Lo que dejó la FED online: balance positivo, unidad del sector independiente y la posibilidad de repensar la industria editorial

Este año, debido a la pandemia, la Feria se hizo de forma virtual y dejó varias reflexiones. Infobae Cultura dialogó con editores y libreros sobre la magnitud del evento pero también del momento que atraviesa la industria del libro

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FED 2019 (Foto: Matías Moyano)
FED 2019 (Foto: Matías Moyano)

“Somos un colectivo acostumbrado a vivir en crisis. El medio natural de los editores y libreros independientes es la crisis”. El que habla, del otro lado del teléfono, apoyado en el mostrador de su local vacío mientras empaqueta libros, es Juan Olcese. Junto a Noelia María comandan Witolda, una librería en el centro porteño que durante la cuarentena trabaja con delivery. Participó de la Feria de Editores que terminó el domingo por la noche. Debido a la pandemia, se realizó de forma online. Se transmitieron charlas en vivo de grandes autores por YouTube —Margo Glantz, Roger Chartier, Margo Glantz, Luis Chitarroni, Nona Fernández, Martín Kohan, Verónica Gerber—, mientras que la feria de libros obtuvo un formato novedoso: las editoriales se agrupaban en torno a librerías. Así, se consultaba por libros, se obtenían descuentos, y eran las librerías las que enviaban los pedidos solicitados. La literatura, como una gran red, conectaba gente.

Un balance positivo

¿Números? La web contó con más de 28 mil visitas, que significaron 8 mil ventas a través de librerías pequeñas. “Trabajamos con editoriales amigas —agrega Olcese de Witolda—, con las cuales tenemos vínculos no solo comercial, sino personal. Lo tomamos como una situación de emergencia, pero también para promocionar sus catálogos. Trabajamos con tres editoriales de Rosario, Iván Rosado, Danke y Neutrinos, una de Bahía Blanca, VOX, una del Conurbano, Carretilla Roja, y 27 pulqui. Si bien la palabra independiente es un concepto muy amplio, que incluye muchas cosas, en el caso nuestro son editoriales independientes, pero sobre todo autogestivas, digamos. En la Feria de Editores, obviamente, las ventas fueron menores que en el formato presencial, pero fueron aceptables para lo que esperábamos nosotros y lo que esperaban las editoriales”.

“En el contexto de la pandemia, la FED de este año fue distinta. No tuvo el ‘cara a cara’ característico de otros años pero igualmente estuvo muy buena y se logró una difusión importante”, sostiene Nicolás Bendersky de Ediciones IPS, y agrega que “fue gratificante tener un espacio donde pudimos charlar e intercambiar con el público y nuestros lectores. En síntesis, con todas las dificultades que implica realizar la FED en pandemia, el balance es bueno”. Para Sebastián Masquelet de la editorial Hormigas Negras, “el balance siempre es positivo porque es una movida especial. Lamentablementese perdió algo lindo de la FED, el contacto cara a cara con los lectores, y eso es una pena porque para nosotros es uno de los más grandes eventos culturales del año en la ciudad, sino el más grande. Además presentamos libros de Damián Rovner y Fernando Rouaux , y la charla con Laura Cukierman dio mucha repercusión a la nueva edición de Las chicas malas no transpiran”.

“En mi opinión, la FED no podía tener un balance que no sea positivo, independientemente del rendimiento de cada editorial”, dice Afri Aspeleiter de la editorial Concreto. “En marzo, con la aparición de la pandemia, las editoriales pensábamos que teníamos el año perdido. Se cancelaron las ferias, cerraron las librerías. Después nos encontramos con un panorama totalmente distinto, tuvimos que amoldarnos a otras formas de trabajo y el público lector a otros modos de consumo. La posibilidad era que la FED no se hiciera, de modo que la propuesta online ya era mejor que nada. Por eso pienso que no podía salir mal. A lo sumo vendías muy poco, pero seguramente algunos ejemplares más que si hubiera sido un fin de semana normal. Por suerte desde la FED, las editoriales, las librerías y el público, hubo mucho entusiasmo y la feria fue un éxito. Nos puso a todxs a prueba y en movimiento. En particular, las ventas de Concreto las gestionó Céspedes Libros, hicieron un trabajo excelente. Si bien no se compara con la cantidad de ejemplares que vendimos en 2019, las ventas estuvieron muy, muy bien”.

Algunos de los participantes de las charlas que se organizaron durante los 3 días que duró el evento
Algunos de los participantes de las charlas que se organizaron durante los 3 días que duró el evento

Carola Martínez, de Donde viven los libros, librería especializada en libros para niños, acuerda: “El balance para nosotras fue muy bueno. Creo que hubo mucha simbiosis con las editoriales que nos eligieron. Tres editoriales super distintas entre sí, lo que nos permitió mostrarlas de manera completamente distintas en la campaña preferia”. Trabajaron con Dábale arroz, que define como “una editorial artesanal, creo que el tipo de editorial que los visitantes buscan en La FED, editoriales raras pequeñitas, con un catálogo de libros hechos a mano”; Ralenti, que “atrae a un público más de librerías que de ferias, y es súper interesante que la FED amplíe todo el tiempo su universo de visitantes”; y Ojoreja, una editorial “mediana y con un catálogo consolidado que además vendemos muy bien en la librería”. “A nosotros se nos mezcló con el día de la niña y el niño y las promociones que teníamos para eso. Fue super interesante formar parte de este cuasi experimento social”.

“Al principio, cuando me enteré de la dinámica de esta edición de la Feria —confiesa Denis Fernández de Editorial Marciana—, me generó desconcierto. No imaginaba cómo vender a través de las redes, cómo manejar el stress de estar frente a la pantalla respondiendo mensajes, charlando con la gente, convenciéndolos, de alguna manera, para que compraran libros. Pero después me fui acomodando y comprendí que debía tener más soltura y determinación. Así que tomé la decisión de sumarme y tratar de vender en lugar de no generar movimiento. Junto a los/las autores de Marciana armamos charlas en vivo a través de la fanpage de Facebook. Más allá de lo que se vendió (las ventas no fueron demasiadas pero sirvieron a mantener cierto balance), pude verles las caras y escucharlos después de tantos meses de encierro. Varios de los autores que forman parte del catálogo no viven en Argentina, y poder unirlos a través de la cámara fue satisfactorio”.

Algunos puntos clave

¿Qué se puede destacar dentro de esta atípica edición? Para los editores hay varios puntos. Uno que subraya Carola Martínez es que “los organizadores pensaron en toda la cadena del libro y que la FED cuidó específicamente que esa ecología se mantuviera y que las librerías no quedaran afuera. Como forma de pensar una feria del libros es una idea brillante. Agradecemos muchísimos a Hernán y a Víctor. Seguro que esto quedará en la historia de las ferias en Argentina. Una feria pequeñita que empezó en La tribu y que termina siendo la única que se hace en 2020 en plena pandemia abierta con stands al público”. Otro es la aceleración de nuevas formas de distribución: pareciera ser que el delivery se ha instalado definitivamente y que la cuarentena no es una obstáculo ineludible para comprar libros.

“Lo mejor de esta versión 2020 fueron las charlas que se organizaron a través del Instagram de las editoriales y por el canal de Youtube de la FED”, sostiene Diego D’Onofrio de La Bestia Equilátera. Así se gestó una especie de festival con varios escenarios. “La propuesta para que las editoriales desarrollemos actividades online en un horario determinado fue definitivamente un acierto de los organizadores. Eso lo aprovechamos mucho. Nos conectamos los tres días y realizamos charlas por Facebook Live con nuestros autores y editores, y presentamos las colecciones que componen nuestra editorial e hicimos conversatorios muy interesantes”, sostiene Nicolás Bendersky y hace referencia a charlas como “Ciencia y Marxismo en tiempo de pandemia”, a partir de Genes, células y cerebros, de Hilary y Steven Rose, que publicaron el año pasado y La biología en cuestión, de Richard Lewontin y Richard Levins, que anunciaron ahí.

(Foto: Shutterstock)
(Foto: Shutterstock)

D’Onofrio también marca cómo “año tras año la Feria colabora mejorando el vínculo entre los lectores y las editoriales, de modo que cada vez más se compren libros por la confianza que genera el sello y el nombre y apellido de sus editores”. A diferencia de lo que ocurre en la Feria del Libro o en las librerías de cadenas, aquí el lector se acerca como pocas veces al proceso de creación y distribución que envuelve al libro. No es una simple mercancía que observa en el mostrador del mercado sin saber muy bien de dónde viene. En la FED la instancia de acercarse a los editores y a los libreros está muy presente, y de algún modo se mantuvo en la edición online. “La esencia de la Feria de Editores no es la venta directa, eso es el resultado del objetivo principal, que es el contacto directo con las lectoras y los lectores”, explicó Víctor Malumián, uno de los organizadores en esta nota.

Una postal de la industria editorial

A la caída de la venta de libros desde hace más de cuatro años se le ha sumado la pandemia. Un combo terrorífico. ¿Cómo caracterizar el momento que atraviesa la industria editorial? “Un momento malo”, sintetiza Nicolás Bendersky, y agrega: “Con el aislamiento se redujeron considerablemente los lanzamientos, las impresiones, las tiradas, y lógicamente las ventas. Lo que viene a profundizar una caída que ya se arrastra de varios años atrás. A su vez, avanzaron un poco los cambios de hábitos de lectura hacia el ebook (y en menor medida el audiolibro) y hubo tendencias que profundizaron las consecuencias de la concentración editorial como el acuerdo Planeta/Mercado Libre, que conspira, entre otros actores, contra las librerías”.

“Sinceramente, me desconcierta mucho este presente editorial”, confiesa Fernández de Marciana. “En estos meses de pandemia escuché versiones de colegas editores sobre diferentes situaciones. Hay editoriales publicando sin parar, con muchísimas ventas mensuales a pesar de la caída económica. Y otros que están en su peor momento y tuvieron que parar la máquina hasta ver cómo termina todo esto. Con respecto a las librerías, hay algunas que no paran de vender, incluso mejor que antes de la cuarentena, pero también hay otras que no saben cómo pagar el alquiler. El sector quedó golpeado, pero de forma muy despareja. Me cuesta entender el comportamiento, sobretodo de los lectores. No entiendo muy bien qué eligen a la hora de comprar y leer libros. Creo que la repartija de ventas se está concentrando en unas pocas editoriales. Y no me refiero solamente a las multinacionales. Veo un panorama bastante confuso, y creo que se debe a la aparición de nuevas distribuidoras que movieron piezas y rearmaron el mapa de ventas y de oferta”.

Carola Martínez define este momento como “de completa incertidumbre”, y si bien “es cierto que la industria editorial venía muy golpeada con años de caídas de las ventas y un Estado que desapareció, creo que va a sobrevivir. Creo firmemente que en esta pandemia es el momento de mayor aumento de lectores y lectores hemos tenido, ahora hay que salir a su encuentro y la FED se puso al frente”. Para D’Onofrio de La Bestia Equilátera, “el presente del editor siempre adelanta uno o dos años porque trabaja con lo que se publicará en el 2021, 22 o 23. Pero la crisis es tan grande que no puede dejar de ver lo que está pasando en la actualidad: han bajado mucho las ventas, y no sabemos con cuántos lectores y librerías nos encontraremos próximamente. El cambio que se viene parece tan profundo que no se solucionará ajustando el número de la tirada de los libros.

FED 2019 (Foto: Gustavo Gavotti)
FED 2019 (Foto: Gustavo Gavotti)

“La industria editorial está en crisis —dice Afri Aspeleiter—, como la mayoría de las industrias en este país. A mí me gusta tener una visión positiva, Concreto nació durante el macrismo y a pesar de todo acá seguimos. La editorial crece año a año. Entiendo que podríamos tener una industria mejor, que nos ayude en la producción, con precios estables, buenas condiciones de trabajo y políticas públicas que incentiven tanto al sector editorial como a la lectura”. Y Sebastián Masquelet reflexiona: “La industria no parece ser el sector más golpeado porque la gente sigue leyendo, probablemente más, y de alguna forma consigue los libros que quiere leer. Obviamente que la imposibilidad de las ferias, donde se mueve una parte importante de nuestro público, y el hecho de que las librerías estuvieron mucho tiempo cerradas y todavía no terminaron de retomar la actividad afecta mucho. Pero más les afecta a las mismas librerías y por eso fue una buena iniciativa este año aportar al mal momento de las librerías e incluirlas en una movida que justamente se caracteriza por el cara a cara del editor con el lector”.

“Se puede decir que este colectivo independiente de editoriales y libreros —concluye Juan Olcese de la librería Witolda, del otro lado del teléfono— estaba mejor preparado para esta situación que las grandes cadenas y las grandes editoriales. Por ejemplo, la editorial Iván Rosado tuvo ocho lanzamientos este año pese al contexto, y Neutrinos tuvo tres, que era su número habitual. A las estructuras más grandes les cuesta más adaptarse a esta situación. Y los lectores han vuelto a las librerías de barrio. Esta interdependencia que hay en todo este sector, desde el lector, la librería y el editor y el autor, se ha reforzado en este contexto”.


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