Victoria Ocampo estaba en París en 1946 cuando la Comisión Preparatoria de la UNESCO se trasladó de Londres a la capital francesa. Allí pasaba sus vacaciones desde que era una niña con su familia y también allí se formó intelectualmente. No eran buenos tiempos: en aquel entonces, el mundo aún tenía los nervios de punta por las esquirlas de la Segunda Guerra Mundial. Había terminado en 1945 y, meses antes, diciembre de 1944, la ocupación nazi en Francia llegaba su fin. La creación de la UNESCO era una intención, el modo en que los países centrales se proponían construir una utopía de cooperación.

"Por casualidad, pero también por las circunstancias, Victoria se encontró con el director de la UNESCO, el gran científico Julian Huxley, y de hecho se hizo amigo de él, y empezó a ver, leyendo el acto constitutivo de la UNESCO, que había mucha sintonía, muchas afinidades entre sus valores de defensa de la diversidad, de aceptar al otro, aceptar opiniones diversas. Victoria Ocampo era una gran defensora de la libertad de expresión, uno de los temas fundamentales del UNESCO", le cuenta a Infobae Cultura, mientras la cámara lo enfoca de frente, el abogado francés Frédéric Vacheron, director del Programa Observatorio Villa Ocampo, la casa de San Isidro que la escritora argentina donó a la UNESCO, y especialista del Programa de Cultura para el Cono Sur (Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay).

Cuando Huxley viene en 1947 a la Argentina, Victoria Ocampo es quien organiza su gira y quien lo guía entre intelectuales, artistas y científicos locales. "Ella siempre decía había pasado su vida haciendo UNESCO sin saber", cuenta Vacheron y da dos definiciones: la Villa Ocampo es "la antena de la UNESCO", y la UNESCO, "la agencia intelectual de las Naciones Unidas". Entonces aparecen las preguntas: ¿cómo pensar la cultura desde un organismo internacional que, además de tener la formalidad de una institución, se construye desde la imparcialidad?

Victoria Ocampo
Victoria Ocampo

Hay una serie de conceptos que la UNESCO se ha encargado de desarrollar o, al menos, acompañar a los Estados en esa dirección. Uno de ellos es el de diversidad. "Si bien hubo reconocimiento de los derechos culturales en los diferentes pactos de derechos humanos o en la propia Declaración Universal del 48, hubo la necesidad de precisar qué significa la diversidad cultural y cómo se articula con otros campos de las políticas públicas como la educación y el desarrollo. De manera general las constituciones, especialmente las constituciones latinoamericanas, poco a poco integraron ese concepto en su contenido para asegurar que no haya una dominación de una cultura sobre otra y que haya una política de lo que llamamos pluralismo cultural. ¿Y qué es el pluralismo cultural? La gestión de la diversidad cultural", dice Vacheron.

"Vemos que en la globalización a veces los aspectos puramente económicos o mercantiles pueden entrar en contradicción justamente con la preservación de esa diversidad, porque hay un fenómeno de homogeneización, de buscar un modelo único donde la diversidad cultural no necesariamente se potencia. Ese es un gran desafío", continúa.

En la misma línea, describe que "hoy, los desafíos de la educación, especialmente cuando hablamos de la importancia de, por ejemplo, la inteligencia artificial y muchos conocimientos, tienen que ver con, esto lo dicen los expertos de la educación, cómo formar gente en profesiones que a veces no existen todavía. El mundo cambia tan rápido. Sabemos que las generaciones actuales y futuras van a tener que cambiar de profesiones constantemente a lo largo de la vida. Eso es un desafío para el sistema educativo, que tiene que darte estabilidad: poder adaptarte a un mundo que está en constante cambio y donde tienes que aprender a lo largo de tu vida y no solamente en el período escolar o universitario".

Por otro lado, agrega que "en los últimos años hubo una evolución interesante. Por ejemplo, los países ratificaron nuevas convenciones internacionales como el patrimonio inmaterial, que si bien existía como concepto, no estaba implementado en las políticas culturales. Hubo una ampliación con una definición mucho más antropológica y no solamente una visión de la cultura como bellas artes y el patrimonio como la arquitectura o el patrimonio arquitectónico natural".

Frédéric Vacheron (Crédito: Santiago Saferstein)
Frédéric Vacheron (Crédito: Santiago Saferstein)

Frédéric Vacheron comenzó a trabajar en la UNESCO en 2003, en la oficina de La Habana. Cinco años después llegó al sur, a la oficina regional de Montevideo donde le tocó, viajes mediante, dirigir el programa de la Villa Ocampo. Ahora, con su acento francés impregnado en el habla, piensa en los países que estudia cotidianamente para diseñar políticas públicas, desentramar su compleja identidad cultural y destrabar los conflictos que la encorsetan. Aunque siempre prolijo y correcto —su traje lo demuestra—, se pregunta por "el papel de la academia, de los intelectuales, de los escritores en todos los desafíos del planeta. Y Victoria ya tiene reflexiones".

"En 1973 —sigue sobre la escritora argentina— decide donar la casa a la UNESCO y hoy la Villa Ocampo son varias cosas: la antena de UNESCO que permite articular nuestro trabajo con toda la Argentina; pero es también un museo porque hay tanto que ver, como los once mil libros, las fotos de Victoria, toda su obra está todavía en esta casa; es un lugar de investigación porque hay un centro de documentación que es memoria del mundo, ofrecemos a los estudiantes, docentes e investigadores; y sobre todo es un programa, porque hoy es un observatorio cultural donde invitamos a escritores, intelectuales y científicos para seguir esa reflexión que Victoria Ocampo ha llevado a cabo toda su vida".

La UNESCO, desde luego, tiene en cuenta la política internacional, sobre todo si es que la entendemos como una red de relaciones que se confecciona milimétricamente en material cultural. Tanto Estados Unidos como Israel anunciaron su salida del organismo, aparentemente motivados por cómo se trata la cuestión de Palestina. Para Vacheron, ésto "es una gran tristeza para la comunidad internacional, porque la UNESCO no es un país. Es de todos, y es un sueño para que la humanidad colabore y no se enfrente". Asegura también que se trata de "una amputación de este sueño" pero que "tenemos la esperanza de que van a volver". "Hay una ética global que hay que seguir trabajando", concluye sobre el tema.

Entonces arremete con "que la cultura tiene un papel en la diplomacia, un papel para asegurar la paz y el desarrollo en el mundo. No es algo que viene después de las prioridades esenciales del hombre, es fundamental para tener cualquier proyecto de desarrollo que sea personal, que sea colectivo, que sea local, que sea nacional o internacional. Y por eso se logró adoptar convenciones internacionales, se logró adoptar conceptos como el de patrimonio de la humanidad, que hoy a lo mejor, a pesar de que es abstracto, es bastante obvio. Imagínate en los años después de la Segunda Guerra Mundial cuando estaba el mundo en un proceso de descolonización, con los nacionalismos y la identidad nacional, y la UNESCO viene con el concepto de que el patrimonio es toda la humanidad. Ahí hay algo casi atrevido en esa propuesta, y sin embargo Victoria Ocampo lo dice bien: no es una contradicción decir que hoy la Quebrada de Humahuaca, las Estancias Jesuíticas de Córdoba o el Glaciar Perito Moreno son patrimonio de la humanidad, y al mismo tiempo son parte de la identidad y de la cultura argentina."

Ante la pregunta sobre cómo pensar la cultura desde lo institucional, desliza otro interrogante: cuál es el papel del Estado en lo cultural. "Es difícil pensar —sostiene en esta entrevista con Infobae Cultura— que hay una cultura oficial porque de cierta manera estás cuestionando la libertad cultural. Entonces justamente lo que vemos es que el papel del Estado o de las políticas o de los gobiernos es crear un entorno favorable para que las fuerzas vivas del país, de la municipalidad pueda tener esa posibilidad de expresarse, crear y producir. Porque el acceso a la cultura, según el artículo 20 de la Declaración de Derechos Humanos no es solamente una acción pasiva de acceso, es también ser productores. Y para ser productores hay que tener acceso a herramientas, porque hay una cierta desigualdad en las condiciones para crear".

 

* Por estos días, el observatorio UNESCO-Villa Ocampo y el Instituto Italiano de Cultura de Buenos Aires celebraron el Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo con la muestra "Sicilia, sitios del patrimonio UNESCO" de Francesco Ferla. Se la puede visitar de viernes a domingos y feriados de 12:30 a 19 horas hasta el domingo 24 de junio inclusive en Elortondo 1837 (Béccar, Buenos Aires).

 

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