
En su novela La policía de la memoria, la escritora japonesa Yoko Ogawa habla de una isla sin nombre. Unos extraños sucesos intranquilizan a los habitantes de la isla. Inexplicablemente, desaparecen cosas luego irrecuperables. Cosas aromáticas, rutilantes, resplandecientes, maravillosas: lazos para el cabello, sombreros, perfumes, cascabeles, esmeraldas, sellos y hasta rosas y pájaros. Los habitantes ya no saben para qué servían todas estas cosas.
Yoko Ogawa describe en su novela un régimen totalitario que destierra cosas y recuerdos de la sociedad con la ayuda de una policía de la memoria similar a la policía del pensamiento de Orwell. Los isleños viven en un invierno perpetuo de olvidos y pérdidas. Los que guardan recuerdos en secreto son arrestados. Incluso la madre de la protagonista, que evita que desaparezcan las cosas amenazadas en una cómoda secreta, es perseguida y asesinada por la policía de la memoria.
PUBLICIDAD

La policía de la memoria puede leerse en analogía con nuestra actualidad. También hoy desaparecen continuamente las cosas sin que nos demos cuenta. La inflación de cosas nos engaña haciéndonos creer lo contrario. A diferencia de la distopía de Yoko Ogawa, no vivimos en un régimen totalitario con una policía del pensamiento que despoja brutalmente a la gente de sus cosas y sus recuerdos. Es más bien nuestro frenesí de comunicación e información lo que hace que las cosas desaparezcan. La información, es decir, las no-cosas, se coloca delante de las cosas y las hace palidecer. No vivimos en un reino de violencia, sino en un reino de información que se hace pasar por libertad.
En la distopía de Ogawa, el mundo se vacía sin cesar. Al final desaparece. Todo va desapareciendo en una disolución progresiva. Incluso desaparecen partes del cuerpo. Al final, solo voces sin cuerpo flotan sin rumbo en el aire. La isla sin nombre de las cosas y los recuerdos perdidos se parece a nuestro presente en algunos aspectos. Hoy, el mundo se vacía de cosas y se llena de una información tan inquietante como esas voces sin cuerpo. La digitalización desmaterializa y descorporeiza el mundo. También suprime los recuerdos. En lugar de guardar recuerdos, almacenamos inmensas cantidades de datos. Los medios digitales sustituyen así a la policía de la memoria, cuyo trabajo hacen de forma no violenta y sin mucho esfuerzo.
PUBLICIDAD
A diferencia de la distopía de Ogawa, nuestra sociedad de la información no es tan monótona. La información falsea los acontecimientos. Se nutre del estímulo de la sorpresa. Pero el estímulo no dura mucho. Rápidamente se crea la necesidad de nuevos estímulos. Nos acostumbramos a percibir la realidad como fuente de estímulos, de sorpresas. Como cazadores de información, nos volvemos ciegos para las cosas silenciosas, discretas, incluidas las habituales, las menudas o las comunes, que no nos estimulan, pero nos anclan en el ser.
SEGUIR LEYENDO
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
El cuerpo y la historia del arte argentino, al centro de una muestra que también se toca
La exhibición “Dóciles”, de Maximiliano Venturini y Sergio Lamanna en la galería Cecilia Caballero, reúne textiles, instalaciones y piezas móviles que activan al visitante desde lo íntimo hasta lo político

“Mi niñera de la KGB”: Laura Ramos, en una historia real y personal de espionaje en Uruguay
La autora argentina recuerda a la mujer que la cuidaba de niña en Montevideo mientras operaba para los servicios soviéticos, y relata una misión en la que buscó sepulturas infantiles para sustraer identidades

La belleza de la semana: Pedro Lira, el hombre que “inventó” el arte chileno
La historia del abogado que colgó las leyes por los pinceles y se convirtió en el máximo motor cultural del siglo XIX, inmortalizando la historia oficial, pero también abriendo los ojos de la región hacia el realismo social

La historia oculta del cuerpo femenino entre los siglos XVI y XIX
La historiadora Erin Maglaque sostiene que el archivo occidental conserva rastros escasos y fragmentarios de lo que se sentía vivir como mujer en la modernidad temprana, y propone reconstruir esas experiencias a partir de huellas dispersas



