Sexo, muerte, lucha por el poder y una serie de enigmas en tres apasionantes nuevos libros sobre la prehistoria

Un pequeño boom sobre el tema asoma con títulos como “Neandertales”, de Rebecca Wragg Sykes, junto con “El hombre prehistórico es también una mujer”, de Marylène Patou-Mathis, y “La vida contada por un sapiens a un neandertal”, de Juan José Millas y Juan Luis Arsuaga

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De todos los homínidos que precedieron al hombre moderno, los neandertales ocupan un lugar preferente en la atención reciente.
De todos los homínidos que precedieron al hombre moderno, los neandertales ocupan un lugar preferente en la atención reciente.

Hay sexo, hay muerte, lucha por el poder, una historia de resiliencia y, sobre todo, una serie de enigmas sin respuesta. Con esos ingredientes la prehistoria está condenada a ser objeto de interés narrativo, boom de ficción o ensayo cada tanto. Lo que no fue pero pudo haber sido, rescatado fuera de su tiempo: Parque jurásico, de Michael Crichton, que Steven Spielberg filmó en 1993. El devenir del hombre moderno, que hace 100.000 años convivía con otras cinco especies diferentes de humanos y fue la única que sobrevivió, y además conquistó la Tierra: Sapiens, el best seller global de Yuval Noah Harari.

Un hallazgo notable que impulsó algunos de los libros que se publican hoy, entre los que se destacan las traducciones al castellano de Neandertales. La vida, el amor, la muerte y el arte de nuestros primos lejanos, de Rebecca Wragg Sykes, y El hombre prehistórico es también una mujer, de Marylène Patou-Mathis, es el trabajo de Svaten Pääbo, quien halló que el hombre moderno se mezcló con los neandertales y con los denisovanos (cuyo descubrimiento fue mérito de su equipo del Instituto Max Planck), aunque siempre se había pensado que la hibridación entre especies no era posible.

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El mismo Pääbo, uno de los fundadores de la paleogenética, contó su hallazgo asombroso en su libro de 2014, El hombre de neandertal: En busca de genomas perdidos, su aporte al boom editorial de la prehistoria:

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Svaten Pääbo descubrió que el hombre moderno se mezcló con los neandertales y con los denisovanos, como cuenta en "El hombre de neandertal: En busca de genomas perdidos". (Instituto Max Planck)

Habíamos estudiado dos genomas de formas humanas extintas. En ambos casos habíamos encontrado algún flujo de genes en humanos modernos. Así, cuando los humanos modernos se expandieron por el mundo, los niveles bajos de cruce con humanos anteriores parecían haber sido más la regla que la excepción. Esto quería decir que ni los neandertales ni los denisovanos se habían extinguido del todo. Un poco de cada uno de ellos vive en las personas actuales.

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De un sapiens a un neandertal

En 2020 el escritor español Juan José Millás (Premio Nadal por la novela La soledad era esto) publicó un libro en colaboración con el famoso paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga, del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA). Había visitado años antes el sitio prehistórico Sierra de Atapuerca, donde una Sima de los Huesos alojaba más de 6.000 fósiles de 530.000 años de antigüedad o más y la Gran Dolina, otra reserva de al menos 800.000 años. Había regresado a su casa emocionado:

Aquella experiencia cambió mi vida. Regresé convencido de que entre los habitantes supuestamente remotos del conocido yacimiento prehistórico y yo había una proximidad física y mental extraordinaria.

Lo sentí como se siente una llaga.

Libros prehistoria
El novelista español Juan José Millás trabajó en colaboración con el famoso paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga.

Los siglos que nos separaban eran calderilla frente a los milenios que nos unían. Los seres humanos hemos pasado el noventa y cinco por ciento de nuestra existencia en la Prehistoria. Acabamos de aterrizar, como el que dice, en este lapso brevísimo de tiempo que llamamos Historia. Significa que la escritura, por ejemplo, se inventó ayer, aunque tenga cinco mil años. Si cerraba los ojos y alargaba el brazo, podía tocar las manos de los antiguos habitantes de Atapuerca y ellos podían tocar las mías. Ellos estaban en mí ahora, pero yo ya estaba en ellos entonces.

El descubrimiento me trastornó.

Empezó a estudiar como poseído y a garabatear algo que a veces era una novela, a veces un ensayo, a veces nada. Lo llamó a Arsuaga y le propuso que lo ayudase. De ahí surgió La vida contada por un sapiens a un neandertal, que tuvo tanto éxito que pronto se continuará en La muerte contada por un sapiens a un neandertal.

El libro se articula como una conversación entre el Millán y Arsuaga, que pueden ir a un sitio arqueológico o a una frutería, a un cementerio o al Museo del Prado, a un parque para niños o a un sex shop, para hablar sobre el origen de la humanidad:

—Mira —añadió—, íbamos a dar un salto al Neolítico. Pero no: vayamos ahora del australopiteco al Homo erectus.

Juan José MIllás y Juan Luis Arsuaga (PRH)
"La vida contada por un sapiens a un neandartal" se articula como una conversación entre el Millán y Arsuaga. (PRH)

—Mejor —apunté yo—, para llevar un poco de orden.

Entonces, el paleontólogo se volvió y me dijo algo disgustado:

—Oye, qué es eso del orden. Esto no es un cuento. Si quieres un cuento, te lees el Génesis. La evolución no tiene la estructura de un relato. No hay planteamiento, nudo y desenlace. La evolución es el mundo del caos.

El humor de Millás funciona como una herramienta de traducción automática al lenguaje común de las cuestiones complejas que le explicó, durante los dos años de encuentros para hacer el libro, el director del Museo de la Evolución Humana de Burgos. Temas como la evolución, la selección natural, la bipedestación, las diferencias entre la anatomía y la fisiología, la civilización, la teoría de la mente, la ausencia de propósito en la naturaleza se explican sin complejidades técnicas, como una charla en un paseo.

Arsuaga es también autor de muchos libros que popularizaron la disciplina de la paleoantropología: el bestseller La especie elegida, en colaboración con Ignacio Martínez; El collar del neandertal; Vida, la gran historia; Selección inconsciente; El primer viaje de nuestra vida; Los aborígenes.

Somos familia

Ni los neandertales ni los denisovanos se extinguieron del todo: un poco de cada uno de ellos vive en las personas actuales. (Europa Press/ DAYNES ELISABETH)
Ni los neandertales ni los denisovanos se extinguieron del todo: un poco de cada uno de ellos vive en las personas actuales. (Europa Press/ DAYNES ELISABETH)

Los últimos meses de 2021 traen las traducciones de Wragg Sykes (septiembre) y Patou-Mathis (diciembre), dos obras de gran importancia sobre los neandartales. Como escribió la joven arqueóloga británica en la introducción a su libro, “su caché en la cultura popular no se compara con ninguna otra especie humana extinta”. De todos los homínidos que precedieron al hombre moderno, ”los neandertales ocupan un lugar preferente, y los grandes descubrimientos acaparan las portadas de las principales revistas científicas y los titulares de los medios”.

Neandertales. La vida, el amor, la muerte y el arte de nuestros primos lejanos, que fue Libro del Año en Current Archaeology y uno de los mejores del 2020 para The New York Times, Bloomberg, BBC Science Focus y The Times, muestra una imagen completa de aquel familiar de los humanos que durante el último siglo y medio se consideró bruto y simiesco, pero los nuevos estudios lo muestran como un ser complejo, inteligente y afectuoso, capaz de construir herramientas sofisticadas, entornos domésticos y familias, arte y posiblemente “un mundo culinario más rico que el nuestro”.

El libro retrata a los neandertales para escuchar lo que tienen para contar a los sapiens. Wragg Sykes no los ve “como perdedores lerdos en una rama quebradiza del árbol genealógico, sino como parientes sumamente adaptables e incluso triunfadores”. Porque, como recordó la autora a El País: “La arqueología y la prehistoria tienen el potencial de sorprender y de subvertir ideas, lo que resulta muy atractivo. Con un solo descubrimiento, puedes verte obligada a cambiar de perspectiva completamente”.

Libros prehistoria
El ensayo de Wragg Sykes fue Libro del Año en Current Archaeology y uno de los mejores del 2020 para The New York Times, Bloomberg, BBC Science Focus y The Times.

El cielo nocturno que veían los neandertales, comparó el libro, “nos resultaría extraño, pues nuestro sistema solar se hallaba a años luz de la posición actual en su incesante vals galáctico”; su Tierra es más o menos reconocible, pero “hace más calor, y los océanos henchidos por el deshielo han inundado la tierra, elevando playas a muchos metros de altitud”. Europa septentrional está llena de animales tropicales. Y bajo ese cielo y en esa Tierra “los neandertales resistieron nada menos que 350.000 años, hasta que los perdemos de vista —o, al menos, sus fósiles y útiles— hace unos 40.000 años”.

The Guardian celebró el método que ordena el libro: “Con un boceto y un breve fragmento de ficción al principio de cada capítulo, Wragg Sykes pinta una imagen realista de la vida que tenían un padre, un cazador o un niño neandertal. No sólo quiere que veamos a los neandertales por lo que (probablemente) fueron en realidad; quiere que veamos su mundo a través de sus ojos”.

Porque su destino, cree, dice tanto del pasado del hombre moderno como de su porvenir. No se sabe por qué perecieron los neandertales. ¿El “terrible contagio” de un patógeno de otra especie?, planteó la autora, que terminó el libro en pleno confinamiento por la pandemia de COVID-19. ¿Un cambio climático? También eso es materia del sapiens:

Lo que está ocurriendo no conoce precedentes. Durante el próximo milenio —unas treinta generaciones— nos vemos abocados a un mundo más caliente y peligroso que cualquiera de los anteriores donde sobrevivieron los homínidos.

Rebecca Wragg Sykes
Rebecca Wragg Sykes pinta una imagen realista de la vida que tenían un padre, un cazador o un niño neandertal.

Durante el Eemiense, hace 120.000 años, la temperatura era por término medio uno o dos grados más alta que hoy, y aparte de los hipopótamos en el Támesis, el nivel del mar era de 5 a 7 m superior. Las costas donde hoy se asientan pintorescas casas de campo y ciudades populosas estaban anegadas. Y eso con niveles de CO2 muchos más bajos que los que ya hemos alcanzado.

Cuando Wragg Sykes describe la innovación, la creatividad, la “impresionante capacidad mental para planificar, diseñar y anticipar” de estos familiares del hombre moderno, en nada se les aplica la expresión de cavernícolas. También explica “prácticas culturales” que no tienen que ver con la supervivencia, como marcas en huesos de animales (acaso un sistema de notación primitivo), el uso de pigmentos de color en objetos de su vida cotidiana (una forma de arte), los ritos de entierro en los que el canibalismo podría ser parte del “proceso del duelo”.

El libro, escrito a lo largo de ocho años, es a la vez emocionante, por lo vívido, y reflexivo: a cada paso recuerda que el sapiens no ha sido ni es el único ni el máximo primate bípedo con inteligencia y sentimientos. “El saber de dónde venían demuestra que la flecha de la evolución no siguió una trayectoria recta por la Autopista de los Homínidos hasta nosotros”, subrayó. “Más bien existieron muchas carreteras simultáneas, algunas sin salida y otras, como la de los neandertales, que desarrollaron cuerpos y mentes comparables a los nuestros. Y no estaban solos.”

El sapiens no ha sido ni es el único ni el máximo primate bípedo con inteligencia y sentimientos: los neandertales, que desarrollaron cuerpos y mentes comparables. (Reuters)
El sapiens no ha sido ni es el único ni el máximo primate bípedo con inteligencia y sentimientos: los neandertales, que desarrollaron cuerpos y mentes comparables. (Reuters)

¿La mujer de las cavernas se pasaba el día barriendo la cueva?

“Del jefe guerrero vikingo que resultó ser una mujer a las amazonas escitas, pasando por las mujeres artistas prehistóricas, cuya presencia en las cuevas adornadas está atestiguada por los recientes trabajos de los arqueólogos, algunas ideas heredadas sobre el reparto de roles entre los sexos quedan hechas trizas”, observó El hombre prehistórico es también una mujer. “Deconstruir los argumentarios sexistas, más ideológicos que científicos, es la tarea que se propone sobre todo la arqueología de género, que está aún en sus inicios”.

El libro de Patou-Mathis, directora del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS) de Francia y una de las especialistas principales en neandertales, tiene la originalidad de mostrar que, así como el análisis genético cambió el campo de la paleontología, también la perspectiva de género puede ser de gran utilidad al estudiar la prehistoria.

“¡No! ¡Las mujeres prehistóricas no se pasaban el día barriendo la cueva!”, abrió su nueva obra. “¿Y si resulta que también pintaron Lascaux, cazaron bisontes, tallaron utensilios e idearon innovaciones y avances sociales?”. Los prejuicios del patriarcado, argumentó, han teñido los estudios; las nuevas técnicas de análisis de los restos arqueológicos pueden ayudar a comprenderlo y cambiarlo.

marylene patou mathis AFP Stephane de Sakutin
Marylene Patou Mathis, autora de "El hombre prehistórico es también una mujer" y directora del CNRS de Francia. (AFP Stephane de Sakutin)

La prehistoria, recordó, es una ciencia joven, nacida a mediados del siglo XIX. Eso influyó la perspectiva de los textos que basaron la nueva disciplina: es probable, apuntó, que “tengan más que ver con la realidad de la época que con la del tiempo de las cavernas”. Esa visión sexista vivió poco más de un siglo, pero la incorporación de mujeres a una esfera intelectual dominada básicamente por hombres podría enmendar sus errores. Recordó el problema de las pruebas:

Para explicar la invisibilidad de las mujeres prehistóricas a menudo se ha presentado la idea de que los restos arqueológicos apenas proporcionan elementos que permitan asignarles una función social y económica. ¡Pero si ocurre lo mismo con los hombres! Sin tener más pruebas, se los describe sin embargo como cazadores de grandes animales, inventores (que fabrican utensilios y armas, que dominan el fuego, etcétera), artistas o incluso guerreros y conquistadores de nuevos territorios.

Los prehistoriadores elaboraron una visión binaria de las sociedades prehistóricas (”hombres fuertes y creadores y mujeres débiles, dependientes y pasivas”) a partir de nada, argumentó, y se dedicó a analizar, a partir de los hallazgos y las tecnologías recientes, las funciones de las mujeres en la economía, las sociedades, la cultura y las religiones; su estatus y su papel como creadoras de la agricultura; la creación de excedentes y las condiciones en que se impuso la división sexual del trabajo; la existencia de pueblos matriarcales.

Libros prehistoria
El libro se propone “deconstruir los argumentarios sexistas, más ideológicos que científicos" desde la arqueología de género.

“Las mujeres prehistóricas, olvidadas por la investigación durante más de un siglo y medio, se han convertido en tema de estudio por derecho propio y empiezan por fin a salir de la invisibilidad en que se las había mantenido”, argumentó en un libro que es a la vez ensayo arqueológico minucioso y análisis de la filosofía de la ciencia. “Nuestro objetivo es devolverles el lugar que les corresponde en la evolución humana”.

El hombre prehistórico es también una mujer prueba que es un mito la limitación de las mujeres a tareas como la recolección, ya que también cazaban (contra el modelo de “hombre cazador” impuesto en los cincuenta), o que no iban a combatir cuando había conflictos con otros pueblos. “Hay que pensar que esas sociedades son muy lejanas y son distintas, había otro tipo de tradiciones”, dijo en entrevista con EFE. La proyección patriarcal no es más que un punto de vista, escribió:

El hecho de que los mitos, los textos sagrados, profanos y científicos hayan transmitido durante siglos la imagen de una mujer inferior al hombre y sometida a él no significa que fuera así siempre y en todas partes.

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