La belleza del día: “Odalisca”, de Héctor Basaldúa

En tiempos de incertidumbre y angustia, nada mejor que poder disfrutar de imágenes hermosas

"Odalisca" (1940), de Héctor Basaldúa. Oleo sobre lienzo (100,2 x 69,9 cm) en el Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson, Argentina
"Odalisca" (1940), de Héctor Basaldúa. Oleo sobre lienzo (100,2 x 69,9 cm) en el Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson, Argentina

Pintor, grabador, litógrafo y escenógrafo. Héctor Basaldúa (1895 - 1976), de quien hoy se cumple otro aniversario de su natalicio, fue un destacado artista argentino que integró el famosos “grupo de París” y cuyas obras se encuentran en muchos de los museos más importantes del país, como es el caso de Odalisca, donde combina su pasión por la pintura y el teatro.

Con una beca estatal, viaja a París en 1923, donde estudia con Charles Guérin en la Academia Moderna y en la Ciudad de la Luz conoce primero a sus colegas Aquiles Badi, Horacio Butler y Alfredo Bigatti. Y años después a Víctor Pissarro, Antonio Berni, Lino Enea Spilimbergo, Alberto Morera, Raquel Forner, Juan Del Prete y Pedro Domínguez Neira, con quienes conformaría el grupo parisino.

Durante su estancia en Francia participa en los Salones Independiente, de Otoño y de las Tullerías, y toma clases con André Lhote y, hacia 1930, regresa a Argentina luego de haber incursionado en el plenairismo en Cagnes, al sur de Francia y Venecia.

En su vuelta comienza a trabajar en ilustraciones y es designado director escenógrafo del Teatro Colón luego de su excelente trabajo en Las Bodas de Fígaro, cargo en el que permanece hasta 1950. En 1956 retoma el cargo (hasta 1959) y se incorpora como miembro en la Academia Nacional de Bellas Artes.

Odalisca fue adquirido por el Museo Provincial de Bellas Artes Franklin Rawson, en San Juan, Argentina, en 1941, por motivo de la inauguración de la Sala de Autores Argentinos Contemporáneos. En aquella oportunidad, se adquirieron 12 obras de arte argentino moderno con un subsidio nacional.

En el texto curatorial del museo, se sostiene a la obra “como la confluencia de la pintura con el teatro, ya que por un lado presenta la relectura moderna del orientalismo, por otro tiene la soltura de un figurín de vestuario”.

“La figura femenina con su cabeza levemente inclinada hacia la derecha y la mirada sesgada -elemento frecuente en sus figuras- trasmite un delicado contenido erótico. Basaldúa aplica recursos de síntesis formal, perspectiva abatida; dibujo abocetado de rápida ejecución, fortalecimiento de zonas con línea de contorno. Esto aplana aún más la imagen, aunque el uso fluido de los pigmentos favorece la sensación de ingravidez que envuelve al conjunto”, escribe María Belén Ramírez.


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