La belleza del día: “El poeta pobre", de Carl Spitzweg

En tiempos de incertidumbre y angustia, nada mejor que poder disfrutar de imágenes hermosas

"El poeta pobre" (1839), de Carl Spitzweg. Oleó sobre lienzo (36,2 cm × 44,6 cm), en Neue Pinakothek, Munich, Alemania
"El poeta pobre" (1839), de Carl Spitzweg. Oleó sobre lienzo (36,2 cm × 44,6 cm), en Neue Pinakothek, Munich, Alemania

Mathias Etenhueber (1722 - 1782) fue un poeta alemán que siendo muy joven se lo consideró un prodigio por sus versos en latín pero que, en el tiempo, comenzó a perder la fama como la admiración que tanto le profesaban sus pares.

Fue “poeta de la corte”, aunque eso no significaba ningún ingreso extra, y en sus últimos años, a pesar de sus intentos, no lograba generar dinero. Incluso, realizó una oda petardista contra el gobierno que, creyó, le pondría otra vez en un pedestal, pero debió ocultarse en una orden religiosa católica para salvar su vida.

Hoy, es un poeta recuperado, de esos que se estudian en universidades, y se convirtió, gracias a esta obra, El poeta pobre, del también alemán Carl Spitzweg (1808 – 1885), en el estereotipo clásico del artista que atraviesa penurias económicas.

La pieza es considerada la primera obra maestra de Spitzweg, un artista romántico que se especializó en temas de género y que, en sus obras, se destacó por generar destellos de humor crítico. Sin embargo, Spitzweg no fue el primero en representar artistas pobres, ese mérito se lo lleva el británico William Hogarth, el más irónico y crítico de todos los pintores del barroco.

En la obra se representa a un poeta en su ático-habitación-casa. Y los detalles revelan sus penurias: una sola vela para iluminar, un colchón por cama apoyado en el suelo, el paraguas para contener las goteras e incluso, en la estufa apagada, se observan papeles ¿manuscritos o periódicos? que harán las veces de leña fugaz.

Por la ventana se observa la nieve, pero el poeta es tan pobre que debe quedarse en su cama para mantener la temperatura. Durante mucho tiempo se creía que con sus dedos estaba cantando un verso, aunque hoy la interpretación más aceptada es que, en realidad, aplasta una pulga.

Cuando la pieza se presentó al público en el Kunstverein de Munich en 1839, recibió muchas críticas. La imagen se entendió como un ataque a la idealización de la poesía y, sobre todo, como un ataque al arte, que estaba representado principalmente por la pintura de historia académica.

Existen -o existían- tres versiones de la pintura, todas de 1839. La primera está en una colección privada y solía estar prestada al Germanisches Nationalmuseum de Nuremberg. La segunda, que aquí se muestra, está en la Neue Pinakothek, de Munich. Esta pintura fue entregada por el artista a su sobrino Ludwig como regalo, quien se la vendió a sus actuales propietarios en 1887.

La tercera -y por eso el “existían”- fue robada en 1989 junto con otra de Spitzweg, La carta de amor, del Palacio de Charlottenburg y hasta la fecha, ninguna ha sido recuperada.

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