
“Pintado sin pretensión alguna, pero con una nobleza que lo supera todo, una cantidad de matices tal que no se puede imaginar que un ojo humano las hubiera advertido. La fotografía jamás será capaz de sutilezas semejantes. Es la voluptuosidad total. Indiscutiblemente, ese es el camino a seguir”, dijo Salvador Dalí sobre La mujer hidrópica, la pintura de Gerrit Dou, una de las obras cumbre del holandés, que se encuentra en el Museo de Louvre.
Dou (1613-1675) fue un pintor y grabador del barroco, alumno de Rembrandt, de quien heredó su particular uso del color y, sobre todo, el uso del claroscuro. En muchas de sus obras de género, la escena transcurre en la oscuridad, en la noche, con las velas alumbrando los detalles o, como en este caso, con la luz ingresando a través de la ventana.
También conocido como Gerard Dou, Gerrit Douw o Gerrit Dow, el artista era un maestro del detalle, según la leyenda podía pasar hasta cinco días realizando una mano. Para lograr esa exquisitez, confiaba solo en él, por eso realizaba sus propios pinceles, de acuerdo al nivel de precisión que necesitaba, y utilizaba una lupa y un espejo cóncavo.
El pintor fue uno de los favoritos de Luis XIV y cuando Rembrandt se mudó a Amsterdam (en 1631), se convirtió en el referente más importante de Leiden, una ciudad que marcaba el gusto de la época.
La mujer hidrópica representa a una anciana y sus familiares, junto a un médico -que se encuentra de pie- meintras examina una muestra de orina a través de un recipiente de vidrio. La hidropesía es la acumulación de líquido claro en los tejidos o cavidades del cuerpo y llevó a la muerte a personajes como Heráclito, San Antonio de Padua, Nostradamus, Miguel de Cervantes y Manuel Belgrano, entre otros.
Cuando Dou reaizó la pieza, en 1663, uno de los métodos habituales era la uroscopia. La orina se vertía en un frasco de cristal (matula) y se observaba el color, los sedimentos y la densidad, como también el olor. Incluso se podía llegar a probar la muestra para determinar su acidez. Realizado el análisis, se comprobaban los resultados con una listado, que conisitía en 20 gradaciones de color, para realizar el diagnóstico.
Durante toda su carrera, Dou realizó una veintenta de cuadros en los que se representa la uroscopia o alguna visita médica, lo que revela la importancia que poseían los médicos.
La obra muestra a tres generaciones de mujeres, que por sus posturas son muy cercanas. Al lado de la paciente, una sostiene una cuchara con la que ha intentado darle de comer, mientras que una joven se encuentra de rodillas sosteniendo su mano, con un gesto de tristeza.
La anciana mira hacia la luz de la ventana, como buscando una explicación o algo de sosiego a su dolor, mientras el doctor, frío, impoluto, con el traje típico de los galenosde su tiempo, parace abstraído en sus pensamientos.
La pintura estaba en las colecciones del rey de Cerdeña, Charles-Emmanuel IV, quien la entregó en 1798 a Bertrand Clauzel, ayudante general del Ejército de Italia. Éste, a su vez, lo ofreció al directorio de las colecciones del museo central de las artes de la República en 1799, por lo que es el primer cuadro objeto de una donación del museo del Louvre.
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