
En cada ciudad que visitaba —y fueron muchas, muchísimas durante sus 85 años de vida—, Isabel Bishop prestaba atención a la juventud. Observaba con una fascinación casi inocente y muy entusiasta a todos esos muchachos que subían y bajaban apurados las escaleras con sus mochilas o sus libros bajo el brazo, siempre en grupos, con la mirada chispeante, como si en sus cabezas llevaran ideas que no debían caerse por nada del mundo.
Hacia finales de la década del setenta, cuando ya había quedado lejos su etapa de estudiante, llevó esa pequeña admiración por los espíritus inquietos al lienzo. En realidad fue a la madera. Bishop creó una original y colorida serie de dibujos y sombras trabajada con aceite sobre madera contrachapada. La belleza del día que aquí presentamos pertenece a ese conjunto de obras del mismo estilo. Se llama Estudiantes, entrada a Union Square y es de 1980.
Se trata de una de las últimas obras dentro de la serie, ya que están, por ejemplo, Estudiantes del campus, no.1 que es de 1972 y La gente joven que es de 1977. Mirando las tres, Estudiantes, entrada a Union Square posee quizás un mayor nivel de detalle en el dibujo. Hoy se encuentra en el Museo Smithsoniano de Arte Americano, en Washington D. C., gracias a la donación de la Fundación Sara Roby.

Tenía 16 años cuando conoció Nueva York. El Union Square le habrá parecido maravilloso. En ese histórico barrio neoyorquino —cuando Bishop lo conoció no era tan histórico: tendría un par de décadas— confluían profesionales, artistas callejeros, estudiantes y manifestantes. Quizás intuía que en algún momento pintaría esa escena; lo que no sabía es que sería sesenta años después. Había llegado en 1918 a la Gran Manzana cuando nadie le decía a Nueva York la Gran Manzana.
“Tuve suerte de ser mujer”, dijo en una entrevista. Se refería a su arribo al arte. El primo de su padre, James Bishop Ford, financió su educación, empezando por sus clases de Ilustración en la Escuela de Diseño Aplicado para Mujeres de Nueva York que se continuaron, dos años después, con su pase a la Pintura y su posterior participación en la emblemático Liga de Estudiantes de Arte de Nueva York. “Creo que si hubiera sido un hombre, mi pariente no me hubiera financiado”.
“Se supone que los hombres deben hacer su propio camino y que las mujeres jóvenes debían casarse, pero una mujer joven que pone tanto tiempo y esfuerzo, que es tan seria, que es diferente, valía la pena que la apoyen. No creo que me hubiera subsidiado si yo fuera un varón”. Lo cierto es que fue allí, en Nueva York, que conoció a Guy Pène du Bois y Kenneth Hayes Miller, sus primeros profesores y grandes influencias tempranas, y el mundo se le abrió de par en par.

El espíritu juvenil y la inquietud intelectual que se percibe en obras como Estudiantes, entrada a Union Square la reflejan a la propia Bishop. Siempre se dijo de esta pintora, sobre todo en los primeros años, que era una “intelectual ansiosa e independiente”. Y eso se mantuvo mucho tiempo porque en 1963 —tenía 61 años— decidió ingresar en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Yale, New Haven. Eso explica su eclética obra.
Nació en Cincinnati, Ohio, en 1902. La menor de cinco hermanos. Su padre era un comerciante de familia adinerada y por eso solían mudarse de ciudad con cierta frecuencia. Era, además, un erudito del griego y el latín. Su madre era una feminista y escritora amateur que participaba del movimiento sufragista. Todo lo que vivió en su casa la marcó. Cuando se fue del seno familiar a hacer su propio camino, esas inquietudes fundamentales seguían en ella.
Murió en 1988, a los 85 años. Dejó una obra inmensa, variada, llena de colores, de formas, de estilos, de técnicas, de sentidos. Su mirada de artista siempre estuvo puesta en la calle, donde ocurrían los grandes cambios, donde la juventud crecía como nueva fuerza transformadora, donde las mujeres empezaban a ocupar espacios que antes le habían sido negados. La calle y su múltiple paisaje urbano le fascinaba a Isabel Bishop. Una fascinación casi inocente, muy entusiasta.
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