
San Juan, enviado especial - Poco antes de morir en 1791, Wolfgang Amadeus Mozart llegó a estrenar La flauta mágica en el Theater auf der Wieden de Viena. Desde entonces, la obra no cesó de ejecutarse, metamorfoseada en innumerables y dispares versiones. Una de las últimas tuvo lugar en San Juan el miércoles pasado, cuando un público expectante colmó las más de mil butacas del Teatro del Bicentenario para apreciar este cuento de hadas masónico que, en manos del régisseur Eugenio Zanetti, se convirtió en un barroco espectáculo multimedia.
La flauta mágica cuenta con un libreto de Emanuel Schikaneder, amigo y cofrade de Mozart. En sus peripecias, los ideales de la Ilustración aparecen encarnados con simbolismo pueril: en ocasiones, se trata del poder de la luz que vence la oscuridad; en otros, de la victoria del saber y la belleza sobre la mentira y el vicio. Aunque narra la historia de una emancipación espiritual –y la de la unión trascendente de un hombre y una mujer–, la obra no cesa de retrotraernos al mundo candoroso de la infancia.
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Las moralidades de La flauta mágica se inscriben en el género del “Singspiel”, ya que los números musicales –arias y ensambles– se conjugan con diálogos hablados. En esta producción, tanto el canto como el diálogo se ejecutan en español: la versión es el resultado de un trabajo en conjunto con la Stiftung Mozarteum Salzburg, institución que a la vez custodia y difunde la obra del compositor austríaco. La traducción, además, cuenta con la supervisión del musicólogo Ulrich Leisinger y el padrinazgo del tenor mexicano Rolando Villazón.
La propuesta no carece de precedentes. El carácter popular y maravilloso de esta obra, alejada de los códigos de la ópera seria, la volvió más maleable a las adaptaciones idiomáticas. Recordemos que, en 1975, Ingmar Bergman no dudó en filmar una memorable Flauta mágica cantada en sueco, idioma que, con todas sus diferencias, está algo más cerca de la sonoridad del alemán que el español. (Con menos fortuna, Kenneth Branagh repitió el gesto en 2006: en su película, el Singspiel se canta y se actúa en lengua inglesa. )
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¿Cómo suena La flauta mágica en español, un idioma que no podría ser más ajeno a la prosodia y a la concisión gramatical del alemán? El interrogante no es fácil de responder sin matices: la propuesta seguramente entusiasme a quienes desean aproximar la ópera a nuevos públicos, aunque sin duda enervará a los puristas. Mientras que algunas escenas resultan convincentes y naturales, otras se escuchan algo forzadas. Ciertos pasajes recrean el texto con eufonía y acertada distribución de los acentos; otros enrarecen la sintaxis natural del español y colocan las frases al borde del anacoluto. En cualquier caso, la inmediatez lingüística a la vez borra y refuerza el sistema de convenciones que hace posible cualquier ópera, no sin dejar al desnudo las muchas debilidades del libreto, que la música de Mozart redime casi compás por compás.

Pamina y Tamino en el reino de la ilusión
Desde los acordes solemnes de la obertura hasta el exultante coro final, casi tres horas más tarde, los espectadores y oyentes acompañaron la propuesta con atención y empatía. Apoyado en un elenco vocal de parejo nivel, Emmanuel Siffert estuvo a cargo de la precisa dirección musical de esta primera producción integral que realiza el Teatro desde su inauguración en octubre de 2016.
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Aunque se canta en nuestro idioma, el director de escena Eugenio Zanetti decidió excluir toda referencia localista. Su Flauta mágica más bien nos transporta a un abigarrado universo legendario: ante nuestros ojos desfila una incesante “linterna mágica”, que desafía el tradicional estatismo de la escena operística. Esta clave quedó definida desde el inicio de la obertura, acompañada de una acción escénica que funcionaba casi como un corto cinematográfico: un largo travelling donde se sucedían situaciones de lo más diversas, desde el paseo despreocupado de unas damas hasta una batalla campal, pasando por una nevada repentina y la irrupción de un monstruo terrorífico.

Zanetti es un consagrado artista argentino que sostiene una relación sostenida con la ópera. En el Teatro Colón, supo recrear con éxito Don Carlo de Giuseppe Verdi en 2015 y Fidelio de Ludwig van Beethoven al año siguiente. (Una reposición de su producción de Don Carlo se interpretó el año pasado en el Teatro del Bicentenario.) Pintor, escenógrafo, cineasta y director de arte, Zanetti también está preparando una ambiciosa puesta –cinematográfica en más de un sentido– de Los cuentos de Hoffmann: con ella culmina la temporada lírica 2019 del Teatro Colón, homenajeando a Jacques Offenbach en el bicentenario de su nacimiento.
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Pero el proyecto de esta Flauta mágica es, ante todo, el resultado de una esforzada tarea en conjunto. Al mando de una decena de asistentes y pintores escénicos, el artista noruego Gunnar Ahmer concretó los diseños iniciales de Zanetti. Como resultado de esta colaboración, la puesta presenta una acusada impronta pictórica. (Entre los muchos guiños estilísticos, se encuentran las alusiones a la obra del inglés John Martin, pintor romántico célebre por sus paisajes apocalípticos.) Según los casos, esos diseños plasmados en telones superpuestos exhiben un carácter acuarelado o definen contornos más rígidos. Con la intención de amalgamarse al conjunto, también el vestuario está intervenido pictóricamente.

A través de proyecciones corpusculares, el mapping 3D confiere incesante movimiento a esta superposición de capas y transparencias pictóricas. Así la atmósfera de cada escena aparece atravesada por estrellas fugaces, motas en suspenso, copos de nieve, centellas… Sumado el dinamismo de los actores, lo que prevalece es un constante efecto de travelling, afianzado por el mecanismo rotatorio del escenario. Por lo demás, las aventuras iniciáticas de Tamino y Pamina habilitan sincretismos donde la arquitectura egipcia convive con un pórtico de reminiscencias sufíes, sin que falten símbolos masones, musulmanes y cristianos. Todo entre cielos incendiados, atardeceres sanguinolentos y nubarrones que sólo se disipan al final de esta historia sencilla pero inolvidable.
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* Esta noche a las 21 tiene lugar la tercera y última función de “La flauta mágica”, Singspiel en 2 actos de Wolfgang Amadeus Mozart, en el Teatro del Bicentenario de San Juan (Las Heras 430 Sur). Vestuario, escenografía y dirección de escena son de Eugenio Zanetti. La puesta lumínica es de Eli Sirlin. Marina Silva, Duilio Smiriglia, Laura Pisani, Cristian de Marco y Fernando Lázari encarnan los principales roles. Emmanuel Siffert dirige la Orquesta Sinfónica FFHA / UNSJ y Jorge Romero el Coro Universitario FFHA / UNSJ. La producción se lleva a cabo con el apoyo del Ministerio de Turismo y cultura del Gobierno de San Juan y la Embajada de Austria en Buenos Aires.
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