Dante, en las palabras de 10 grandes autores

De Jorge Luis Borges a Umberto Eco, de Harold Bloom a Octavio Paz, el poeta florentino despertó pasión y admiración como sólo Shakespeare o Cervantes

Umberto Eco: el Paraíso como éxtasis.
Umberto Eco: el Paraíso como éxtasis.

Umberto Eco

El Paraíso de Dante es la apoteosis del mundo virtual, de las cosas inmateriales, del puro sofware, sin el peso del hardware terrenal o infernal, cuyas huellas permanecen en el Purgatorio. El Paraíso es más que moderno: puede convertirse, para el lector que ha olvidado la historia, en un elemento tremendamente real del futuro. Representa el triunfo de la energía pura, que el laberinto de la web promete pero nunca nos podrá dar; es una exaltación de los flujos y los cuerpos sin órganos, una épica hecha de novas y estrellas enanas blancas, un big bang sin fin, una historia cuyo argumento cubre años luz y, si realmente alguien quiere ejemplos familiares, una odisea espacial triunfante, con un final muy feliz. También es posible leer el Paraíso de este modo: no hay daño en ello y será mejor que una disco con luces estroboscópicas o éxtasis. Después de todo, en lo que respecta al éxtasis, el tercer canto de Dante cumple con su promesa y literalmente lo ofrece.

Jorge Luis Borges: la obra de Dante está llena "de delicias, de deleites, de ternuras". (AP)
Jorge Luis Borges: la obra de Dante está llena "de delicias, de deleites, de ternuras". (AP)

Jorge Luis Borges

Siempre pensamos en el sombrío y sentencioso poema florentino y olvidamos que la obra está llena de delicias, de deleites, de ternuras. Esas ternuras son parte de la trama de la obra. Por ejemplo, Dante habrá leído en algún libro de geometría que el cubo es el más firme de los volúmenes. Es una observación corriente que no tiene nada de poética y sin embargo Dante la usa como una metáfora del hombre que debe soportar la desventura: “buon tetrágono a i colpe di fortuna”; el hombre es un buen tetrágono, un cubo, y eso es realmente raro.

(...) La Comedia es un libro que todos debemos leer. No hacerlo es privarnos del mejor don que la literatura puede darnos, es entregarnos a un extraño ascetismo. ¿Por qué negarnos la felicidad de leer la Comedia? Además, no se trata de una lectura difícil. Es difícil lo que está detrás de la lectura: las opiniones, las discusiones; pero el libro es en sí un libro cristalino. Y está el personaje central, Dante, que es quizá el personaje más vivido de la literatura y están los otros personajes.

T.S. Eliot: Dante como el poeta que consiguió el logro máximo posible. (britannica.com)
T.S. Eliot: Dante como el poeta que consiguió el logro máximo posible. (britannica.com)

T.S. Eliot

De los muy escasos poetas de estatura similar, ninguno, ni siquiera Virgilio, que haya sido un estudiante más atento al arte de la poesía, o un practicante del oficio más escrupuloso, minucioso. (...)

Todo el estudio y la práctica de Dante me parece que nos enseñan que el poeta debería ser el sirviente de su lengua en lugar de su maestro. Este sentido de responsabilidad es una de las marcas del poeta clásico. De algunos grandes poetas, y de algunos grandes poetas ingleses en especial, se puede decir que contaron con un genio privilegiado para abusar del idioma inglés, para desarrollar un decir tan peculiar e incluso excéntrico que podría ser fútil para poetas posteriores. Me parece que Dante tiene un lugar en la literatura italiana que, a este respecto, sólo Shakespeare tiene en la nuestra: dan cuerpo al alma del idioma, ajustándose ellos mismos, uno más y el otro menos conspicuamente, a lo que divisaban como sus posibilidades. Y el propio Shakespeare se toma libertades que sólo su genio justifica; libertades que Dante, con un genio equivalente, no se toma. Legar a la posteridad la propia lengua más desarrollada, más refinada y más precisa que lo que era cuando uno escribió es el máximo logro posible de un poeta como tal.

Susan Sontag

Susan Sontag sobre el arte en tiempos de Dante. (Laura Antonelli/Shutterstock)
Susan Sontag sobre el arte en tiempos de Dante. (Laura Antonelli/Shutterstock)

En otros tiempos (en Dante, por ejemplo) debió de haber sido un acto creador y revolucionario el concebir las obras de arte de manera que permitieran su experimentación en distintos niveles. Ahora no. Sería reforzar el principio de redundancia, que es la principal aflicción de la vida moderna.

George Steiner

La integralidad de forma poética y pensamiento filosófico en Dante, de ‘universalidad local’ y lengua, se mantiene imbatible. En un momento en el cual la idea de cultura y de cultura europea, en particular, está en duda, Dante es el aval soberano. (...)

Es en el espíritu y el intelecto de Dante más cerca que en los de cualquier otra presencia occidental de la que tengamos algún registro, que los tres campos semánticos de creación y creatividad —el teológico, el filosófico y el poético— constituyen orgánicamente uno. Dante es nuestro meridiano.

Octavio Paz

Octavio Paz: Dante como el gran transformador del amor cortés. (@poesiaestudian1)
Octavio Paz: Dante como el gran transformador del amor cortés. (@poesiaestudian1)

Dante cambió radicalmente al amor cortés al insertarlo en la teología escolástica. Así redujo la oposición entre el amor y el cristianismo. Al introducir una figura femenina de salvación, Beatriz, como intermediaria entre el cielo y la tierra, transformó el carácter de la relación entre el amante y la dama. Beatriz siguió ocupando la posición superior pero el vínculo entre ella y Dante cambio de naturaleza. Algunos se han preguntado: ¿era amor realmente? Pero si no lo era, ¿por qué ella intercedía por un pecador en particular? El amor es exclusivo; la caridad no lo es (...) En su figura hay una ambigüedad: Beatriz es amor y es caridad. Añado otra ambigüedad, no menos grave: Beatriz es casada. De nuevo Dante sigue al amor cortés y en una de sus más osadas transgresiones de la moral cristiana. ¿Cómo justificar la solicitud con que Beatriz vela por la salud espiritual de Dante si no es por la intervención del amor?

Rodolfo Rabanal

En el trasiego virtualmente interminable de las literaturas, y en el banquete donde se sirven sus alimentos en tránsito, suelen abundar los platos originados en una misma olla aunque presentados en distintas fuentes y convertidos, además, en alguna otra cosa (en algún otro sabor) durante el traslado que los lleva de la cocina caliente hasta la mesa templada. El exquisito y novedoso roast-beef que Dante ofreció a Europa en la baja Edad Media se nutría en las recetas clásicas de Virgilio, quien a su vez había paladeado con educada gula las infinitas enseñanzas homéricas, y así sucesivamente hacia atrás, hasta el origen final de los tiempos.

Victoria Ocampo

Dieciséis años acababa de cumplir cuando mi profesora de italiano me hizo leer algunos pasajes del Infierno. La impresión que me causó la lectura sólo es comparable a la que sentí, de muy niña, la primera vez que, bañándome en el mar, fui envuelta y derribada sobre la arena por el magnífico ímpetu de una ola. En todo mi ser recibí el bautismo de aquellas parole di colore oscuro, como tan cabalmente dice el mismo poeta, y salí de aquella inmersión tambaleándome, saturados los labios de amargura.

Harold Bloom

Harold Bloom: Dante y Shakespeare. (Fairchild Archive/Penske Media/Shutterstock)
Harold Bloom: Dante y Shakespeare. (Fairchild Archive/Penske Media/Shutterstock)

¿Dante o Shakespeare? No tenemos que elegir. ¿Quiénes somos para elegir? Ellos nos eligen o pasan de largo. Cuando pienso en Dante el hombre, pienso en su orgullo. Originalmente significaba coraje. A los 24 años luchó con coraje como caballero en la batalla de Campaldino (11 de junio de 1289). Mostró aun más coraje cuando se internó en el abismo de sí mismo y concibió así la Comedia. (...)

Es demasiado fuerte para que lo confrontemos. O nos volvemos sus partidarios o dejamos de leer el poema. Si su argumento fuera considerado como su gloria, podríamos leerlo sólo como leemos a San Agustín o a [Sigmund] Freud, aceptando su tendenciosidad como precio de su brillantez. Pero Dante es el poeta de su idioma y de alguna manera requiere que lo leamos como leemos a Chaucer y a Shakespeare. Canta una canción contestataria y exige la piedad de su lector.

Jorge Carrión

Pocos libros resisten el paso del tiempo con la fortaleza con que lo hace la Comedia de Dante: no cesa de generar literatura, ilustración, bibliografía crítica, homenajes de todo tipo, turismo cultural, versiones literarias y cinematográficas y videolúdicas. Y nuevos lectores. Por su capacidad de insistir en el futuro tal vez sólo se le puedan comparar la Odisea de Homero y el Quijote de Cervantes. La obra maestra de Dante se sitúa precisamente entre las otras dos: entre la épica oral y la antiépica novelesca, entre la antigüedad y la modernidad, entre la idealización y el realismo. El poema más perfecto jamás escrito formaliza el sistema de valores y la mitología cristiana de la edad media, al tiempo que introduce recursos expresivos y literarios que tendrán un importante futuro.

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