
Es posible que las cerca de mil páginas de la biografía de Fernando Pessoa que se acaba de publicar en inglés semanas atrás (Pessoa: A Biography en los Estados Unidos, Pessoa: An Experimental Life en el Reino Unido) no alcancen para dilucidar el enigma que constituye la vida del taciturno escritor portugués. El autor es Richard Zenith, principal traductor de su obra al inglés —también tradujo a Carlos Drummond de Andrade, António Lobo Antunes y Luís de Camoes— y un especialista en literatura portuguesa.
Es el producto de más de diez años de investigación, según sus propias palabras. Allí se ocupa de desandar los mitos que se fueron acumulando durante los años alrededor de Pessoa, en parte alimentados por él mismo. También reconstruye los debates estéticos y los conflictos ideológicos de la escena política portuguesa de la época. Esta esperada biografía es un retrato colectivo del escritor y sus distintas personalidades.
Son muchos los temas que se abordan en el libro, entre ellos los que tienen que ver con su vida sexual: su “homosexualidad contenida” y las relaciones platónicas (Zenith sostiene que Pessoa murió virgen). Para comprender su historia hay que tener en cuenta el drástico cambio en su situación material: en 1909 heredó el equivalente a unos 140 mil dólares en dinero actual de una abuela que estuvo los últimos años de su vida enferma mentalmente (Pessoa estaba preocupado de también heredar eso). Esa fortuna la dilapidó en una en distintos emprendimientos editoriales, es más, adquirió deudas, lo que lo llevó a dedicarse rutinariamente a la traducción de correspondencias para casas de comercio.

Hay una carta abierta no enviada a Woodrow Wilson, quien fue Presidente de los Estados Unidos, que Zenith publica por primera vez: los negros, escribe Pessoa, “no son seres humanos, sociológicamente hablando. El mayor crimen contra la humanidad fue la abolición de la esclavitud”. Sin embargo, Zenith también muestra la crítica de Pessoa a la invasión italiana de Abisinia que demuestra un cambio en su posición. Además, se aclara que esa carta a Wilson es un ejemplo de los frecuentes arrebatos que tenían sus escritos privados y que, probablemente, nunca hubiera publicado, sugiere Zenith.
Pessoa siempre se alejaba de la opinión burguesa “demo-liberal”, del fascismo y del monarquismo tradicionalista y se presentaba como un nacionalista reacio al catolicismo, un severo crítico de la democracia, pero, a su vez, un orgulloso liberal. En ese sentido, la obra de Zenith viene a echar luz sobre el enigma Pessoa, quien, al momento de su muerte, en 1935, dejó un baúl lleno de manuscritos y papeles de todo tipo, que recién se terminaron de clasificar casi medio siglo después.
En 1979, la Biblioteca Nacional portuguesa contó la módica suma de 27.543 documentos, de los cuales ya se publicó el grueso de sus versos y los proyectos más o menos preparados que atesoraba a espaldas del mundo. Sin embargo, una gran cantidad de escritos dispares permanecen sin editar, y nadie puede asegurar que entre esos papeles restantes no haya algo insospechado aguardando para darle un giro más a su obra o descubrir nuevos aspectos. Desde hace unas décadas que se publica regularmente nuevo material de ese enorme baúl.

El libro del desasosiego es un caso paradigmático en tal sentido. Publicado en su extensión en 1982, cuarenta y siete años después de la muerte del autor, se convirtió rápidamente en un fenómeno literario que reveló al escritor que conocemos hoy, aquel en cuyo espíritu se aloja lo fragmentario y lo incompleto, como observó el crítico George Steiner. Ese inquietante mosaico de sueños, anotaciones psicológicas, fragmentos de teoría y crítica literaria, viñetas autobiográficas y máximas, también fue motivo de controversia por el orden que le dieron sus editores.
Es “un no-libro por excelencia”, según lo definió Richard Zenith, autor de esta nueva biografía y traductor de esa obra al inglés, “una gran pero incierta cantidad de textos discretos, en su mayoría sin fecha, dejados sin orden secuencial, de modo que cada edición publicada -que depende inevitablemente de una intervención editorial masiva- es necesariamente falsa con respecto al inexistente ‘original’”.
Sobre Pessoa, hoy reconocido como una de las figuras centrales de la literatura del siglo XX, a la par de Borges, Kafka, Joyce o Proust, se ha escrito mucho en las últimas décadas. En Portugal su figura es tan ineludible como lo es en este rincón del planeta la del escritor argentino, con quien guarda más de una similitud. Pero han sido pocos los biógrafos que se aventuraron en el desafío de ordenar una vida tan esquiva y literariamente efervescente como la del autor de Mensaje, su único libro publicado en vida.
El ecléctico escritor renegaba de los actos decisivos y los pensamientos definidos a tal punto que llegó a inventar hasta 137 heterónimos, como llamó al elenco de personalidades a las que dotó de un temperamento y una poética distintivos, y hasta de sus propios accidentes biográficos. A través de ellos transmutó la vida en experiencia literaria, aunque también fueron su punta de lanza para intervenir en los debates políticos y artísticos de su país.

“No soy nada. / Nunca seré nada. / No puedo querer ser nada. / Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo”, escribió en el poema “Tabaquería”. Hasta ahora la biografía más minuciosa era la que en 1950 sacó João Gaspar Simões, editor de Presença, una revista que agrupaba a una generación más joven de poetas modernistas, en la que Pessoa publicó bajo distintos heterónimos algunos de sus poemas más conocidos. Gracias a ese trabajo se conocía una buena parte del paisaje biográfico de Pessoa, su infancia accidentada y ejemplar en Durban, Sudáfrica, a donde se mudó con su madre y el nuevo esposo poco después de la muerte de su padre y de su hermano de tuberculosis, su regreso a Lisboa y su amor epistolar por Ophelia, sus proyectos editoriales, todos un fracaso, entre otros asuntos.
¿Por qué leerlo esta novedosa y a su vez esperada biografía? Como escribió Nick Burns en su reseña del libro, en la New Left Review : “En una época en la que todos los puntos de vista en el mundo de las letras parecen revelar cada vez más conformismo y homogeneidad, una cuidadosa curación de marcas personales indistinguibles determinadas por el mercado hegemónico y las fuerzas culturales, la heterogeneidad idiosincrásica de Pessoa parece positivamente revolucionaria”.
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