La belleza del día: “Recolectores de algodón”, de William Walker

En tiempos de incertidumbre y angustia, nada mejor que poder disfrutar de imágenes hermosas

 “Recolectores de algodón”, de William Walker, en colección privada
“Recolectores de algodón”, de William Walker, en colección privada

William Aiken Walker (1839-1921) no fue un artista clásico, ni siquiera tuvo en su tiempo un reconocimiento en el mundo del arte, tampoco siguió modas o vanguardias. Fue un pintor popular, que pasó gran parte de su vida viajando por el nuevo sur de EE.UU. tras la Guerra Civil para retratar la reconstrucción de su país, como es el caso de Recolectores de algodón.

Nacido en Charleston, hijo de un comerciante de algodón protestante de una familia irlandesa, disfrutó de una buena educación, pero no así una formación artística. No está claro si salió de su país ya que no hay documentación fidedigna, aunque algunas fuentes aseguran que lo habría hecho alrededor de 1860 y que incluso habría tenido un paso por Düsseldorf, en ese momento un lugar popular para estudiar para los pintores estadounidenses. Autodicacta, comenzó a presentar obras en sociedad a los 12, cuando se presentó en la Feria del Instituto de Carolina del Sur de 1850.

Cuando la Guerra Civil (61-65) estalló fue voluntario en el Ejército de los Estados Confederados e inicialmente sirvió en el Segundo Regimiento Palmetto de Voluntarios de Carolina del Sur, pero tras una herida en el campo de batalla en 1862 se retiró del frente para ser dibujante cartógrafo hasta el ‘64.

La cabaña vieja
La cabaña vieja

Después de la guerra, centró su atención en las escenas de género y paisaje de la vida, los negocios y el trabajo en el sur durante la Reconstrucción, convritiéndose en un cronista de sus tiempos, que a través de una pintura rústica retrató la difícil vida de los negros libertos en los campos.

Sus obras no tienen un aire de crítica social, no hay en su pincel una manera cruda de representación, sino cierta idealización pragmática. Walken pintó sobre todo a los afrondescendientes en sus campos de algogón, como también sus cabañas derruidas, sus gallinas picoteando por aquí y por allá, los perros famélicos que acompañaban los viajes en carreta, la ropa colgándose al sol.

Walker pasó gran parte de su vida viajando por el sur: Maryland, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Georgia, Florida y Luisiana, creando pinturas de escenas, figuras y paisajes de género rural y urbano, como también retratos a pedido. Sus pinturas eran en pequeño formato para poder ser vendidas en las calles, a turistas y clientes cada lugar.

El vagón de algodón
El vagón de algodón

También pintó panoramas grandes y detallados de las plantaciones de trabajo del sur, así como escenas de ciudades y ríos en Charleston y Nueva Orleans, varias de las cuales fueron publicadas como litografías por Currier e Ives, lo que le concedió cierta fama.

Completamente borrado de la historia de la pintura, Walker tuvo su regreso al escena con una publicación de los ‘70, del artista y educador August Trovaioli y Roulhac Toledano, especialista en historia de Nueva Orleans. Para el corpus del libro, comentó Toledano en una entrevista, encontraron la mayoría de las obras en los áticos polvorientos de decenas de familias.

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