
Dyango lleva sus 86 años como si la edad no importara. El legendario intérprete de la música romántica y el tango comparte anécdotas, sonrisas y recuerdos en una charla distendida con Teleshow en Buenos Aires. Mientras disfruta de un tostado y una gaseosa en la tarde palermitana con la compañía de Mariona, su pareja en los últimos 51 años, el cantante catalán saca a relucir su impronta futbolera y recuerda su vínculo con el club Barcelona (“soy socio y fanático”), reciente campeón, lamenta que no haya llegado a los 100 puntos en el torneo y anota en el grabador una inolvidable historia con la familia de Lionel Messi: “El papá de Messi una vez me dijo por radio: ‘Tú tienes una parte importante en Messi’. Cuándo le pregunté por qué, contó que con su esposa escuchaban mis canciones en los momentos más álgidos del amor”, relata el artista entre risas.
Su actual presencia en Argentina es el preludio para una extensa gira por América Latina, que tendrá un importante segmento en nuestro país: 14 conciertos que incluirán dos (por ahora) en el teatro Gran Rex de Buenos Aires, el 4 y el 7 de octubre. Así, una vez más, reafirmo su vínculo único con el público local, que comenzó con su primera visita en 1968, hace 58 años. El intérprete repasa sus próximos pasos: “Primero la gira por América: Santo Domingo, varios puntos de Colombia, Perú y Chile. Luego, el regreso a Buenos Aires, donde seguro agregaremos más conciertos, porque siempre pasa”.
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En diálogo con Teleshow, el artista repasa su historia, sus pasiones y su mirada sobre la música actual.
Entrevista exclusiva: la voz de Dyango
—Estás nominado nuevamente a los premios Gardel (Mejor Álbum de Música Romántica Contemporánea por “Su amigo Dyango Vol I). ¿Qué significa esta nominación?
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—Ya lo estuve hace unos años, con un disco de tango que grabé con Carlos Franzetti, que es el arreglador más importante, o uno de los más importantes, de Argentina. Fue una maravilla, con la Orquesta Filarmónica de Praga, pero no ganó. Esta vez estoy nominado otra vez; si Dios quiere, a lo mejor gano, pero hay mucha competencia, muy buena también.
—La relación tuya con el tango viene de niño, ¿no?
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—Conozco de tango más que los propios tangueros. Ya desde los cuatro años, mi mamá me enseñaba tango de Gardel, de Irusta, Fogazzaro y D’Amore, gente muy popular en Barcelona. Ella conocía todas las canciones, y yo las cantaba en concursos de niños, siempre ganaba. Yo cantaba tango, los otros cantaban temas de su edad, pero yo me inclinaba al tango.
—¿Y tu mamá, por qué tanto amor por el tango?
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—Mi madre, porque estaba de moda. Ella conocía todas las canciones. Había canciones que yo las he cantado aquí, y no las conocía nadie.
—Tuviste una relación muy cercana con Goyeneche. Son dos “gargantas con arena”. ¿Qué recuerdos tenes de él?
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—Fuimos amigos de corazón. Lo trataron muy mal aquí, no podía ser que un cantante tan grande trabajara en tres o cuatro cabarets por la noche, casi sin público. Y cantaba dos, tres canciones y se iba a otro cabaret, y así toda la noche. Yo lo acompañaba y me dolía que no se le reconociera. Acá el Polaco ha sido famoso y muy querido una vez desaparecido. Para mí fue el mejor cantante de la historia. Otros dirán: “No, y Gardel, ¿dónde lo pones?” Como una vez en una emisora me dijeron: “No digas eso porque Gardel aquí es muy querido y el Polaco no”. Óigame, es lo que yo siento, ¿qué quiere que le diga? ¿Mentiras ahora?

—¿Qué tango te marcó más?
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—Uno que me cantaba mi mamá: “La noche de Reyes”. Imagínate, un niño de cuatro años cantando un tango donde se mata a un personaje, donde el personaje engaña al otro. No sabía lo que hacía ni lo que decía. . También grabé “Sur” con Goyeneche; ese es uno de mis favoritos.
— También colaboraste con muchos artistas argentinos últimamente.
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—Hice un dúo con Ángela Leiva, estamos grabando el segundo disco. Tapari también canta muy bien, y con Pimpinela, claro. Me cuesta recordar nombres, pero hay muchos.
—¿Hay algo de la música nueva, la música urbana, que te atraiga?
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—No hay nada que me guste de lo que pasa en lo musical con la juventud ahora. Soy músico de profesión, estudié en el conservatorio, soy trompetista, violinista también. Ahora vienen con el reguetón, es algo que no soporto. Pero, por suerte, mis canciones siguen gustando mucho en América y, sobre todo, en este país.
—¿Crees que la música va a dar toda la vuelta y volverán las melodías?
—Tiene que ser así, porque lo que se está haciendo no es música. Puede que dé la vuelta y que vuelva la música romántica o la música de amor, o, por ejemplo, el tango, el jazz, la música clásica, el bolero, sobre todo el tango.
—¿Y el rock?
—Me gusta, pero es otra historia. Son historias cantadas con más agresividad, pero son cosas buenísimas dentro de la música, claro.
—La música te marcó desde los ocho años, ¿no?
—Empecé en el conservatorio a los ocho años. Mi padre era músico. Ahora mis hijos también están todos en la música: hay dos cantantes, un técnico de sonido y, bueno, uno es chef. Hasta mi nieto canta maravillosamente bien.
—Claro, el que estuvo en la serie de Luis Miguel. ¿Te gusta que tus hijos y nietos sigan tus pasos?
—No hay mucho que hacer, la música tira mucho. Si me hubiesen dicho que no iba a ser músico, yo me muero. Hasta hoy me emociono con el jazz, la música clásica, el tango. Todo ha sido importante, como (Armando) Manzanero, que era íntimo amigo y cuya música canté mucho.

—Llevas cincuenta y un años junto a Mariona. ¿Cómo la conociste?
—Yo ya estaba casado y tenía cuatro hijos, pero apareció Mariona, mucho más joven. Adiós. Eso fue hace cincuenta y un años, y con ella no tuve hijos. Me decía que su hijo soy yo (risas). Tenía una figura brutal, la vi bailando en un sitio donde la gente daba una vuelta muy lentamente y de tanto en tanto pasaba ella y yo decía ‘madre mía, qué culo’. Me quedé paralizado y fui directamente a por ella. Y eso que estaba casado, pero quizá estaba mal casado, no sé... Pero encontré la mujer de, de mis sueños, de mi vida.
—¿Cuál es el secreto de ese amor?
—Es ella, con su bondad. Me cuida como si fuera un niño recién nacido. Es una mujer espectacular, y sigue siendo muy guapa.
—Pensaste en retirarte alguna vez, pero seguís.. acá diríamos que tenés más despedidas que los Chalchaleros...
—(Ríe) Es que tuve un momento difícil, tenía no se qué cojones, algo en la espalda. Me operaron así, pim, pum, venga (chasquea los dedos) Y a la calle. Dije: ¿y qué coño hago ahora? Pues dije, ‘perdón, les dije una mentira, voy a seguir cantando’. Recuerdo a Los Chalchaleros, esos fueron únicos, porque dijeron veinte veces que se iban (risas).
—¿Cómo te preparas para los shows con...
—(interrumpe y ríe) Dilo: ¡con 86 años! Pues no me preparo de ninguna manera. Canto y canto. No importa si me cuesta moverme en el escenario, si tengo que cantar sobre un taburete, lo esencial es cantar. Que la voz siga intacta es una suerte enorme, ¿no? Lo hago bien gracias a Dios y la gente lo agradece.
—¿Cómo cuidas tu voz?
—No la cuido para nada. Lo único es una nebulización antes de actuar y me resulta fantástico.

—Desde 1968 que venís todos los años a Argentina, excepto en pandemia. ¿Por qué ese lazo tan fuerte con nuestro país?
—La gente aquí es muy sensible, sobre todo por el tango, que es una obra de arte. Argentina es el único país al que vuelvo todos los años. He cantado en lugares donde la gente no tenía dinero. Fui a San Justo, Morón, a los pueblos. También hice una canción especial para Gilda, que me llegó al alma.
—¿Te queda algún sueño o proyecto pendiente?
—Seguir grabando. Música nueva, cosas mezcladas con jazz y melodías. Me doy cuenta de que lo sigo haciendo bien, y hay que reconocerlo. El día que me pase que no pueda cantar, ese día será mi final.
— ¿Y te vas a dar cuenta solo o te lo van a tener que decir?
— De momento, estoy aquí, cantando.
Fotos: Gustavo Gavotti
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