
El éxito y el olvido
Sarah Rivera llega como figura central en 1946 al Teatro Nacional con el espectáculo Presidente se escribe con P, ya con un elenco de cómicos y actores reconocidos y como cartel principal en la avenida Corrientes. Sarah Rivera ya era una estrella. Vampiresas, fue otro de los grandes shows que se presentaban, ya con la estructura de una comedia musical, no tan solo un show de varieté como los que hacía en sus primeras presentaciones. Sin saber muy bien cómo, y seguramente con influencias del music hall francés o norteamericano, empezaba la revista porteña, un estilo de espectáculo que permanecerá intacto hasta finales de los años ochenta. Una combinación de géneros y con un equipo técnico, artístico y escenográfico muy completo y profesional.
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En poco tiempo Perón ya era presidente, Evita ganaba protagonismo, incluso viajó a España a llevar trigo, carne y ayudas y llegó a ser recibida con honores de jefe de Estado. En su comitiva en España, estaban su hermano Juan, Alberto Dodero, el millonario amigo de Onassis, y un pequeño grupo de militares más un par de periodistas. Los nazis habían perdido la guerra y la simpatía peronista por el eje nazi-fascista, acabaría dejándolo solo con Franco. El mundo estaba cambiando muy rápidamente.

La compra de joyas, muebles y abrigos de piel no paraba, las cosas iban muy bien para Sarah. En enero del 47 presenta quizás su éxito más importante. La obra se titulaba Ha entrado un hombre desnudo el cual era un vodevil de estilo francés con funciones todos los días por la tarde y por la noche. Sarah tuvo en aquel momento tanto éxito que entre función y función se iba a cenar y el público la esperaba pacientemente dentro de la sala. Argentina en aquel momento era una fiesta, pero desgraciadamente todo se acaba. Los años de gloria pasan y ya en 1950 surge Nélida Roca, quien sería la siguiente estrella de la noche porteña.
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El relevo generacional estaba servido. Sarah empieza a sufrir una marginación en el circuito artístico. Ya no se podía considerar joven con casi 40 años. La vida de Sarah tiene un paralelismo con el de la actriz Fanny Navarro, una de las mujeres de Juan Duarte, odiada por muchos y envidiada por otras. Fanny transcurrió su juventud rodeada de hombres, regalos que iban desde bombones hasta joyas, coches y todo lo que podamos imaginar. Pero murió joven, a causa de la depresión y paranoia que sufría por el rechazo de la mayoría de los artistas. Juan Duarte apareció muerto de un disparo en su piso de la avenida Callao en el barrio norte, cerca del cementerio de la Recoleta.
Duarte, un chico de pueblo de la provincia de Buenos Aires, que decían se dedicaba (entre otras cosas) a llevar dinero negro a Suiza de los negocios del poder, acabó con sífilis. Su hermana, Eva Perón, murió en 1952 a causa del cáncer. Parecía el fin de una época.
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El Final
Es imposible saber ciertamente qué le pasó a esta catalana que en pocos años pasó de ser la reina de la noche de Buenos Aires, con pisos, casas, coches y terrenos en el interior del país, a acabar de vieja en una residencia pública del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, donde finalmente murió en 1984 acompañada de su amigo, el arquitecto catalán Aurelio Cabezalí.
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El papel de este hombre, hasta ahora desconocido, fue fundamental en la hora de destrabar la búsqueda de Sarah Rivera por parte del periodista español-argentino Germinal Nogués, quien durante años la buscó, casi como un detective.

Es fácil ahora pensar el porqué del olvido y las penurias económicas. Una suma de errores y de creer que las cosas en los años de la guerra acabarían de otro modo. Además de vincularse con gente que quizás no hayan sido las mejores compañías. Tampoco fue parte de ningún movimiento de protesta contra la dictadura de Franco. Como un contrasentido, las numerosas cartas con su madre a lo largo de los años, eran escritas en catalán, lengua prohibida por la dictadura fascista de Franco.
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Sarah Rivera fue la creadora, sin quererlo ni saberlo, del género de la revista porteña, y como artista, según contaban sus compañeros de trabajo era maravillosa, además de buena persona y muy generosa, pero acabó pobre y olvidada. El mismo Germinal Nogués explicaba: “En julio de 1971, en pleno invierno de Buenos Aires recibí la llamada de Aurelio Cabezalí, nada más y nada menos que su compañero y amigo. Había sido escenógrafo de algunas temporadas de Sarah en Buenos Aires. Cabezalí estaba vinculado al modernismo catalán y añoraba y adoraba Barcelona. Para Sarah, era una especie de representante y tenía la misión de cuidarla. Fue con él que arreglé la esperada entrevista que se realizó en mi casa de la calle Arenales 1244, cuarto piso en Buenos Aires. Entonces Sarah Rivera, la mítica reina de los diamantes, apareció después de dos años de investigación y se anunciaba por el portero electrónico –”Soy Sarita Rivera”–, estaba vestida como para una gala, con traje de brillante color verdoso y zapatos de tonos violáceos, la ropa recordaba los años 50. Eran las once de la noche y finalmente, sin tapujos, me explicó su vida”.

*Basado en el libro inédito Sarah Rivera, la gallega en el país de los sudacas de Germinal Nogués (2003). Archivo fotográfico: Sarah Rivera. Fotos Eva Perón en España; Archivo General de la Nación, Argentina.
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