
La artista argentina Margarita Paksa, pionera del arte conceptual en el país, murió ayer, a los 88 años. Paksa se destacó por sus instalaciones, en el uso de materiales, con una mirada que combinó el arte multimedia con la ciencia y la tecnología.
Hija de inmigrantes del extinto Imperio Austrohúngaro, nació en Buenos Aires, en 1932, y desde su formación desarrolló una relación con lo artístico. Fue parte de la gran camada de artistas que participó en el mítico Di Tella, donde comenzó a ser reconocida por el uso de la tecnología como medio de expresión.
A lo largo de su trayectoria, la artista incursionó en diversidad de soportes y trabajó muchas de sus obras en series, como vehículo de ciertas preocupaciones en el tiempo: la dualidad, la identidad, temas sociales, políticos y de comunicación.

La crítica de arte Andrea Giunta la recordó así en redes sociales: “Es difícil elegir solo una obra que represente su inmenso trabajo, todo lo que ella propuso en el arte argentino en el que es una de sus artistas más radicales, más experimentales”
Comenzó a ser reconocida a mediados de los ’60, luego de una exposición en la Galería del Centro Argentino por la Libertad y la Cultura (CALC) titulada Calórico (1965).
Paksa fue responsable de una obra poética, potente y metafórica: tal vez una de sus más recordadas obras sea El arte ha muerto, viva el arte, ambas leyendas sobre una pared, en grandes letras de neón de diferentes colores.

Paksa, además, fue una creadora con una fuerte mirada política, realizando obras que denunciaban la dictadura de Juan Carlos Onganía. También participó, en 1966, de Homenaje a Vietnam y en 1968 del Tucumán Arde, la experiencia colectiva presentada en las sedes de la “CGT de los Argentinos” en Rosario y Buenos Aires, junto con León Ferrari, Juan Pablo Renzi y Graciela Carnevale, entre otros.
“Algunos artistas nos dedicamos a insertar el arte en la política. En mi caso, también incorporé los avances tecnológicos, sin por ello considerarme desvinculada de los conflictos políticos y de lo que interpretaba como del rol social del arte frente a la dictadura”, dijo en una entrevista del año 2009.
Fue profesora titular e investigadora en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y maestra de escultura y técnicas proyecturales en el Instituto Universitario Nacional del Arte (IUNA).

Entre los trabajos que destacó Giunta se encuentra: “Es tarde, una escritura encriptada, secreta (hay que encontrar las palabras), de la colección de Malba, de 1976, parece condensar el terror que se vivía en esos años en Argentina”, Tiempo de descuento. Cuenta regresiva. La hora 0, un video de 1978 se relaciona con el mismo clima de angustia, de huida. Esta obra estuvo en la exposición Mujeres Radicales, en el Hammer”.
“Una artista que tomó muchos caminos de aventura, experimental en extremo, obras que nos acompañarán en exposiciones futuras”, escribió la curadora de la actual Bienal del Mercosur.
Gabriela Rangel, directora artística del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), la definió así: “Artista de la generación del Di Tella. Su nombre es esencial a la historia del arte que se escribe desde distintos lugares y en muchos idiomas”.

Entre los reconocimientos que obtuvo a lo largo de su trayectoria, se encuentran el Primer Premio de Pintura de la Fundación Fortabat; la Beca FRP, otorgada por el gobierno de Canadá; tres premios Konex; el premio “Instalaciones” en la Quinta Bienal de Arte Internacional de El Cairo, Egipto, y el premio “Leonardo” a la trayectoria del Museo Nacional de Bellas Artes, entre otros.
Realizó exposiciones en Argentina, Brasil, Paraguay, Canadá, Inglaterra, Francia y Egipto, mientras que sus obras forman parte del acervo del Museo de Bellas Artes, el Museo del Barro de Estados Unidos. Su mural Las flores de mi país se puede ver cada día en la estación Ángel Gallardo de la línea B del subterráneo
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