
I
Dicen que a los artistas hay dejarlos ser. Cuando la inspiración aparece como un rapto espontáneo, lo mejor es poner manos a la obra. Una mañana de 1887, el pintor Valentín Serov paseaba por la finca del comerciante y mecenas Savva Mamontov en Abrámtsevo,, que funcionaba como centro cultural. Antes había pertenecido al escritor Serguéi Aksákov y cuando Mamontov la compró siguió la tradición.
La mañana era soleada y el clima muy agradable. Serov conversaba con el dueño del lugar mientras recorrían los ambientes hasta que ve, en el comedor de la casa, a una niña de doce años. Se llamaba Vera Mamóntova, y era la hija de Mamontov. Serov no se sorprendió por su identidad, ya que la conocía desde que era una bebé, sino por la escena. Estaba pelando melocotones; la iluminación era perfecta.
Se acercó y le propuso posar para un retrato. La niña le dijo que sí. No la pintó en un día, el trabajo duró un mes. “Me esforcé mucho en lograr la frescura, esa peculiar frescura que siempre se siente en la naturaleza y no se ve en las pinturas. Pinté durante más de un mes y la torturé, pobrecita, casi hasta la muerte”, escribió Serov. Niña con melocotones está en la Galería Tretiakov de Moscú.
II
Valentín Serov nació en 1865 en San Petersburgo. Sus padres, Aleksandr Serov y Valentina Bergman, eran compositores, con lo cual la sensibilidad artística le fue inoculada desde niño. Estudió durante su infancia en París y en Moscú y finalmente ingresó en la Academia Imperial de las Artes de San Petersburgo donde tuvo como maestro a Pável Chistiakov.
Los historiadores del arte dicen que la mejor época de Serov es la primera. El cuadro titulado Niña con melocotones lo pintó cuando tenía 22 años. Es su obra más famosa, para muchos su obra maestra. Además, es considerada el punto de partida del impresionismo ruso. No fue la única vez que pintó a Vera Mamontova. Volvió a retratarla nueve años después en Chica con una rama de arce.
Y la vida siguió, Vera creció, se casó con Alexánder Samarin, un rico e influyente funcionario. Tuvieron un hijo, Yuri, que se graduó de filólogo y se convirtió, según cuenta Russia Beyond, en informante de los servicios secretos soviéticos. Con su información encarcelaron y ejecutaron a varios artistas en la Gran Purga de los años treinta. Vera jamás se enteró: murió en 1907 de neumonía a los 32 años.
III
Luego del famoso cuadro, Valentín Serov siguió pintando. Su estilo fue evolucionando, incorporando más técnicas, más herramientas, más experiencia y dedicación. Dio clases en la Escuela de Pintura, Escultura y Arquitectura de Moscú durante doce años. Allí tuvo de alumnos a Pável Kuznetsov, N.N. Sapunov, Martirós Saryán, Kuzmá Petrov-Vodkin, N.P. Ulyánov y Konstantín Yuón, entre tantos otros.
Pintó muchos retratos (posee una serie a artistas: Maxim Gorki, María Yermólova y Fiódor Chaliapin), también representó figuras satíricas de los castigadores durante la Revolución de 1905 a 1907, así como también paisajes naturales, postales aristocráticas (como Coronación de Nicolás II de Rusia), incluso cuadros que podrían considerarse surrealistas (El rapto de Europa).
Sobre el final de su vida se interesó por la mitología clásica. Nunca dejó de pintar ni dibujar. Encontraba en el arte una forma de observar el mundo e interpretarlo. Murió en Moscú el 5 de diciembre de 1911. Hoy es considerado uno de los mejores retratistas de su época y uno de los grandes pintores de la historia de Rusia.
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