María Rosa Lojo
María Rosa Lojo

María Rosa Lojo aborda en su novela Solo queda saltar el universo de los inmigrantes que llegaron a la Argentina a mediados del siglo XX, en la piel de dos hermanas españolas expulsadas por la ruptura que produjo la Guerra Civil en ese país. La historia, pensada para el público adolescente y editada por Santillana, tiene como protagonistas a Isolina y Celia, quienes llegan a la Argentina en 1948 desde Galicia luego de la muerte de sus padres y son recibidas por su tío Juan, afincado en Chivilcoy.

Investigadora y autora de 30 novelas, cuentos y ensayos, Lojo se refirió a esta obra que, en sus 152 páginas, condensa una aguda mirada sobre el universo femenino.

En esta novela como en muchas otras que ha escrito vuelve al pasado de los inmigrantes españoles.

“Solo queda saltar” de María Rosa Lojo
“Solo queda saltar” de María Rosa Lojo

—¿Qué la motivó a elegir esta temática?

—Son cuestiones que nos eligen para ser contadas, porque también nos constituyen. Es lo que me pasa con la inmigración, como hija de españoles que llegaron a la Argentina en la posguerra y siempre pensaron que estaban de paso acá. Pero no pudieron regresar a España y murieron en nuestro país. Siempre estoy de alguna manera entre las dos tierras, las dos patrias. Pertenezco a ambas y puedo dar testimonio tanto del desgarramiento traumático, como de la construcción de otra vida posible.

—La novela está marcada por el contexto histórico y la memoria. ¿Por qué le interesó poner en juego ciertos personajes históricos como la figura de Eva Perón?

—Somos nuestra memoria; en esta dimensión se deposita el núcleo de la identidad, de nuestra continuidad como sujetos, y atañe tanto a lo individual como a lo colectivo. Los países se definen por lo que deciden recordar y lo que deciden ocultar, olvidar o negar. Evita está en el libro porque es un personaje gravitante de la época, y porque su visita a España terminó de empujar a muchos españoles hacia estas tierras. Para un personaje como Celia, Evita combinaba el glamour y la belleza de una estrella de cine con el discurso apasionado de una militante política, y la representación, en femenino, de un país rico y promisorio. Tanto Celia como el personaje adulto de Carmen Brey, su mentora también española, perciben sus contradicciones y las del peronismo, no es una imagen hagiográfica. Pero no dejan de advertir su importancia, de verla como "una fuera de serie".

—¿Por qué le interesó contextualizar la figura de Juan, tío de las protagonistas, con la Semana Trágica?

—La Semana Trágica y el anarquismo (que tuvo muchos adherentes entre gallegos que trabajaban en la Patagonia) me parecieron inevitables. La utopía de un mundo mejor, más justo, que empujaba a los inmigrantes, también pagó su precio de sangre en un país donde la violencia política ha sido constante, a pesar de la imagen bucólica de granero del mundo.

María Rosa Lojo
María Rosa Lojo

—¿La cuestión de género unida a situaciones de abuso apuntan a mostrar realidades de la Guerra Civil española o al sometimiento histórico de la mujer?

—Las situaciones de abuso han sido y son por desgracia universales. En las guerras y en todo tiempo, cultura y clase social. Celia lo vive en la guerra. Ignacia dentro de su propia familia. Por supuesto tienen que ver con el sometimiento histórico de las mujeres, pero afecta a todos los sectores minorizados, vulnerables. Ahora se puede hablar del tema, y redirigir la sanción social a los culpables, no hacia las víctimas, que callaban por vergüenza.

—El tema de la diversidad sexual y el de los desaparecidos también están presentes en esta historia.

—Son temas insoslayables de un pasado todavía reciente. La figura inédita del "desaparecido" instauró una verdadera bisagra en la historia argentina. Y sucedió no pocas veces que quienes se habían salvado de las guerras europeas perdiesen a sus hijos en nuestro país, en el contexto del terrorismo de Estado, como ocurre en esta novela. En cuanto a la diversidad sexual, existió siempre, aunque hasta hace no tanto tiempo ni se la visibilizaba ni se la toleraba. Lo nuevo, afortunadamente, es la aceptación. Esperemos que siga respetándose ese derecho.

Fuente: Télam

 

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