(Pablo Piovano)
(Pablo Piovano)

"Hace varios años que no doy más talleres literarios", dice este hombre, maestro de escritores por cuyos espacios confluyeron una cantidad muy grande de escritores de la narrativa actual, desde Claudia Piñeiro a Ángela Pradelli. Lo dice mientras camina por las calles del Bajo rumbo a uno de sus bares clásicos, el Florida Garden, reducto de artistas, bohemios y servicios de inteligencia. Uno de los bares que recorre la narrativa de Antonio (Planeta), su último libro. Guillermo Saccomanno sugiere ir al piso superior y pide un té antes de sumergirse en una conversación sobre el texto que publicó editorial Planeta y que es una conversación con Antonio Dal Masetto (Oscuramente fuerte es la vida, La tierra incomparable, Fuego a discreción) escritor y amigo suyo fallecido en 2015. Un escrito que es una forma del duelo y un retrato del escritor porteño, no cachorro, pero sí envuelto en las discusiones que hacen a la literatura, sus ambientes y merodeos, el alcohol, la noche, las fiestas, pero sobre todo el silencio.

Un silencio que Saccomanno conoce bien. Hace dos décadas que vive en Villa Gesell. El autor de El buen dolor y Cámara Gesell alguna vez habitó una casa frente a la playa, ahora se encuentra a cinco cuadras del mar. Sin embargo, el paisaje marino y su silencio forman parte de su método y de él. "Es un réquiem, una confesión, una conversación, una despedida", dice a Infobae al definir un libro atravesado por la amistad y que logra conmover al lector desde las primeras páginas hasta el final, un final que se conoce desde antes, que es la muerte del protagonista, a quien se interpela en segunda persona, a quien van dirigidas esas palabras.

Tapa del libro homenaje de Saccomano a Antonio Dal Masetto
Tapa del libro homenaje de Saccomano a Antonio Dal Masetto

Dice Saccomano: "Con Antonio fuimos muy amigos y vivimos en este barrio mucho tiempo, cuando había mucha movida por acá. Era un hermano mayor y un compinche. Nos cuidábamos mutuamente, teníamos un intercambio de nuestros textos que no era el que se espera, porque a veces al entregar un texto el escritor espera el aplauso, pero el aplauso es lo peor que puede ocurrir. Cuando editaste ya no te salva nadie, estás ante los perros, como decía Arlt. Con el Tano nos leíamos los textos, nos hacíamos marcas, nos criticábamos. Antonio terminó su última novela una semana antes de morir. Puso el punto final y una semana después murió. 'Papá quería que te hicieras cargo vos', me dijo el hijo de Antonio. Curiosamente me llegó esa novela cuando yo estaba terminando este libro. Es un libro sobre él que ensambla con esa última novela suya que estuve leyendo luego de su muerte. Yo creo que mi texto es una muestra de amor viril. De una solidaridad y de una manera de entender la vida y el oficio".

Con el Tano nos leíamos los textos, nos hacíamos marcas, nos criticábamos

Antonio es también es el retrato de una época. En las páginas aparecen personajes como Miguel Briante, Osvaldo Soriano, Juan Forn, que en aquellos años era editor de Planeta, Rodrigo Fresán. Un retrato de una época y de una forma de vivir y escribir o de vivir escribiendo, mejor dicho, que transcurre también en un paisaje, que es el Bajo porteño.

"En el edificio en el que yo vivía también estaba Arturo Carrera, a la vuelta vivía Alberto Fischerman, Rodrigo vivía en la otra cuadra frente a Filo, el Tano vivía más abajo, por Reconquista y Paraguay, Pablo Suárez tenía su taller en aquella esquina", recuerda Saccomanno sobre aquellos años 80 y 90. "Los sábados en el Bárbaro nos encontrábamos todos, escritores, pintores, toda una banda. Creo que fue la última época de los bares solidarios, no de happy hour, bares en los que ibas y te encontrabas con alguien". Una época en la que las zonas también señalaban diferencias que emulan a los clásicos grupos de Boedo y Florida, aggiornados a su tiempo. "Sin duda era más canchero ser intelectual por el Bajo que en el bar La Paz -dice-. La Paz era más progre careta. El Bajo todavía era reo. Cuando yo descubrí el Bajo todavía estaban los piringundines, los puticlubes con las luces rojas. Después se palermizó".

(Ale López)
(Ale López)

Antonio Dal Masetto fue un escritor que logró la consagración con varias novelas y libros de cuentos que eran leídos de manera masiva por el público de aquellas décadas. También llegaba a la masividad mediante sus contratapas de Página/12, que se llamaban Gente del Bajo. "Tenía un prestigio y una consagración, pero tenía una idea de la soledad saludable, del apartamiento -señala Saccomanno-. Ricardo Piglia editó a Andrés Rivera, a Briante y al Tano. Era reconocido como un gran escritor, pero aún cuando tuvo picos de trascendencia, nunca se comió el showbizz". 

-Ya no quedan intelectuales así -afirma.

-¿No considera que Beatriz Sarlo es una de las exponentes de esa forma de ser intelectual?

-Sarlo es una señora con buenas intenciones. Un intelectual es Eduardo Grüner u Oscar del Barco. Del Barco tiene unos ensayos sobre el lenguaje y el desierto que son originalísimos. Grüner tiene ensayos sobre estética y cuestiones políticas que me causan admiración por su capacidad de arrojo.

Y entonces comienza la conversación sobre política.

-Nosotros no tendríamos este gobierno si el gobierno anterior hubiera profundizado la conciencia de clase, cosa que nunca le interesó -afirma Saccomanno-. En la medida que la clase trabajadora no se plantee como eje transformador y no se plantee tumbar a "los gordos", entonces pasa esto. Macri es un resultado de lo anterior. Por otro lado, es un hijo del Proceso, la fortuna del padre viene de la dictadura. Frente a esto no hay intelectuales que interpelen estas cuestiones. No se ve la profunda marca ideológica que estos tipos están dejando en la sociedad. Han logrado la derechización de amplios sectores. Hay varios sectores que fueron beneficiados por el kirchnerismo y votaron en su contra, es algo que hay que analizar. El negro peronista que andaba en patas y que llega a tener un tallercito con dos peones rápidamente se siente Paolo Rocca. Su mujer se siente Susana Giménez; si pueden mandarán a los hijos al Cardenal Newman y van a veranear en Miami. Esta es la conciencia de clase que tenemos hoy.

Hay varios sectores que fueron beneficiados por el kirchnerismo y votaron en su contra, es algo que hay que analizar

-¿Pero el momento más combativo de la clase trabajadora no fueron los fines de los sesenta, cuando mejor les iba a los obreros?

-No. Creo que tiene que ver con la guerra fría, con el predominio norteamericano de aquella época. Esa combatividad formaba parte de una ola mundial.

Saccomanno tiene una mirada severa sobre el estado actual de las cosas. Sigue hablando de los efectos de la política sobre la sociedad y la creación.

-Esta situación afecta nuestra cultura. Se hizo el Festival de Literatura (N. de R.: se trata del FILBA) cuyo tema era la violencia y no se mencionaron las masacres de la Patagonia. Me parece bárbaro que haya un Braun bueno (N. de R.: se refiere a Pablo Braun, director del Festival y de la editorial Eterna Cadencia). Que tenga una editorial y una librería. La movida que hace me parece sumamente interesante. Pero dedican el FILBA a la violencia, ¿y no hay un premio a Osvaldo Bayer? ¿O se trata de no nombrar la soga en la casa del ahorcado? Es muy fácil hablar de la violencia en abstracto. La violencia la veo acá. Cuando voy a Retiro -y ando con frecuencia porque cruzo por Retiro varias veces al mes-, es El Paso mexicano. Cuando llegás a Gesell ves que es una ciudad densa. Tiene un cordón periférico muy intenso. Una piba de un juzgado de ahí me contaba la cantidad de expedientes por abuso, por violencia doméstica. Tenemos que pensar estos temas también hoy.

(Pablo Piovano)
(Pablo Piovano)

La conversación con Infobae vuelve a su libro, que también ronda los caminos del alcohol.

-El alcohol es la muleta fatídica de los escritores -dice Saccomanno-. Algunos no chuparon tanto, Soriano no chupaba tanto, Mempo Giardinelli tampoco. Pero yo recuerdo noches con Miguel Briante y el Tano que eran muy largas, pero con la conciencia de que eso atentaba contra la literatura. Ahí es cuando nos llamábamos y nos cuidábamos. A mí no me interesan las novelas donde aparece el escritor borracho o drogón, son síntomas de exhibicionismo. A medida que pasan los años y se toma con mayor seriedad el oficio del escritor uno se hace consciente de esto. Y entonces se adquiere la disciplina. Yo me despierto a las cinco, me hago un jugo de naranja y empiezo a escribir. Ni agarro el diario. Después, a las once, salgo a la playa a hacer ejercicio, a caminar. Después está la tarde para corregir y la noche para seguir corrigiendo, pero las horas más luminosas para mí son las de la claridad matinal. Y el alcohol conspira contra esa disciplina. Hemingway decía que el alcohol genera más víctimas entre los escritores que cualquier guerra. Eso que me encanta chupar. En casa tengo una botella de bourbon, una de ron, pero trato de no darle, a menos que sea necesario.

A mí no me interesan las novelas donde aparece el escritor borracho o drogón, son síntomas de exhibicionismo

-En Antonio hay una escena en la que Dal Masetto se desafía a sí mismo contra el alcohol.

-Íbamos a una fiesta y lo pasé a buscar al Tano, que iba con la hija. 'Quedate acá con Daniela', me dijo, y fue al chino y compró una caja de botellas de vino. 'Para los amigos', dijo. Era Rincón Famoso, recuerdo. Pero no probó una gota. Era un ejercicio en una fiesta con mucho alcohol.

Saccomano y Fernanda García Lao, su pareja (Ale López)
Saccomano y Fernanda García Lao, su pareja (Ale López)

Y sigue hablando de los riesgos y de las presencias queridas. "Hay que escribir en situación de riesgo. Jean Genet decía: 'Escribo contra mí mismo' -dice Saccomano y este texto muestra una intimidad que lo sitúa allí-. Tuve tres grandes lectores. Fernanda García Lao, mi pareja (N. de R.: también es escritora), Juan Forn, que me pedía que le fuera pasando los capítulos, y Paula Pérez Alonso, mi editora, que me dijo: 'Pavese, pensá en Pavese, Guillermo'. Ahora, con este libro, hice un duelo. Mi relación con Antonio adquiere nuevas formas luego de haber escrito esta despedida.

 

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