
El Tribunal Supremo del Reino Unido afirma que las personas que viven en casas de cristal también tienen derecho a la intimidad. El dictamen afirma que un mirador de la galería de arte londinense Tate Modern hacía que los residentes de los lujosos departamentos de cristal de al lado, se sintieran como animales en un zoo e impedía “el uso y disfrute ordinarios” de sus viviendas.
Los jueces anularon sentencias anteriores de tribunales inferiores que se habían puesto del lado de la Tate Modern en la larga batalla por la privacidad entre la galería –una de las mayores atracciones turísticas de Londres– y los residentes de cuatro apartamentos del complejo vecino Neo Bankside.

El juez George Leggatt dijo que la plataforma es visitada por cientos de miles de personas al año, que “con frecuencia toman fotografías de los interiores de los pisos y a veces las publican en las redes sociales”.
“No es difícil imaginar lo opresivo que sería para cualquier persona normal vivir en tales circunstancias, algo así como estar expuesto en un zoo”, escribió en la sentencia mayoritaria del tribunal.
“Está fuera de toda duda que el visionado y la fotografía que tienen lugar desde el edificio de la Tate causan una interferencia sustancial en el uso y disfrute ordinarios de las propiedades de los demandantes”.

El tribunal dictaminó que la galería había violado “el derecho común de las molestias privadas”. Tres jueces respaldaron la decisión mayoritaria y dos disintieron.
La Tate Modern se inauguró en 2000 en una antigua central eléctrica de la orilla sur del río Támesis. Contribuyó a transformar el barrio circundante de Bankside, que dejó de ser un remanso ribereño para convertirse en un centro de arte y vida nocturna salpicado de torres de apartamentos de lujo.
La terraza forma parte de una ampliación piramidal inaugurada en 2016 en la galería, que recibe más de cinco millones de visitantes al año. Neo Bankside se terminó unos años antes.

Los abogados de los residentes argumentaron que la plataforma del piso 10, utilizada por más de medio millón de visitantes de la galería al año, constituía una invasión “implacable” de la privacidad de los residentes. Afirmaron que los visitantes de la galería sometían los apartamentos a un “intenso escrutinio visual”, y que algunos utilizaban prismáticos y lentes de zoom para ver mejor.
La galería dijo que los residentes podían resolver el problema bajando las persianas o poniendo cortinas, y los jueces del Tribunal Superior y del Tribunal de Apelación estuvieron de acuerdo.
Pero el Tribunal Supremo dictaminó que el mirador constituía un uso “anormal” de los terrenos de la Tate Modern y que los atribulados residentes tenían razón.

“Los demandantes no pueden ser obligados a vivir detrás de cortinas o con las persianas bajas todo el día para protegerse de las consecuencias de la intrusión causada por el uso anormal que la Tate Modern hace de sus terrenos”, dijeron los jueces.
Los residentes habían pedido que la galería protegiera sus apartamentos de las vistas o que les indemnizara por daños y perjuicios. El Tribunal Supremo devolvió el caso al Tribunal Superior para que decidiera sobre la solución adecuada.
Fuente: AP.
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