
Hubo una época en la que París se convirtió en algo así como la capital del mundo. Fue como un renacer de Francia después de las guerras mundiales. Los restaurantes y los cafés eran el alma de la ciudad y un lugar de encuentro de los artistas y la intelectualidad francesa. Corría la década de 1950 y eran tiempos para el desenfado del jazz y la expresividad de la nouvelle chanson française, con el talento de Jacques Brel o Georges Brassens como embajadores de una poesía intimista. Se había gestado una nueva manera de ver el arte y la vida.
Fue en esos tiempos cuando el pintor turco Fikret Mualla Saygi residió en la capital francesa, y esos bares y esa vida nocturna, los circos, así como las personas del ambiente bohemio en el que vivía, se convirtieron en el motivo principal de sus pinturas. Esta Escena de un bar en París –una acuarela de 54,6 por 65 centímetros–, subastada en 2014 por la casa Bonhams, es un ejemplo de las obras creadas por Mualla durante su estancia parisina.
Aunque empleaba frecuentemente la técnica del gouache o la acuarela, trabajaba también al óleo con la misma habilidad. El expresionismo alemán y el fauvismo influyeron fuertemente en su obra, fomentando su ya evidente desapego de un enfoque clásico de la pintura. La violencia, la falta de armonía y los choques de forma y color del expresionismo resonaron en el carácter cada vez más inestable de Mualla y despertaron el deseo de producir una obra de naturaleza similar. Su volatilidad mental, acompañada de una creciente dependencia del alcohol, se profundizó aún más cuando se mudó a París en 1939, donde devino habitué de tabernas y bares.

Del fútbol a los pinceles
Fikret Mualla Saygi, quien llegó a ser conocido como “el Picasso turco”, nació en el seno de una familia de buen pasar económico de Estambul, capital del Imperio Otomano, en 1903.
Estudió en las escuelas secundarias Saint Joseph –de origen francés– y Galatasaray. Posiblemente la razón por la que fue destinado al Galatasaray High School como interno haya sido su pasión por el fútbol, compartida con su tío Hikmet Topuzer, jugador profesional del club Fenerbahçe. A los 12 años, mientras jugaba al fútbol en el colegio, Fikret sufrió un accidente en el cual se fracturó un pie. La recuperación no fue del todo satisfactoria; el joven quedó con una renguera permanente.

Por esos mismos días, otro episodio negativo dejó profundas huellas en su ánimo: su madre, con quien tenía una gran conexión afectiva, murió por la gripe española. Su padre volvió a casarse, pero ese hecho no hizo sino acrecentar su enojo y empeorar su salud mental y sus problemas sociales. A los 17 años abandonó la educación secundaria y fue enviado a Suiza para estudiar ingeniería, algo que interpretó como la expulsión de su propia casa.
Con el tiempo se dio cuenta de que la pintura le interesaba más que la ingeniería. Durante sus años de estudiante en Suiza, que coincidieron con los años de la guerra, se quedó sin dinero. Gracias al apoyo del cónsul de la época pudo partir hacia Alemania para estudiar pintura. En la academia fue alumno de Arthur Kampf, conocido pintor alemán que más tarde se afilió al partido nazi y al que Hitler incluyó en la lista de artistas imprescindibles para el régimen.

Fikret Mualla, que en Alemania llevaba una vida muy solitaria debido a su timidez, bebía cuando no estaba pintando. En ese país tuvo que ser tratado por primera vez debido a su adicción al alcohol, en 1928. Allí fue institucionalizado varias veces también por causa de sus delirios paranoides y otros trastornos mentales. Cuando regresó a Turquía en la década del 30, dio clases de pintura durante un período corto en la escuela secundaria Galatasaray, de la que había sido alumno. Pero en Estambul no encontró el interés que esperaba por parte de los círculos artísticos locales. Por esa razón se abocó durante un tiempo a la literatura; escribió un libro sobre Friedrich Schiller y publicó algunos cuentos en la revista Ses.
En Turquía fue también internado en un hospital mental, esta vez debido a un confuso incidente con la policía. En 1937 fue dado de alta, pero el episodio profundizó su fobia a la policía. Por esta razón, decidió dejar nuevamente su país y mudarse a la capital francesa.

El pintor de París
El artista, que vivió una vida divertida y lujosa en París durante un corto tiempo, comenzó a pasar momentos difíciles con el inicio de la Segunda Guerra Mundial y la ocupación de Francia. Debió vender sus pinturas por debajo de su valor para satisfacer sus necesidades diarias de bebida, comida y carbón, y llegó a cambiar una obra que le había regalado Pablo Picasso por una botella de raki.

Mualla fue hospitalizado varias veces más debido a sus problemas mentales y a su adicción al alcohol. En esos períodos, contó con el apoyo de Dina Vierny, coleccionista de arte, galerista y modelo de artistas. Ella lo visitaba con frecuencia y le acercaba materiales para que siguiera pintando.
Hacía más de dos décadas que el pintor no exponía sus trabajos en una muestra; hasta esa fecha, quienes querían comprar sus obras lo encontraban en los cafés y generalmente compraban los cuadros a precios accesibles. Cuando dejó el hospital, en 1954, Fikret Mualla tuvo su primera exposición individual en París, organizada por dos marchantes de arte y montada en la galería de Dina Vierny. La muestra tuvo mucho éxito, se vendieron todas las obras, pero los marchantes defraudaron al artista y le dieron mucho menos dinero del que habían acordado. De todos modos, el evento sirvió para que Mualla entrara por la puerta grande en los círculos artísticos parisinos y para que se hiciera conocido como “el pintor de París”.

Poco a poco fue ganando reputación en el ambiente parisino. Sus obras habían comenzado a ser compradas por grandes coleccionistas, pero ese estatus no fue suficiente para estabilizar su salud. En 1956 inauguró su segunda exposición en París, tras lo cual fue hospitalizado nuevamente.
En ese tiempo conoció a Madame Fernande Angles, coleccionista de arte y compradora habitual de sus pinturas, esposa de un senador de la región de los Alpes. Cuando en 1962 Mualla sufrió un derrame cerebral, Angles llevó al artista a vivir a una granja familiar en la ciudad de Reillane, al suroeste de Francia, cerca de la Costa Azul. Esos paisajes marítimos también fueron retratados en sus pinturas.

En mayo de 1967, su inestabilidad mental motivó una nueva internación en una casa de reposo. Allí es donde, el 20 de julio de ese mismo año, Fikret Mualla Saygi fue encontrado sin vida.
Sus pinturas, que se subastaron después de su muerte, fueron compradas por el Estado turco y se estableció un Fikret Mualla Hall en el Museo de Pintura y Escultura de Ankara. Hoy en día, la mayoría de sus obras se encuentran en colecciones privadas y sus retrospectivas se llevan a cabo en muchos museos de arte moderno y contemporáneo de renombre internacional, especialmente en el Estambul Moderno.
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