
La española María Blanchard (1881-1932) tuvo una vida difícil. Y su obra, como la de muchas pintoras, fue olvidada por muchísimo tiempo.
La madre de Blanchard se cayó de un coche tirado por caballos cuando estaba embarazada, lo que produjo que la niña naciera con una deformidad resultante de una cifoescoliosis con doble desviación de columna, por lo que sufrió no solo burlas en su infancia sino incluso cuando ejerció como profesora en Salamanca. En palabras de su primo, el escritor, Ramón Gómez de la Serna, sería una niña de “mirada susurrante de pájaro con triste alegría”.
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Su talento para el dibujo, llevó a su familia a apoyar una sólida formación y una posterior partida a París, donde forjó amistades con artistas como Angelina Beloff y Diego Rivera, con quienes conviviría. En el caso del muralista mexicano es conocida la historia sobre su amor silencioso. Allí también ingresó al círculo de la vanguardia cubista, forjando relación con Juan Gris y Jacques Lipchitz.
En la ciudad de la luz desarrollaría también el grueso de su obra, entre las que se encuentra La comulgante, un lienzo iniciado en 1914 que retomaría en 1920 con motivo del Salón de los Independientes de París de 1921 y que hoy se encuentra en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, de Madrid.
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La obra tuvo un notable éxito. Así lo confirma una carta del crítico Maurice Raynal al pintor francés André Lhote: “La exposición de La comulgante constituye un éxito casi escandaloso. No hay crítico de arte que no celebre en términos entusiastas esta revelación...”
El poeta catalán Gabriel Ferrater escribió sobre esta obra: “Una niña, aprisionada en la agria fealdad de un traje de primera comunión blanco, está como aplastada sobre la superficie de la tela, en una actitud hierática, de santo de mosaico románico, con los típicos pies apuntando hacia abajo sin descansar en el suelo; la rodea el ámbito de la capilla, con un altar, un reclinatorio y unos cortinajes en cuya fealdad se ha recreado también agresivamente la pintora, y cuatro ángeles algodonosos que, en el ángulo superior derecho de la tela, elevan un cáliz en el aire”.
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Para la aristócrata María Laffitte, conocida como la condesa Campo-Alange, la destacada crítica de arte española y defensora de los derechos de las mujeres, autora de la primera biografía sobre Blanchard "la rigidez de la niña es la crítica inconsciente de la crueldad que encierra a veces la inocencia, la censura a unos seres que debiendo ser ángeles - según la idea aceptada - tuvieron con ella una falta absoluta de caridad y amor”.
Blanchard necesitó hasta su centenario de nacimiento para reaparecer tras su muerte en el ’32. En el ’82 se realizó la primera muestra de su época cubista en el madrileño Museo Español de Arte Contemporáneo (MEA). El Reina Sofía adquirió la obra en 1988 y la utilizó en una retrospectiva de 77 obras de 2013. Existe una semi réplica que la artista realizó en 1923 para regalar a una alumna suya que, si bien es de una colección privada, puede apreciarse en el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria (MAS).
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