
Aunque nunca expuso sus obras con el resto de los impresionistas, la francesa Eva Gonzalès (1849-1883) fue una de las tres grandes artistas mujeres vinculadas al movimiento. Las otras dos fueron la también francesa Berthe Morisot y la estadounidense Mary Cassatt. Sin embargo, durante mucho tiempo su nombre solo estuvo asociado a su lugar como modelo de artistas y no a su propio arte.
Nacida en París en el seno de una familia rica y educada, era hija del escritor español naturalizado francés, Emmanuel Gonzalès, novelista, dramaturgo y redactor del periódico Le Siècle y fundador de La Revue de France y de Marie Céline Ragout, una reconocida música de origen belga. Por haberse criado en un ambiente acomodado tuvo los recursos necesarios para sortear la prohibición de estudios formales en la célebre Ecole des Beaux-Arts tomando clases privadas de pintura desde los 16 años con Charles Joshua Chaplin, un pintor que había desarrollado un programa de estudios artísticos para mujeres. Luego fue la única alumna mujer de Édouard Manet, a quien conoció en 1869 en la casa del pintor belga Alfred Stevens. Fue, en realidad, discípula y modelo. Fue gracias a este vínculo que Gonzalès entró en contacto con los grandes nombres de artistas de la época y con la misma Morisot, quien era 8 años mayor.
Se casó con un amigo de Manet, el prestigioso artista Henri Charles Guérard. En 1871 comienza la segunda etapa de su carrera artística, influenciada por Edgard Degas, caracterizándose en sus pinceladas los detalles de las particularidades de este pintor. Al igual que sus pares Morisot y Cassatt, sus pinturas tienen como protagonistas a mujeres y niños y los escenarios son interiores, domésticos. Los modelos y las modelos de sus cuadros eran siempre familiares o personas conocidas. En el caso de nuestra belleza del día, la protagonista es Jeanne, hermana de Eva, quien aparece en varias de sus pinturas.
En esta obra, pintada entre 1877 y 1878, la joven está despertando aunque aún parece envuelta en el sueño. La luz y el momento capturado en el óleo son un registro de un momento de la vida real, una suerte de recorte de una fotografía. Debido a ese recorte de la escena, que elimina parte de la mesita de noche, la cama, la cortina e incluso el vestido de Jeanne, el espectador tiene la sensación de estar ahí mismo, tal vez incluso más cerca de lo apropiado. Esta proximidad realza la sensación de intimidad y sensualidad de la obra, que forma parte de la colección de la prestigiosa Kunsthalle de Bremen. Existe en manos particulares otro cuadro de la artista en el que la protagonista está en la misma pose pero con sus ojos cerrados, como sugiriendo que aún duerme y en la que hay menos color, tal vez para que la idea del amanecer sea aún más potente en esta obra, según sugieren los expertos.
Eva Gonzalès murió muy joven, por una embolia cerebral que se produjo como complicación del parto de su hija Julie. Tenía 34 años y su muerte ocurrió cinco días después de la muerte de Manet, su maestro.
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