
Los libros sobre hermanos seguramente no sean una novedad dentro de la literatura para las infancias, pero lo que sí es novedoso es que la voz, totalmente verosímil, es la de su narrador y (casi único) protagonista, “el hermano mayor”. Hay (hubo) una vida antes de que ese bebé llegue, y de eso se trata la historia, la verdad sea dicha, y sobre eso quiere dar cuenta el protagonista. Nada manifiesta sobre qué sentimientos alberga o por qué quiere contarle a ese por venir lo que ya pasó, pero toma la posta y lo hace. Y nada más que eso importa.
Con un tono que va desde lo meramente informativo –”Antes de empezar a contarte, tenés que saber lo que son los días, los meses y los años [...]”– hasta la manifestación evidente de los cambios que se van a ir dando en esa familia que va a sumar un integrante –”Papá dijo que es la última vez que nos vamos los tres solos porque después siempre nos vamos a ir los cuatro”–, Todo lo que pasó antes de que llegaras es un vivo ejemplo del sentimiento que viven los hermanos mayores.

Las ilustraciones de Frankel son igualmente creíbles y remontan a esas primeras que cualquier niño o niña hizo en su infancia: pies y manos enormes, trazos borroneados y apurados por ir a jugar o a hacer otra cosa. Ese conjunto que funciona como un binomio perfecto es la clave de este libro álbum. La honesta sensibilidad del discurso de un protagonista que no tiene nombre –tal vez para que cualquiera que lo lea pueda identificarse– sumada a sus ilustraciones, producen emoción auténtica.
Con frases tiernas y ese humor que los adultos admiramos en los discursos de los primeros años, Yael Frankel construye un retazo de la historia de una familia cualquiera y en cualquier lugar del mundo. Pinta a su vez anécdotas igual de universales de una infancia urbana: un casamiento, ir a la plaza, festejos familiares, familias ensambladas. Pequeños puntos que, unidos, ilustran un escenario sin más necesidad que eso.

El éxito inigualable de este libro es la franqueza. Niños y niñas, madres, padres o cualquiera que se cruce con Todo lo que pasó antes de que llegaras rescatará su vigencia (sin mención alguna espacio-temporal). Agradecerá su compromiso con la realidad sin discursos de ninguna índole. Es franco, honesto, tierno, divertido y les habla a niños (y adultos, por igual) en sus propios términos y con sus propias palabras.
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