La belleza del día: “El botones”, de Chaïm Soutine

En tiempos de incertidumbre y angustia, nada mejor que poder disfrutar de imágenes hermosas

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"El botones", de Soutine, pertenece
"El botones", de Soutine, pertenece a la colección del Centro Pompidou de París

Alrededor de la década de los años veinte del siglo pasado, Chaïm Soutine (1893-1943), nacido como Shaim Solomónovich Sutinpor, entonces un artista inmigrante más en París, comenzó a disfrutar de cierto reconocimiento que le reportó alguna solvencia económica. Esto ocurre cuando su obra comienza a mostrar la fascinación por cocineros, camareros y personal de los hoteles y restaurantes franceses, siempre vestidos con colores fuertes, llamativos.

Durante los siguientes años estos humildes modelos se sentaron para él en París y el sur de Francia. La serie resultante de retratos ofrece imágenes poderosas de una nueva clase social de personal de servicio, que se trasladó de las mansiones aristocráticas de los siglos anteriores a los hoteles y restaurantes de lujo que surgieron a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Estas figuras a menudo ignoradas de los espacios de ocio más modernos de Francia, incluido el famoso restaurante Maxim’s en París, conmovieron a Soutine, quien advirtió que se podía encontrar una honda emoción y un sentido profundo de humanidad en personas así de modestas. El artista trabajó duro para lograr los efectos más contundentes en los blancos, rojos y azules audaces de sus diferentes uniformes. Muchos han visto en Soutine a una suerte de heredero de Van Gogh.

Estos retratos jugaron un papel clave en el reconocimiento de Soutine como artista. Cuando comenzó la serie, Soutine, un inmigrante de Smilovich, un pequeño pueblo judío del imperio ruso, hoy Lituania, vivía en Montparnasse en la pobreza junto a otros artistas, incluido su amigo más cercano, también de origen judío aunque nacido en una familia italiana acomodada, Amedeo Modigliani (1884-1920). Soutine posó en tres ocasiones para Modigliani.

Soutine había debido luchar arduamente contra la oposición paterna para dedicarse al arte debido a las creencias religiosas de su familia, judía ortodoxa. Se marchó primero a Minsk (hoy capital de Bielorrusia) y luego estudió en la Escuela de Bellas Artes de Vilna, en la que finalizó sus estudios oficiales en 1913 y logró continuar su formación en la Escuela de Bellas Artes de París, en la que tuvo como maestro al realista y academicista Fernand Cormon.

Comenzó pintando naturalezas muertas, pero pronto descubrió el paisaje. A partir de 1922 retoma las naturalezas muertas con animales sangrantes, en clara referencia a El buey desollado de Rembrandt, junto con las series de los criados (en la que se incluye nuestra belleza del día) y de los clérigos, representados con un crudo naturalismo. Aunque pintaba de un modo frenético, como poseído, precipitando los colores sobre la tela, necesitaba tener siempre enfrente el modelo para representar los objetos con la fidelidad que anhelaba, y si no lo conseguía, destruía los lienzos. En una oportunidad encargó a su marchand que adquiriera un buey recién sacrificado, con la tonalidad y el aspecto que él quería plasmar, y lo colgó de un gancho de su taller. Una criada refrescaba periódicamente el fiambre con cubos de sangre que le regalaban en el matadero para mantenerlo fresco. Soutine necesitaba esos colores, no otros.

En 1923, el coleccionista estadounidense Albert C. Barnes vio una de las primeras pinturas de uno de sus pasteleros y pensó que era una de las mejores obras modernas que había visto. Exigió ver más pinturas del artista y compró unas cincuenta obras en el acto. Naturalmente esto ayudó a sacar a Soutine de la miseria desesperadas y lo consagró. Sus retratos de trabajadores de hoteles y restaurantes se hicieron especialmente apreciados por otros coleccionistas y hoy se consideran entre sus mayores logros. El botones, de Soutine, pertenece a la colección del Centro Pompidou de París

La llegada de la Segunda Guerra Mundial cambió todo. Al ser invadida Francia por los nazis, por su origen judío se vio obligado a huir de París y se refugió en un pequeño pueblo cerca de Tours, en donde dormía al aire libre en el bosque, lejos de zonas urbanas por temor a la Gestapo. Soutine sufría de una úlcera y este mal se vio agravado por la situación, lo que lo llevó de regreso a París, para tratar su dolencia. Fue intervenido quirúrgicamente de urgencia pero murió en la mesa de operaciones, el 9 de agosto de 1943.

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