
Hace cien años nacía en Grecia Iannis Xenakis, compositor. Se ha escrito y discutido acerca de la muerte del autor, sobre todo en teoría literaria, al plantear que es la obra la que importa y no quien la escriba. Cuánto más debe funcionar este señalamiento en la esfera de la música, la más abstracta de las artes. De cualquier manera, hay vidas de autores que merecen ser contadas. Este es uno de esos casos en que una vida asombrosa tiene correlato en una obra de un despliegue de alcances inusitados. Compositor, arquitecto, guerrillero antifascista en la Segunda Guerra Mundial, colaborador de Le Corbusier; Xenakis será homenajeado en Buenos Aires mediante un concierto de características inusuales en el marco del Festival No Convencional.
Iannis Xenakis nació en Rumania en 1922 en el seno de una familia griega que retornó a península helénica cuando el niño tenía diez años. Desarrolló un interés por la música que se conjugaba con la pasión por la matemática y la astronomía y comenzó entonces a estudiar ingeniería, pero la Segunda Guerra Mundial interrumpió la vida universitaria y lo arrojó de lleno al campo de la política y la guerra. En Grecia se constituyeron guerrillas que resistieron las ocupaciones italiana, alemana y búlgara, pese a que la avanzada militar del Eje había logrado instalar un gobierno títere en Atenas. Luego de la derrota de los ocupantes lograda sobre todo por la lucha guerrillera, Estados Unidos e Inglaterra, con el aval de la Unión Soviética de Stalin (mediante un acuerdo conocido como el Pacto de Moscú), impusieron un gobierno que entronó al rey Jorge II en 1944 y determinó el ingreso de Grecia a la OTAN. Gran parte de la resistencia partisana se opuso al gobierno conservador, no se desarmaron las guerrillas y siguió la lucha en la organización ELAS, cuya dirección era hegemonizada por el Partido Comunista Griego.
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Xenakis continuaría la lucha partisana en la división estudiantil Lord Byron. En un episodio de la Guerra Civil, la explosión de una granada heriría gravemente en la cara a Iannis Xenakis, que perdió un ojo, tuvo una notoria disminución de la audición y le legó cicatrices que lo acompañarían toda la vida. Clandestino, pudo rendir de cualquier modo los exámenes para recibirse de ingeniero, antes de que fuera condenado a muerte por terrorismo, hecho que lo llevó a hacerse de un pasaporte falso y exiliarse en París, donde viviría hasta su muerte. En el país galo, trabajó como colaborador del gran arquitecto Le Corbusier y quedan construcciones emblemáticas de la arquitectura francesa firmadas por Xenakis.
A la vez, continuó sus estudios de composición en el Conservatorio, pero pronto abandonó la institución. El compositor Olivier Messiaen lo instó, entonces, a usar sus conocimientos de matemática y arquitectura para desarrollar su propio terreno musical, que convulsionaría a la música académica de la época por sus planteos abstractos, por un lado, y electrónicos que lo convirtieron en un pionero del uso de la informática en la música. Sus obras se continúan ejecutando por orquestas y grupos de todo el mundo sin perder no sólo un ápice de contemporaneidad, sino que siguen abriendo brechas al futuro. Xenakis murió en París el 4 de febrero de 2001.
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El Festival No Convencional (que este año da inicio con esta apuesta) rendirá este domingo un homenaje –en el centenario de su nacimiento– a Iannis Xenakis con un concierto que ejecutará las obras “Terretektor” / “Nomos gamma”, que responden a la música más contemporánea y que serán desenvueltas por dos orquestas de manera simultánea bajo la dirección del maestro Pablo Druker. La orquesta conjunta estará integrada por miembros de la Orquesta Estudiantil de Buenos Aires, dependiente de la Dirección General de Artística de la Ciudad, y del Programa de Orquestas Infanto-Juveniles del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires.
Ahora, el lugar del concierto tampoco será usual: sucederá en un estadio de futsal ubicado en el CEDEM N° 2, en Juan Bautista Alberdi 5053, Caseros, Partido de Tres de Febrero. Y para darle más exquisitez por lo inesperado, el público no se ubicará en butacas, sino que lo hará entre los músicos. Una experiencia inédita para las dos partes: los músicos (que además pertenecen a experiencias juveniles) nunca tocaron con “civiles” al lado, sin esperar qué reacción podría tener el oyente a pocos centímetros. Tampoco el público, que experimentará una manera distinta de la apreciación musical y de la perspectiva espacial de esa apreciación. Por eso, las obras se ejecutarán dos veces para que el público pueda disfrutarlas desde distintas perspectivas.
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Infobae Cultura presenció un ensayo de las piezas en el sótano del viejo edificio de La Prensa, donde funciona el Ministerio de Cultura. Decenas de jóvenes tocan sus instrumentos mirando fijo la partitura. Hay momentos musicales inhabituales para su repertorio general, ya sean los temblores inquietos en la sección de percusión o la fuerza con que irrumpen los metales. En las pausas discuten las dudas u opiniones con el director. Pablo Druker dirige la orquesta en su última acción antes de partir hacia Alemania, donde reside normalmente (antes dirigió a la orquesta del Teatro Colón en un concierto esplendoroso que incluyó obras de Ligeti, Strasnoy y Berio). “Aunque el concierto sea con músicos jóvenes de orquestas juveniles, al final el trabajo es el que realizo habitualmente con una orquesta profesional: cuando te subís al escenario las cosas tienen que salir”, dice Druker.
—Pero este escenario tiene un aditamento, que no fue ensayado, del público entre los músicos.
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—Eso ocurre en el momento. La adrenalina que el músico tiene convencionalmente, acá tiene ese aditamento. Pero el sumergirse en una orquesta es sobre todo una experiencia nueva para el público. Xenakis viene del mundo de la arquitectura y la propuesta espacial tiene que ver con su propuesta.

Luca tiene 16 años, toca el cello y está confiado: “Estamos ensayando muy bien y no creo que el público pueda perturbar, estamos acostumbrados a seguir la partitura y las indicaciones del director”. Karen, de 17 años, violinista y vecina de Barrio Retiro está más expectante: “Una vez antes tocamos composiciones de música contemporánea y recuerdo que aprendimos a valorar esas tonalidades que no son las de siempre. Espero que este concierto, con el público mezclado, salga bien. Es una buena experiencia”.
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—Cuando hacés algo nuevo, tu cabeza se abre —dice el músico Martín Bauer, uno de los hombres que más ha hecho por la música contemporánea en el país y que dirigiera el Festival de Música Contemporánea durante años y años, a la vez que es el responsable del Colón Experimental y mentor del Festival No Convencional, que organiza el concierto en Caseros—. Xenakis es explosivo, es audaz, se corre de todos los lugares comunes y le tocó chocar con el establishment musical burgués. Realizaba una apuesta sin garantía y yo propongo tomar ese impulso en cada ámbito.
—¿Qué expectativas tiene de este concierto?
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—No tengo idea de qué público irá. Tengo la fantasía que la gente del lugar, que está acostumbrada a ir ahí para otras actividades, vaya al concierto. La percepción ante experiencias nuevas funciona de otra manera. Ese es un poco el desafío, la posibilidad de hacer las cosas de siempre de una manera diferente.
* Festival No Convencional en el centenario del nacimiento de Iannis Xenakis. Concierto Terretektor / Nomos gamma. Domingo 22, 17 horas. Juan Bautista Alberdi 5053, Caseros (Partido de Tres de Febrero)
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