
La tarde en que la vida cambió para “Javier” y su familia parecía no tener nada fuera de lo común en el distrito de Hatillo. Sin previo aviso, miembros de la banda conocida como “Los Lara” llegaron a su casa, una propiedad pagada tras años de esfuerzo y de la que les ordenaron desalojar porque ellos lo pedían.
Uno de los familiares se negó a entregar el hogar donde habían vivido siempre. A los pocos días, tras una discusión, uno de los hombres sacó un arma y disparó cinco veces contra el pariente de Javier. “Primero llegaron y dijeron: ‘Váyanse de aquí. Nosotros vamos a ocupar la casa y ya está’. Mi familiar les respondió: ‘No, ¿cómo que se van a adueñar de la casa?’. En ese momento no sabía realmente quiénes eran”, relató Javier, quien utiliza un nombre ficticio por motivos de seguridad, según informó CR Hoy. El ataque solo dejó heridas, pero la familia entendió que no podía permanecer más allí.
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La huida fue inmediata. Nadie pudo sacar ninguna pertenencia; solo salieron con la ropa puesta. “No nos dejaron sacar absolutamente nada. Ahí quedó todo. Solo nos dijeron: ‘Con la ropa que llevan puesta, váyanse’. Así tuvimos que irnos todos. Perdimos la casa y absolutamente todas las pertenencias”, recordó Javier.

El miedo se instaló de forma permanente. La familia se dispersó por distintas zonas del país, algunos buscaron refugio en áreas rurales para evitar ser localizados. La distancia física también quebró los lazos familiares, haciendo imposible cualquier tipo de reunión desde entonces.
El control de “Los Lara” y la transformación de la vivienda
La vivienda fue ocupada por la banda y convertida en un búnker. Según vecinos, el lugar es ahora utilizado para almacenar y distribuir drogas, además de servir de refugio para sicarios. Javier se entera de estos movimientos por conocidos que aún viven en la zona y con quienes se cruza ocasionalmente en lugares públicos: “Los testigos describen un constante movimiento de personas que entran y salen con bolsas a cualquier hora del día. El control de la banda sobre el territorio es absoluto”, detalló CR Hoy.
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El riesgo de regresar es alto. Una familiar fue perseguida a balazos solo por pasar cerca del lugar. El control y vigilancia de “Los Lara” impiden que las víctimas denuncien ante las autoridades por miedo a represalias mortales. “El miedo es tal que Javier y sus allegados ni siquiera pudieron asistir a los velorios ni a los funerales de sus dos abuelas, quienes residían en el mismo barrio y fallecieron por causas naturales”. La familia atribuye el deterioro en la salud de una de las abuelas al impacto emocional de haber presenciado el asesinato de un primo, hecho que adjudican a los mismos sicarios de la organización.

Mientras tanto, aunque los principales líderes de la banda están en prisión, siguen dirigiendo las operaciones desde la cárcel. El dominio sobre el barrio continúa, y la amenaza se mantiene latente para quienes alguna vez intenten volver. La banda vigila a las familias que despojó de sus casas y, según los relatos, ordena ataques inmediatos si detectan a algún antiguo residente cerca del barrio.
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Javier ha tenido que rehacer su vida en el campo. “Nosotros teníamos la vida hecha. Toda la familia vivía cerca: los abuelos, las tías, todos. Mi vida se destruyó totalmente. Tuve que irme al campo y empezar de cero, buscando qué hacer y cómo salir adelante. Nos cambió la vida por completo”, expresó.
A pesar de los años transcurridos y de las dificultades, Javier observa con esperanza los recientes operativos policiales en Hatillo. Pide que las autoridades intervengan la vivienda, la sellen y mantengan vigilancia permanente. Tras años de pagar alquileres y buscar trabajo lejos de su hogar, la familia solo anhela recuperar, algún día, la paz que la violencia les arrebató.
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