
El pintor victoriano Richard Dadd no pasó a la historia por una serie de obras o por ser un maestro, más bien por una en particular, El golpe maestro del leñador-duende, y la aún más particular historia detrás de ella.
En 1944, Dadd fue internado en el State Criminal Lunatic Asylum, dependiente del Betlhem Hospital o Bedlem, tras haber asesinado a su padre. Anteriormente, en un viaje por Europa y el cercano Oriente, Dadd tuvo un extraño ataque en El Cairo, Egipto, tras un terrible golpe de calor que afectó su psiquis, dicen unas fuentes, o por consumir opio en narguile durante cinco días y noches sin parar, citan otras.
Su padre lo acogió en su hogar y en una caminata por el campo lo asesina, desmembra y huye. Es atrapado en Fointainebleau, Francia, tras haber atacado a un desconocido en un vagón de tren, tratando de degollarlo. Entre sus pertenencias se halló una larga lista de personas a las que debía matar, ya que eran emisarios del mal. El primero era su padre y entre otros nombres se encontraba el del Papa de Roma. Richard Dadd aseguraba que el dios egipcio Osiris lo había elegido para convertirse en su instrumento.
Estuvo 42 años encerrado y tras las rejas realizó gran parte de sus obras, como esta pieza que se encuentra en el Tate de Londres. Si bien la hizo en un lienzo reducido, la cantidad y la calidad de los detalles revelan la obra de un genio. Todas las figuras están bajo un hechizo mágico, del que pueden liberarse al romper -mediante un hachazo- a una nuez. En primer plano, se aprecia al leñador en plena tarea, mientras una serie de figuras observan, espían, comentan, a la espera de su turno.
En un programa de televisión, el autor mexicano Octavio Paz sostuvo que en la pieza “se ve con claridad las obsesiones de Dadd, éstas tienen dos formas. Son realistas: muchas de las caras son fisionomías de las de sus compañeros, médicos, carceleros; por otra parte, son personajes de sueño, es un cuento de hadas. Esto es muy extraño. Este cuadro está lleno de figuras pequeñas, extrañas: en cada hoja, en cada piedra hay un rostro que te espía, amenazante; y hay una serie de monstruos con los ojos que miran curiosos y crueles”.
“Y, después, tenemos la hacha del leñador queriendo partir la nuez, que posiblemente es un retrato del mismo Dadd. A mí se me ocurrió que quizá si el hacha hubiese caído, la avellana se partiría en dos; con ello la maldición, el encantamiento de Dadd hubiese desaparecido; hubiera desaparecido la locura o por lo menos hubiera recobrado la libertad; pero eso no ocurre: el hacha nunca cae”.
Otra referencia a la obra puede encontrarse en la canción homónima que la banda británica Queen le dedicó. En alguna entrevista, su líder, el fallecido Freddie Mercury, aseguró que había estado obsesionado tanto por la pintura como por la vida de Dadd.
Dadd estuvo aún más obsesionado que Mercury con esta obra: sin dudas fue la gran pasión de toda su producción artística, ya que le tomó casi 10 años llevarla adelante y así y todo nunca la terminó. Al ser trasladado al manicomio de Broadmoor debió dejar la mayoría de sus obras y le regaló ésta a uno de sus enfermeros. Richard Dadd vivió 21 años entre cuatro paredes en su nuevo alojamiento, hasta el 8 de enero de 1886 el hacha finalmente bajó.
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