
Julia Pontés es una investigadora, activista ambiental y fotógrafa brasileño-argentina representada por la Galería Phuyu. Se dedica a registrar con tomas aéreas los relaves mineros -descartes sólidos finamente molidos de las operaciones mineras- en el estado brasileño de Minas Gerais. Hoy sus imágenes recorren el mundo.
Cuando ella dice: “Nuestra tierra es mi paisaje”, es literal. Se refiere a uno de los estados más verdes y poblados de Brasil, y también uno de los más afectados por la minería. El lugar donde Julia jugó de niña deslizándose sobre pedazos de cartón por los montes hechos con residuos de hierro, los mismos que causaron que su familia padezca una enfermedad genética, hoy están reflejados en su obra más laureada. Harvard y National Geographic premiaron su trabajo que comenzó cuando su vuelo aterrizó en Belo Horizonte y se dio cuenta de que el desastre solo podía percibirse desde el cielo.

—Define su arte como investigativo, ¿cuál fue el interés primario, la indagación o la obra?
—Sucedió al mismo tiempo. Siempre quise colaborar con el bienestar social, sobre todo cuando tomé conciencia de que en Belo Horizonte se encuentra uno de los cuadriláteros ferríferos con la mayor concentración de minería a cielo abierto del mundo. Comencé a investigar y es muy difícil ser indiferente después de descubrir eso. Fue imposible evitar las ganas de participar en un nivel más profundo. Y el arte me permitió expresarlo hasta llegar a las raíces de lo que estoy fotografiando.
—Empezó a registrar en imágenes desde el aire los extractos mineros en 2014, ¿sufrió trabas de algún tipo?
—Sí, todas, legales y prácticas. Al principio me preguntaba: ¿cómo voy a financiar yo todo eso?, ¿de qué manera voy a hacerlo? Cuando se produjo el desastre ambiental por la ruptura de la presa de Brumadinho en 2019, gracias a una mayor sensibilización y colaboración, conseguí una avioneta. Pero después de mucho tiempo de tramites empezó lo más difícil. Entrar en espacio aéreo prohibido. Solo el piloto y yo tratando de registrar algo que de otra manera es imposible. No todas las dificultades que sufrimos para poder sobrevolar el lugar fueron un obstáculo. De un día para el otro, sorpresivamente, nos dieron el permiso, y eso hizo que todo lo demás fuera vertiginoso.

—¿Qué es lo primero que piensa cuando elige cada lugar para fotografiar, en la investigación o en la obra resultante?
—En ambas. Creo que este proyecto que incorpora elementos del arte, estéticos, de la investigación académica y periodística no puede estar limitado por ninguna forma de clasificación. Es difícil atribuirle un solo motivo. Si bien ya tengo el 75 por ciento de esa región fotografiada, siempre que puedo, vuelvo y descubro cómo cambia ese paisaje.
—¿Cómo fue recibida su obra por la comunidad artística?
—Recibí muchísimas críticas por usar la belleza para hablar de algo tan cruel. Sin embargo, es el arte el que brinda la flexibilidad de representar la realidad de manera diferente. En ninguna investigación voy a dejar cerrada esa puerta en mí. Es más, siempre usé todos los recursos de la escuela artística para jaquear el sistema y encontrar la manera de mostrarle al mundo esta problemática. Si es contemporáneo o no el futuro lo dirá.

—Su obra fue reconocida por Planetary Health Alliance de la Universidad de Harvard, Visura, NYFA y National Geographic, se expuso en diferentes países del mundo y hoy se encuentra exhibida en el Museo de Ecología y Escultura en Sao Pablo. ¿Imaginó que iba a suceder esto?
—No, jamás. No sabía en qué iba a terminar este proyecto. Siempre tuve claro que es un tema que forma parte de mi vida. Me esforcé y ahorré mucho no sólo para reunir los fondos, sino para llevar a cabo un proyecto que me puso hasta en contra de parientes que no entienden lo que hago y por qué lo hago. Por eso no quiero perder los derechos de autor de mis imágenes. Se que la difusión es necesaria, así como vivir de mi profesión, pero también quiero que a mi obra la vea el pueblo siempre. Y que a futuro si no están más, sea una prueba de que estos lugares existieron.

—¿Cuál es hoy la manera en la que quiere que se difunda su obra?
—Yo intento dialogar con la gente a través de mis imágenes. No quiero hacer fotografías que solo aquellos que tengan un profundo conocimiento del arte puedan entender, ni que estén encerradas en un solo sitio. Por eso está en mis planes recorrer esos lugares con un camión, mostrando mis imágenes junto con mi papá, que es músico. Quiero que todos las vean, hay mucha gente que no sabe lo que está sucediendo. Hoy puedo producir mucho yo sola, con un dron, por ejemplo. Así también evito algunos momentos en los que las personas que me acompañan sufran persecución.
Mi mayor deseo es poder continuar mostrando esta tragedia en la forma que elegí. Y seguir haciéndolo por muchos años más.
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