarlo, el permitirse que la maravilla de grandes obras en manos de notables intérpretes pueda ocupar el centro de la escena.
En ese sentido, la jornada de cierre no fue la excepción a esa regla, y con un nutrido elenco animando los tres números previstos en las dos entregas del concierto, la magia volvió a decir presente.

Bajo la batuta del suizo Charles Dutoit (esposo de Argerich entre 1969 y 1973), la función comenzó con “Las Bodas”, de Igor Stravinsky (1882-1971) en una puesta que incluyó a integrantes de la Orquesta Estable del Teatro Colón y a unas 40 voces del Grupo Vocal de Difusión que dirige Mariano Moruja.
Además, hubo cuatro pianistas (Iván Rutkauskas, Alan Kwiek y Marcelo Ayub, además de Argerich –siempre de blusa negra pero esta vez con una pollera blanquinegra–), protagonizaron las voces de la destacada soprano Jaquelina Livieri, la mezzosoprano Guadalupe Barrientos, el tenor Santiago Martínez y el bajo Hernán Iturralde y hubo un notable rol de las percusiones.
Hubo casi media hora de intensos y variados pasajes de una obra originalmente pensada como partitura de ballet sobre una boda campesina del siglo XIX.

Un similar período de intervalo permitió acondicionar el escenario para otra multitudinaria presencia artística que, nuevamente bajo el portentoso pulso de Dutoit tuvo una formación expandida de la Orquesta Estable colonista para una apertura con la “Sinfonía N° 4 en Re menor, Op. 120″, de Robert Schumann (1810-1856).
El predominio de las cuerdas vistió la grandilocuente propuesta que no disimuló algunas disparidades saldadas en el altisonante movimiento de cierre “Langsam-Lebhaft”.
Sumando enseguida al Coro Estable del Teatro Colón que dirige Miguel Martínez y la aclamada Argerich en el piano, la bella “Fantasía Coral en Do menor, Op. 80″, de Ludwig van Beethoven (1770-1827), supuso un final acorde al Festival.

Con el piano de Argerich protagonizando en soledad los primeros cuatro minutos de la pieza, quedó expuesta una vez más la afinidad de la intérprete con el universo beethoviano para encabezar una briosa versión que terminó con el coro repitiendo la frase “si el mar y la fuerza se unen, el hombre merecerá la gracia de los dioses”, según pudo leerse en la transcripción al español del texto en alemán.
Una sucesión de gritos y la sala de pie para saludar a Argerich, tuvo desde los palcos altos una fascinación expresada con el lanzamiento de flores que Dutoit se encargó de ir recogiendo para la homenajeada.
Semejantes muestras de afecto la obligaron a un bis que acometió bajando la partitura y tocando de memoria y deliciosamente “Escenas infantiles N°1-De extraños países y personas”, de Robert Schumann (1810-1856).
Fuente: Télam S. E.
Seguir leyendo
Últimas Noticias
The Times pondera la nueva novela de Hernán Díaz y lo compara con Dickens, aunque señala que llega tarde a sus mejores ideas
La reseña del diario inglés sobre ‘Ply’, celebra la audacia del escritor argentino residente en Estados Unidos y ganador del Pulitzer, pero cuestiona un primer tramo que califica de “ficción juvenil”

Detienen a dos turistas alemanes que colgaron sus propios cuadros en la sala de la Mona Lisa del Louvre
El personal de seguridad interceptó a los hombres luego de que fijaran dos piezas de aproximadamente 30 por 40 centímetros sobre las paredes del recinto. El hecho ocurrió durante la jornada del sábado en París
Una filtración de agua obligó a retirar de forma preventiva el Baco de Caravaggio en Florencia: cuál es su estado
Una tormenta que dejó casi 45 milímetros de lluvia en una hora provocó el ingreso de agua por la claraboya de la sala 90 de la galería florentina del Uffizi, según confirmó la institución tras las inspecciones correspondientes

Qué escribe Ariana Harwicz, la autora argentina vetada en el festival de Granada
Maternidad, violencia y extranjería: los ejes de una obra radical compuesta desde la campiña francesa que llegó al Man Booker y que ahora provocó una crisis en España

“Seis meses en edificio rosa y azul”, el filme que nació del miedo: cómo el VIH de un padre marcó la identidad de su hijo durante décadas
El cineasta mexicano Bruno Santamaria presenta en San Sebastián una película que explora “la jaula que te impide salir del armario”



