
Liliana Bodoc ingresa -irrumpe más bien- a la edición y al campo de los libros para jóvenes lectores con el primer volumen de La Saga de los Confines. Es decir, entra por arriba, con su obra máxima.
Piedra liminar de su escritura, La Saga es, con su tremenda potencia épica y su alta carga de poeticidad, difícilmente encasillable. En ella están ya todos los asuntos que preocuparon a Bodoc. La contextura ideológica de su obra, la esperanza, la incesante lucha entre quienes destruyen y quienes intentan defender lo que está amenazado de extinción, la búsqueda de justicia y libertad, la indagación en el pasado americano, el laborioso encuentro de una identidad comunitaria, la muerte como tránsito hacia otra forma de existencia, la fusión de la vida humana con el mundo natural.
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Entre sus muchas cualidades está la invención de un género, o la transformación de un género de otras tierras a nuestra más honda idiosincrasia, una forma arrasadoramente latinoamericana del relato épico. En esa búsqueda que ella hizo por fuera de todo sistema literario, sin imaginar todavía que sería editada, reinvento una forma del relato maravilloso alimentándolo con las singularidades de este sur del mundo y combinando la épica tradicional con la historia de las culturas precolombinas.
Se la quiso llamar (en esa manía nuestra de compararlo todo) nuestra Tolkien, aunque –para decirlo con sus palabras- si el modelo tolkieniano es eurocéntrico, patriarcal, ario y eclesiástico…. capitalicé esa distancia para escribir una saga con otra visión del mundo. Otra visión del mundo para -nadando en las mismas aguas- llegar a la orilla opuesta, haciendo centro en Latinoamérica, la fuerza de las mujeres y lo mítico, con leyes internas y una fuerza ideológica que metaforiza la lucha de los pueblos originarios.
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No se había visto eso entre nosotros. Grandeza de lo épico y delicadeza de lo poético, La Saga, deslumbrándonos en su originalidad, es un verdadero parte aguas en el campo literario de esa zona imprecisa que llamamos literatura juvenil.
Luego la escritura de Liliana se expande hacia ambos márgenes, hacia las dos orillas de lectores, niños, jóvenes y adultos, siempre narrando el sometimiento humano desde la subjetividad de los sometidos y la lucha de los sometidos contra las múltiples formas humanas de la opresión.
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