“El maldito cuento de Eva hecha con una costilla de Adán arruinó a la comunidad gay, nos sacó del jardín del Edén”

El escritor y cineasta italiano Sebastiano Mauri dialogó con Infobae Cultura sobre su novela “Disfruta del problema”, en la que conjuga con humor la odisea de salir del closet, trabajar en el cine norteamericano y vivir en una Nueva York que ya no existe

Sebastiano Mauri
Sebastiano Mauri

Sebastiano Mauri. Pocos nombres más italianos que ese. Quizás Dante Alligheri, Filippo Marinetti o tales. Sin embargo, Sebastiano Mauri no parece tener esa pretensión de otorgarse al parnaso de las letras italianas o el arte. Y así todo, escribió una novela para guardar en la memoria y testificar un espíritu de los tiempos. Claro que tamizada por el influjo de La Armada Brancaleone o la famosa Dolce Vita. Es que Mauri escribió sobre la vida, que también es risa. Es que así de ágil y divertida es la novela Disfruta del problema, que editó Adriana Hidalgo.

Con un sesgo autobiográfico, el libro narra las peripecias de un joven cineasta italiano en Nueva York que debe enfrentar la certidumbre de ser gay, a pesar de haberlo negado desde su más tierna infancia. Atravesada por un sin fin de personajes estrafalarios, Mauri logra captar una época y realiza una particular novela de iniciación. Afincado nuevamente en Italia (a pesar de haber vivido, entre otros lugares, un año en la Argentina), Infobae Cultura conversó con el escritor.

–Mi novela transcurre en el Nueva York de los años noventa, que ya no existe más. El gran golpe se lo dió el 11 de septiembre 2001 ya que los atentados cambiaron radicalmente la cara de Nueva York. También actuaron en ese cambio otras fuerzas como la gentrificación.

–El personaje principal de su novela es asistente de dirección de cine. ¿También cree que el cine cambió?

–El cine también ha cambiado absolutamente, cambian sus discursos, la pandemia también lo ha cambiado. Pero todo está en constante cambio. La novela describe una realidad que ya no existe. También para el personaje todo ha cambiado. Si bien hasta hoy es difícil para mucha gente el camino de la aceptación de sí mismo, en los años noventa el matrimonio igualitario no existía, por ejemplo.

"Disfruta del problema" (Adriana Hidalgo), de Sebastiano Mauri
"Disfruta del problema" (Adriana Hidalgo), de Sebastiano Mauri

–Su personaje a pesar de ser parte de una familia de mentalidad abierta, odia ser gay ¿no?

–Sí, tiene mucha resistencia.

–Después le gusta.

–Después se lanza, después recupera el tiempo perdido

–¿Y por qué esa resistencia inicial?

–Bueno, primero mi personaje viene de Italia y entonces esa es la primera razón. El viaje a Nueva York es como fantasilandia, un lugar mágico donde es fácil encontrarse así mismo, porque también es un lugar donde es fácil perderse, y perderse es una muy buena manera para encontrar algo nuevo, incluso a sí mismo. Cuando uno vive toda su vida con sus mismos compañeros, nunca separándose mucho de la familia, en el mismo lugar, tiene el riesgo a veces de seguir adelante siempre con ese mismo personaje que se construyó en la niñez quizás como un cuento que se dijo a sí mismo, lo que compartió con sus amigos en la escuela y que crea entonces ciertas expectativas. Hay descripciones de ti mismo que hacen los otros, que hacés vos mismo, y seguís llevando durante toda tu vida contigo, como para no desilusionar a nadie, para no cambiar de narrativa tal vez por costumbre. Entonces la ida a Nueva York, que en particular es una ciudad en la cual te exponés a la diversidad, que es un lugar multiétnico, abierto y progresistas se convierte en un lugar específico muy importante. En la novela Nueva York es casi uno de los personajes principales, hay muchos amigos, amantes, que van y vienen, pero Nueva York tiene su propio carácter importante. Porque el irse de casa, el irse lejos es una manera para renovarse, de perderse, de encontrarse.

–¿Y la familia?

–Bueno, el cuento también trata eso, el cuento de alguien al cual le cuesta mucho aceptar esa parte de sí. No viene de una familia ultra religiosa, muy conservadora, que te habla mal de los putos cada vez que ve que están comiendo juntos, digamos. Te imaginás la dificultad de salir de eso, pero la vida es más complicada, no es siempre es tan blanca o tan negra. Hay que recordar que hay una sociedad afuera de la puerta de una familia. En la Italia de los ochenta si aparecían personajes gays eran sólo una caricatura cómica generalmente súper afeminados y estaban para tomarles el pelo. Si necesitaban matar a alguien, tomaban al gay para que muera. Intenté contar el hecho de que puede ser difícil aceptar ese camino también cuando no venís de una conservadora, sino que incluso sucede en una familia que es lo opuesto a esa imagen, que se pensaría como algo confortable para una persona gay.

Sebastiano Mauri
Sebastiano Mauri

–Su novela también habla de usted.

–Estoy bastante hablando de mí mismo también, que tuve una familia muy abierta, muy de izquierda, que experimentó mucho en los años ’70, que cultivaba el arte de la libertad. Pero, como el personaje en mi novela, yo mismo a los cinco años me prometí que no iba a ser homosexual, me di cuenta que eso era algo que podía molestar a alguna gente, que podía no ser precisamente de mi familia, ya que mi familia era muy abierta, mi casa estaba llena de gente, escuchabas discursos y veías caras de mucha otra gente que no eran solo mis padres. En mi caso, lo que hice fue honrar esa promesa por más de veinte años. Es una historia triste pero la cuento de una manera cómica. Muchas cosas cambiaron en Italia desde que escribí la novela hace ocho años. Cuando la escribí no había ningún tipo de ley para la pareja homosexuales, ahora las tenemos, por ejemplo. De todas maneras, una gran cantidad de jóvenes me escribieron después de haber leído esa novela. Trabadísimos, me decían: “Sos la primera persona en el mundo a la cual le admito que me gustan los hombres”. Es que no es tan fácil desgraciadamente todavía y hay mucha gente a la que le cuesta. Hoy en día sos un joven trans o lgbt las posibilidades de suicidio crecen de 2 a 4 puntos. Todavía desgraciadamente hay que hacer un caminito. Yo creo que atrás de la homofobia y de la homofobia interiorizada también está el machismo. Hoy en día el peor insulto que le podés hacer a un niño que juega fútbol en la escuela primaria es llamarlo “pussy girl”, que en italiano sería “feminucha”.

–O puto, en español.

–O puto, sí, son insultos que se le da a un hombre, y puto es una versión de mujer, porque sos alguien que se está poniendo en una posición de mujer, esa es la idea. En nuestra comunidad gay, si vos vas en una app cualquiera, Grindr, Tinder para levantar, ¿cuánta gente pone “no femenino”, “masculino”. Hay una extrema masculinización del cuerpo de los hombres gay, la vemos, ahí está, la jerarquía está, quizás no tan hablada, pero absolutamente que existe en el poder del macho y son todas caras del sexismo. El cuento de Eva, el maldito cuento de Eva hecha con una costillita de Adán para servirlo a Adán, después nos arruina a todos. Nos sacan del jardín del Edén.

–Volvamos a Nueva York. ¿Qué lo llevó a contar esa Nueva York antes de los atentados?

–Fue mi momento de enamoramiento de esa ciudad, porque también mi enamoramiento medio que terminó después del 11 de septiembre. Hubo todo ese momento en el cual cada tachero iba con turbante. Después se sospechaba que todo islámico de golpe era terrorista. Iba todo el mundo con banderitas, todo el mundo era el “I love America”, si vos decías una cualquier crítica de Estados Unidos después del 11 de septiembre, estabas escupiendo sobre las tumbas de los muertos. Si te sospechaban de terrorismo vos podías desaparecer hacia Guantámano. Cambió mucho el clima después del 11 de septiembre, la reacción era muy de derecha, de una América que no era el perfil que había tenido New York, y seguro que no era el perfil que yo tenía sobre New York. Cambió mucho el aire y desde ese momento empecé a estar en crisis con la ciudad y en el 2006 me fui, me tomó unos años y me fui, me pasé un año en Buenos Aires. Cuando volví, era otro país, ya era otra ciudad.

New York era una ciudad sensible, algo que describo en mi novela, la ciudad de Sex and the City en la cual te pasa todo, en la cual todo es posible, es el sueño americano en el cual estás siempre rozando con personas de todas las esquinas del mundo y todo es posible. Era una ciudad invencible, era inimaginable lo que pasó, y lo que pasó le hizo dar cuenta a una ciudad que se sentía inmortal e intocable, que no era ni inmortal ni intocable.

–La ciudad que describe es también del cine, no Hollywood.

–Yo me fui a Estados Unidos, a Nueva York, a estudiar cine, me gradué, trabajé en sets. Mucho después, en el 2017, salió en Italia mi primer largometraje que se llama Favola, que es una película que habla de una mujer trans de los años 50 de Estados Unidos. Antes me alejé del cine, por años trabajé como artista plástico, después publiqué mis libros, o sea que hacía otras cosas, pero bueno volví con ese proyecto. En Italia anduvo bien, es una película muy particular, simplemente muy fuera de la clásica comedia italiana, y fue mi vuelta al cine.

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