
El Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York estrena mañana viernes 27 el ciclo Veinte por veinte, que se proyectará en el jardín de la institución e incluirá numerosas óperas primas de cineastas argentinos, entre ellos, El hombre robado, de Matías Piñeiro, Rapado, de Martín Rejtman y Balnearios, de Mariano Llinás, en el marco de la celebración de los 20 años de Cinema Tropical, organismo que promociona el cine latinoamericano en Estados Unidos.
Hasta el 5 de octubre, bajo el título Veinte por veinte: Celebrating Cinema Tropical, se llevará a cabo el ciclo que se inaugura mañana a las 20.30 con una función presencial, al aire libre, en el jardín escultórico del museo, justamente con la proyección de la cinta El hombre robado, y la presencia de su director argentino.
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La ópera prima de Matías Piñeiro, filmada en blanco y negro, narra la historia de una mujer, Mercedes Montt, que trabaja en el Museo de Arte Español Enrique Larreta, en cuyo jardín transcurre gran parte de la película, y que en sus ratos libres lee de manera apasionada Campaña en el Ejército Grande,” de Sarmiento, obra que aplica desprejuiciadamente a la vida sentimental y laboral de aquellos que la rodean.
Inaugurada en el año 2001, justamente con la presentación de Silvia Prieto (1999), la icónica película de Martín Rejtman, la plataforma Cinema Tropical se dedica desde entonces a estrenar, distribuir y divulgar, mediante disímiles estrategias, lo más revolucionario del cine latinoamericano contemporáneo en tierra estadounidense, una labor que celebra en el MoMA su vigésimo aniversario.
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El festejo –que estará también disponible online pero solo para los que poseen membresía del museo– reúne las óperas primas más relevantes del paisaje fílmico latinoamericano de las últimas décadas, que han sido incluidas, y lo fueron en su momento, en la agenda de Cinema Tropical, que rescatan el carácter vanguardista de los autores de la región, inclinados a la experimentación y la ruptura con el lenguaje fílmico tradicional.
“Mientras investigábamos para el ciclo, nos dimos cuenta de que muchas de las óperas primas emblemáticas de directores latinoamericanos claves nunca se habían estrenado en salas de cine de Nueva York. Ahí decidimos centrarnos en presentar 20 de esos títulos –el número coincide con el 20.º aniversario de nuestra organización–”, explicó el mexicano Carlos A. Gutiérrez, fundador y director ejecutivo de Cinema Tropical, organizador de este ciclo junto con Joshua Siegel, curador del Departamento de Cine del MoMA.
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Los otros cineastas argentinos incluidos en la iniciativa son Martín Rejtman, Mariano Llinás, Lisandro Alonso y Benjamín Naishtat: en todos los casos, los filmes seleccionados son las óperas primas de estos autores que han modificado las coordenadas de séptimo arte de la región y no han sido estrenados en salas de cine de Nueva York.

Con Rapado, Rejtman –impulsor del renacimiento del cine en Argentina– no solo se dio a conocer, sino que impulsó un giro radical en el vector estético de la cinematografía latinoamericana, mientras que Lisandro Alonso, con La libertad (2001) presentó su particular estilo.
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Mariano Llinás –de quien se exhibirá Balnearios–, se ha reafirmado como artista de vanguardia y autor de culto con Historias extraordinarias (2014) y La flor (2016). Por su parte, Benjamín Naishtat –Historia del miedo–, es un renovador sagaz del thriller que, a partir de brillantes puestas en escenas, ha explorado el terror en la historia política argentina, tal como advierte el propio título del filme programado.
—¿Cuál ha sido el criterio de selección del ciclo de cine Veinte por veinte?
—Mientras investigábamos para el ciclo, mi colega Josh Siegel, conservador del Departamento de Cine del MoMA, y yo nos dimos cuenta de que varias óperas primas emblemáticas de directores latinoamericanos claves nunca se habían estrenado en salas de cine de Nueva York. A partir de ahí decidimos centrarnos en presentar 20 de estos títulos –el número coincide con el 20.º aniversario de nuestra organización– de directores cuyas carreras ha defendido Cinema Tropical en estas dos últimas décadas.
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El panorama latinoamericano incluye también De jueves a domingo, de la chilena Dominga Sotomayor; El salvavidas, de la también chilena Maite Alberdi; El lugar más pequeño, de la salvadoreña Tatiana Huezo; Santa Teresa y otras historias, del dominicano Nelson Carlo de los Santos Arias, y Gente de bien, del colombiano Franco Lolli, entre otras películas.
—¿Qué dirías de este conjunto de filmes?
—Las películas seleccionadas –de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, México y Uruguay– no solo son artísticamente relevantes e influyentes en América Latina, sino también a nivel internacional, ya que la región se ha convertido en un importante epicentro del cine mundial en las últimas décadas, lanzando la carrera de muchos cineastas notables. Yo añadiría que la mayoría de las películas del programa son joyas olvidadas.
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—¿Cuáles son las principales características de las películas argentinas seleccionadas?
—Hay cinco guionistas-directores argentinos en nuestra programación (Matías Piñeiro, Lisandro Alonso, Martín Rejtman, Benjamín Naishtat, Mariano Llinás) que dan testimonio del papel clave que el país sudamericano ha desempeñado en la revitalización del cine latinoamericano a nivel internacional. Estas cinco películas –así como las otras del programa– desafían una fácil caracterización, ya que ofrecen enfoques narrativos y estéticos diferentes y emocionantes. Como grupo, yo diría que estas películas ofrecen una prueba fehaciente de las formas en que estas jóvenes generaciones de cineastas se han rebelado contra las nociones anticuadas de la identidad latinoamericana y los tropos tradicionales del cine, experimentando creativamente con nuevas formas de expresar e imaginar las diferentes realidades de esta heterogénea parte del mundo.
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—¿Cómo describiría el espíritu o la idiosincrasia de este grupo de películas argentinas seleccionadas?
—Cada una de las cinco películas argentinas de nuestro ciclo -además de las otras dos películas coproducidas- han desempeñado un papel importante y han abierto interesantes posibilidades para los cineastas argentinos y latinoamericanos locales, influyendo en muchos directores más jóvenes. Por ejemplo, la película de culto Rapado, de Rejtman, preparó el terreno para la aparición del Nuevo Cine Argentino de finales de los noventa y principios de los ochenta, del que La libertad es un ejemplo por excelencia. Llinás, Piñeiro y Naishtat también han incorporado otros dispositivos narrativos y han apuntado en nuevas direcciones. La diversidad es un elemento clave en estas películas, y todos los cineastas de la serie han trabajado básicamente con presupuestos reducidos, lo que también es un factor común en los títulos seleccionados. Estamos especialmente contentos de inaugurar este ciclo con una proyección especial al aire libre de la ópera prima de 2007 de Matías Piñeiro, El hombre robado.
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Fuente: Télam.
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