¿Se puede aprender a ser escritor? (iStock)
¿Se puede aprender a ser escritor? (iStock)

El salón de la Asociación de Amigos del Museo de Bellas Artes comenzó a poblarse, la noche en ciernes, por escritores, lectores, talleristas, alumnos de talleres y editores de algunas de las principales editoriales del país. Se celebraba la salida de un nuevo número de la revista-libro La Balandra que desde 2011 está en las calles. Sin embargo, no se trata de una revista literaria de críticas, reseñas y opiniones del escritor como intelectual, como se estilan habitualmente, sino que se trata de una publicación que brinda herramientas, trucos, discusiones sobre el oficio de escribir. Por caso, el último número presentado lleva en tapa la cuestión de qué hacer con el bloqueo frente a la página en blanco, que es un tema habitual entre los que escriben, pero que no se plasma en discusiones públicas sobre el asunto.

Alejandra Laurencich, directora de la revista y autora de Lo que dicen cuando callan (que recopila sus cuentos) y El taller (ya un clásico sobre enseñar a escribir), cuenta a Infobae Cultura: "Carlos Costa, uno de mis alumnos de supervisión de textos, me mandó en 2010 un mail diciendo que quería hacer una revista literaria y que yo la dirigiera, que él la financiaba. Entonces consulté a amigos, que me decían de hacer una revista literaria más tradicional, pero yo quería escribir sobre la trastienda del escribir. Creo que no me equivocaba: la revista salió en 2011 y tiene siete años y se la recomiendan entre autores que no tienen necesidad de taller, pero que sí ven en los contenidos herramientas que no se discuten mucho en sus escritorios frente a sus computadoras cuando escriben".

Staff de la “La Balandra”
Staff de la “La Balandra”

Usted misma da talleres. ¿Quiénes asisten a ellos?

–Sí. A las personas que quieren ingresar a uno les pregunto qué lecturas tienen, qué compromiso y vinculación tienen con la literatura. El requisito es que no sea sólo un hobby, sino que realmente los impulse en la vida. A veces hay gente que me dice que escribe desde los diez años y entonces charlamos y lo ubico en talleres más avanzados. Y también realizo supervisión de obra, cuando escritores quieren tener una mirada extra sobre su obra en proceso. Es como tener un editor permanente.

¿Enseña a ser un escritor?

–Yo no creo que se pueda enseñar algo así. Se puede enseñar el oficio, los recursos y los trucos, abrir la cabeza en cuanto a miradas. Es como enseñar a disfrutar una obra de arte. Pero el ser escritor implica un vínculo con la literatura muy personal. No me propongo hacer escritores, sino crear vínculos con la literatura entre la gente que asiste a mis talleres que sean fuertes, diarios y de disfrute de la literatura.

Elsa Drucaroff (Jose Nicolini)
Elsa Drucaroff (Jose Nicolini)

Elsa Drucaroff, autora de Conspiración contra Güemes y profesora en la UBA en la carrera de Letras, dio el primer seminario de escritura creativa en esa facultad. "Lo hicimos en 2015 y 2016, cuando la Junta Departamental aprobó el proyecto. Era una carencia en la carrera donde muchos alumnos ingresan porque tienen inquietudes literarias en cuanto al escribir, pero que eran desalentados por el mismo programa de Letras".

Muchos estudiantes salen del secundario pensando que ir a Letras les dará herramientas para ser escritor.

–Claro. Y no es así. Por eso los seminarios, que se siguen dando, tenían una asistencia muy grande por parte de estudiantes e incluso de graduados. Se reclamaba a la carrera que también sensibilice sobre capacidades productivas de la lengua. Letras además forma docentes y un docente de lengua y literatura tiene como objetivo que sus estudiantes se empoderen de sus capacidades creativas. Había un prejuicio que decía: "nosotros no podemos formar escritores porque escribir no se aprende". Pero se enseña a tocar la guitarra sin la necesidad de que el alumno luego sea Pappo, se enseña el piano sin que el alumno sea luego Martha Argerich. Lo mismo ocurre con la escritura: nadie va a enseñar a ser Virginia Woolf, pero sí podemos enseñar técnicas de escritura. El que tenga esas capacidades lo aprovechará. Los grandes escritores han pasado por la escritura: para hablar sobre textos, lo mejor también es atravesar esa experiencia. Desde David Viñas, Ricardo Piglia a Roland Barthes se muestra que se puede ir de la crítica a la escritura o al revés.

En Estados Unidos las universidades tienen la carrera de Escritura Creativa.

–Eso sucede porque tienen esa cosa sajona de que todo es un trabajo, originada en el protestantismo. Es que de otro modo parece que escribir se hace respirando profundamente y con una mirada muy aristocrática. Hoy por hoy, la carrera de Letras es más una carrera de lectura y no de escritura y por eso existen tantos talleres literarios, que yo también doy. Pero hay muchos elementos para que se pueda analizar cómo se escribe por parte de la misma producción de escritores. Desde textos de Patricia Highsmith a Stephen King reflexionan sobre sus métodos de escritura y escribieron sobre ese tópico, que tiene problemas teóricos hasta de praxis.

Agustina Bazterrica (Martín Rosenzveig)
Agustina Bazterrica (Martín Rosenzveig)

Agustina Bazterrica ganó en 2017 el premio Clarín de novela por Cadáver exquisito, que ha sido traducido ya a varias lenguas, y asistió a talleres y también da talleres de escritura. "Fui a muchos y conocí a todo tipo de talleristas y de alumnos. Entre los alumnos hay quienes quieren profesionalizar una escritura, otros con ego desmedido van porque quieren ser adulados, otros que van porque sí –cuenta a Infobae Cultura–. A mis talleres grupales va un máximo de tres personas, son grupos chiquitos para evitar dramas y evitar que haya gente tóxica que contamine el taller. Yo he presenciado peleas, gente que se va por eso. Alguno de mis grupos está compuesto por señoras que no tienen aspiraciones de hacer una carrera, pero sí de compartir sus textos y tratar de llegar a una mejor versión de ellos entre todos. Se trata de gente que ama leer y hay gente que recién empieza y otros más avanzados. Entre los que recién empiezan tal vez es difícil que tengan un cuento brillante, pero de un cuento malo con la elaboración colectiva luego queda un cuento regular pero que al lado de la primera versión es mejor y entonces muestra que se ha aprendido algo.

¿Y si detecta un asistente que tiene potencialidades para ser un verdadero escritor?

–Ahí se le puede ofrecer un taller individual. Se trata de observar los procesos. Me siento un poco una psicóloga. Además, como escritora, al tomar los textos de los alumnos y hacer un análisis ya estás aprendiendo un montón. Entonces es un ida y vuelta.

Ignacio Molina, autor de El cuarto deseo, brinda talleres desde 2012. "Era una idea que tenía desde muy joven. Un día un editor me preguntó: '¿vos das, no?', y entonces le dije que sí, y lo hice. También es un recurso laboral, pero sobre todo me gusta mucho. Actualmente tengo cuatro grupos de escritura por semana.

¿Y enseña a ser escritor?

–No sé si se puede, no es tan lineal. Alguien puede enseñar a hacer una mesa, y será una mesa. La escritura no sé si se puede enseñar, pero sí se puede aprender leyendo mucho, tratando de escribir, mostrándolo, corrigiendo. A los talleres va gente a conocer otra gente que está en la misma y se convierte en algo colectivo. Hay quienes vienen con la intención de profesionalizarse en esto y otros no tanto. Entiendo que en los talleres se aprende a leer, algo que es fundamental a la hora de escribir.

Roque Larraquy
Roque Larraquy

Pero finalmente la escritura llegó a la academia. La Universidad Nacional de las Artes tiene, desde 2016, la carrera de Licenciatura en Artes de la Escritura. Infobae Cultura conversó con el director de la Carrera, Roque Larraquy, también autor de La comemadre. "La carrera dura cinco años y el título es de licenciado en artes de la escritura. La UNA identificó una carencia en la oferta académica que era la formación artística en escritura. Para llevarla adelante se realizaron investigaciones de carreras preexistentes. No es arbitrario que no se llame "escritura creativa", que es una noción bastante norteamericana. El plantel de la carrera está formado por escritores.

¿Por qué no existía una carrera académica de escritura?

–Me resulta un misterio, en principio lo puedo explicar como un prejuicio en el tiempo que piensa en la escritura como una emanación del más allá y al escritor como un poseso por un espíritu diabólico que le permite escribir. Esta carrera pone en juego que se puede entrenar y ejercitar mediante un plan sistemático en la práctica y la reflexión crítica y teórica sobre la escritura.

¿Cómo es la currícula de la carrera?

–Está formada por materias taller que están a cargo de escritores donde los estudiantes ejercitan diferentes modalidades de la escritura, desde la narrativa, la poesía, la dramaturgia, la narrativa audiovisual, la crónica. Es un espectro muy amplio. Se trata de ofrecer un recorrido integral, que otorgue las herramientas más diversas para tomar una decisión de un camino. Volviendo a la pregunta anterior, si las universidades creen posible formar filósofos, psicólogos o ingenieros, resulta absurdo que no se puedan brindar herramientas para enseñar la escritura.

¿Qué tipo de alumno asiste a la carrera?

–Una cosa feliz es que el público es de una gran diversidad etérea como de formación. Hay estudiantes que salen de la secundaria junto a personas de ochenta años y junto a escritores que tienen libros publicados. La diversidad es muy amplia.

Santiago Llach (Manuela Martinez/Eterna Cadencia)
Santiago Llach (Manuela Martinez/Eterna Cadencia)

¿Y la poesía? Esa forma de intervención sofisticada sobre la palabra, ¿se puede enseñar? Infobae Cultura conversó con Santiago Llach, poeta (o "ex poeta", como dice llamarse él mismo y autor de La raza, entre otros libros) sobre este tema: "Pedro Mairal dice que la poesía es el jazz de la literatura. Es el género más experimental, que más énfasis pone en el lenguaje, en el que el lenguaje reflexiona sobre el lenguaje mismo y donde lo sonoro de las palabras se pone en juego. Creo que es también el género más arbitrario. Si le das diez cuentos a un lector más o menos formado, seguro va a tener una valoración positiva sobre alguno de ellos. Si le das diez poemas, hay quienes estarán de acuerdo en que les gusta y otros que les parecerán una bazofia, una ridiculez, y a otros grandes poemas. El cuento, por convención, tiene una estrucutura narrativa reconocible. En la poesía habita algo más arbitrario que la acerca a un estado prelingüístico, al niño cuando adquiere el lenguaje".

¿Cómo enseña a escribir poesía?

–En mis talleres hay poesía y prosa. Creo que la poesía es una gran escuela para los prosistas. La prosa también tiene una música, una atención detallada al sonido que ayuda al narrador. La lectura de poesía es un gran consejo para los narradores. Y creo que quienes escriben poesía deben leer todo tipo de poesía. Desde los contemporáneos a los clásicos, pasando por la vanguardia. Si bien la vanguardia ya no es leída como en conjunción para fundar una sociedad o una literatura, sus alcances siguen siendo actuales. El ejercicio de la escritura automática sigue siendo valorable. Existe un cliché sobre el poeta como alguien torturado y oscuro. Y si bien los clichés son necesarios, en el duro y escarpado camino de la escritura y la lectura es posible encontrar un tono personal que permita escribir tanto poesía como narrativa.

Borges nunca fue a un taller literario, pero él mismo decía que era mejor lector que escritor. Seguramente, pocas personas piensen de sí mismas que serán como un Borges. Pero también es seguro que existen muchas personas que quieren aprender o perfeccionar su forma de escribir. Y eso sí se puede. Quizás no Borges, pero por qué no un Stephen King, igual de genial y más prolífico y popular escritor. Y de mayores ingresos monetarios. Piénselo, lector que escribe: asista al taller literario o a la carrera de escritura más cercana a su domicilio, que puede ser una decisión provechosa.

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