
I
¿Cómo era la vida durante los primeros años del siglo pasado? ¿Qué ocurría en el mundo? ¿Y en Estados Unidos? ¿Qué significaba vivir en la Nueva York de ese entonces? Aún no había estallado la Primera Guerra Mundial ni la Bolsa había hecho crack y la gran ciudad norteamericana comenzaba a edificarse como la capital cultural del mundo.
Es un momento de grandes cambios, sobre todo en Nueva York. La primera línea de metro subterráneo abrió en 1904, luego se impulsó la construcción de rascacielos y durante esos años se dio lo que se conoce como la “Gran Migración Afroamericana”: más de un millón de afroestadounidenses escapaban del racismo del sur y llegaban a Nueva York a buscar trabajo.
Y allí estaba George Wesley Bellows, que había llegado a la ciudad en 1904, a los 22 años. Nació en Columbus, estudió en la Universidad de Ohio, donde realizó varios trabajos de ilustración. Su sueño era ser un beisbolista profesional, y tenía oportunidades, pero tuvo que elegir. Y ganó el arte. Así que partió a Nueva York para ser el mejor pintor de su generación.
II
En la New York School of Art conoció a muchísimos artistas —Robert Henri fue su gran maestro— y formó su propio círculo llamado The Eight: hacían pinturas que retraban la sociedad neoyorquina. En 1906 alquiló un estudio para dedicarse a fondo y la fama le llegó enseguida. En el mundo artístico todos hablaban de sus postales urbanas.
En febrero de 1911 pintó un cuadro ambicioso y de grandes dimensiones que captaba como nunca antes la esencia de la vida moderna: Nueva York, un óleo sobre lienzo de 106.7 x 152.4 cm. que hoy está en la National Gallery, la Galería Nacional de Arte de Washington D. C. Aunque muchos decían que era una vista hacia la parte alta de la ciudad, hacia Madison Square desde Broadway y la calle 23, es un paisaje ficticio.
Un crítico de la época usó estas palabras para describirlo: “Movimiento, existencia conmovedora. Los camiones se precipitan entre la multitud. Hombres y mujeres se apresuran a cruzar las calles, los carritos entran y salen ruidosamente, un policía evita que la gente sea atropellada, sientes la prisa, oyes el ruido y deseas estar a salvo en casa”.
III
Desde la exhibición de Nueva York, el prestigio de George Wesley Bellows comenzó a ascender. Amplió la elección de postales neoyorquinas en su objetivo de mostrar la vida moderna, empezó a realizar retratos por encargo y en los veranos salía de la ciudad para pintar paisajes naturales. Pero no era un artista ensimismado en su trabajo. Tenía una mirada social que trascendía su arte.
Junto a un grupo de artistas formó La izquierda lírica, una agrupación anarquista que pregonaba las libertades individuales de los trabajadores, fue editor en el diario socialista The Masses y realizó muchas ilustraciones denunciando las atrocidades que los Estados cometían en todo el mundo como la invasión alemana en Bélgica, por ejemplo.
Fue profesor en el Art Institute of Chicago y nunca dejó de pintar, ni de dibujar ni de hacer litografías. Siempre ejerció su pensamiento político dentro y fuera de su obra estética y discutió con muchos compañeros sobre la importancia de la autonomía del arte. Murió el 8 de enero de 1925 en Nueva York, a causa de una peritonitis. Logró ser uno de los mejores pintores de su generación. Quizás sea el mejor.
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