
En Costa Rica, la preferencia por el tabaco dentro de los hogares con menos ingresos está desplazando la compra de alimentos y comprometiendo el bienestar familiar. Una reciente investigación realizada por la Red Nacional Antitabaco de Costa Rica (Renata), en conjunto con la Universidad Nacional (UNA), la Universidad de Costa Rica (UCR) y la Universidad Adolfo Ibáñez, revela que cerca del 75 % de las personas fumadoras activas prioriza la adquisición de cigarrillos antes que la de víveres, una tendencia que afecta especialmente a los sectores más vulnerables y que, según los expertos profundiza la desigualdad social al restar recursos destinados a la alimentación y a la mejora de las condiciones de vida.
La magnitud de este fenómeno se explica en su dimensión económica y social. El Dr. Jeancarlo Córdoba Navarrete, investigador de la Escuela de Salud Pública de la UCR, subrayó en su análisis que este desplazamiento hacia gastos en productos adictivos “va a reducir aún más esa capacidad” de mejorar el acceso a bienes y servicios. Advierte que los hogares afectados no solo ven comprometido su presente, sino que terminan enfrentando “un gasto en enfermedad que, en algún momento, les va a generar gastos mayores”.
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Un estudio basado en la Encuesta Mundial sobre Tabaquismo en Adultos (Global Adult Tobacco Survey, Costa Rica, 2022) determina que el 8,5 % de la población adulta fuma, lo que equivale aproximadamente a 300,000 personas. Este problema se intensifica en los quintiles con menores ingresos, donde tres de cada cuatro fumadores priorizan los cigarros antes que los alimentos. Además, la investigación evidencia que el 60 % de los fumadores pertenece a los estratos laboralmente ocupados, concentrados en los tres primeros quintiles de ingreso, todos por debajo del salario mínimo.
El consumo de cigarrillos afecta a hombres, personas de menor educación y mayores de 35 años
El perfil sociodemográfico identificado por Renata, la UNA y la UCR ofrece datos precisos: la mayor prevalencia de consumo de tabaco se observa en hombres con bajo nivel educativo, ubicados mayoritariamente entre los 35 y 64 años.
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El consumo es, además, predominantemente urbano; el 80 % de las personas fumadoras vive en áreas urbanas y la provincia de San José concentra más del 40 % de los casos, seguida por Alajuela y Cartago.
En cuanto a los patrones de compra, la M. Sc. Leonela Artavia, de la Escuela de Economía de la UNA, especificó que más del 90 % de las personas fumadoras de cigarrillos adquiere el producto en tiendas. El 81 % consume cigarrillos de cajetillas y el 15 % indicó consumir cigarrillos sueltos.
Esta tendencia, ubicada en los hogares de menos ingresos, reproduce un fenómeno conocido como desplazamiento del gasto: cuando los recursos limitados de una familia se dirigen a productos adictivos, como el tabaco, en vez de cubrir necesidades básicas.
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La respuesta directa al fenómeno muestra que en los quintiles de menores ingresos de Costa Rica, cerca del 75 % de las personas fumadoras activas prefiere comprar cigarrillos antes que alimentos.

La dependencia impide abandonar el hábito y perpetúa el círculo de pobreza
El tabaco es una de las principales causas prevenibles de enfermedad y muerte a nivel global, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sin embargo, la elevada dependencia producida por el consumo dificulta los intentos de abandono. La nicotina, principal componente activo del cigarrillo, actúa directamente sobre el sistema de recompensa cerebral al estimular la liberación de dopamina, lo que refuerza la necesidad de continuar fumando pese a los daños conocidos.
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El informe académico indica que muchos fumadores en Costa Rica desean abandonar el hábito. El Dr. Córdoba explicó que “cerca del 50 % de las personas fumadoras quiere dejar el hábito y lo ha intentado”, pero aclara que estos intentos solo logran sostener la abstinencia durante 30 días en promedio. El análisis atribuye este bajo éxito, en parte, al insuficiente acceso a métodos de apoyo para cesación y a que solo el 68,3 % de los fumadores recibieron consejo médico específico.
La persistencia de estos patrones preocupa a los investigadores. Córdoba y Artavia señalan en Renata que la permanencia en estructuras de consumo evidencia que, sin intervenciones más intensivas, el consumo tiende a reproducirse en los mismos grupos poblacionales. Recomiendan fortalecer las políticas fiscales, en especial el aumento de los impuestos al tabaco, medidas que consideran “la más costo-efectiva” para modificar este escenario.
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Elevar impuestos reduce el consumo y mejora la calidad de vida en hogares vulnerables
Un análisis sustentado en la Encuesta Mundial sobre Tabaquismo en Adultos sugiere que un aumento del 10 % en el precio real de las cajetillas reduce la prevalencia del fumado diario en alrededor de 1,3 %. El impacto se amplifica en personas jóvenes de entre 15 y 24 años, donde la reducción puede alcanzar el 4,4 %. Además, el incremento de precios retrasa el inicio del consumo diario de cigarrillos en aproximadamente tres meses, desplazando la edad promedio de inicio de 18,32 a 18,58 años.
El mismo análisis revela que “el 86 % de personas consultadas está a favor de aumentar los impuestos al tabaco”. El Dr. Córdoba destaca este dato como relevante en el actual contexto político y económico del país y puntualiza que “es de gran valor reconocer que hay necesidad de un impuesto en un producto específico”.
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Guillermo Paraje, especialista en economía del tabaco de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile, respalda que estas medidas fiscales reúnen la mayor eficacia relativa para combatir el tabaquismo. “Esta es una epidemia que comienza con niñas y niños menores de edad que, por la naturaleza adictiva del producto, lamentablemente siguen consumiendo, con impactos negativos en su salud y la salud de terceros. Entonces, es crucial frenar este inicio lo antes posible y evitar que estos niños y niñas empiecen a consumir”.

Más allá de la reducción: los impuestos al tabaco pueden financiar prevención y liberar recursos
El aumento de los impuestos al tabaco, según el equipo académico aporta una doble ventaja: no solo reduce el consumo y retrasa el inicio entre los jóvenes, sino que libera recursos dentro de los hogares más afectados y permite canalizarlos hacia necesidades prioritarias, entre ellas la alimentación y la educación.
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A la vez, los ingresos fiscales generados por los nuevos tributos permitirían financiar campañas de prevención, programas de apoyo y servicios de cesación, lo que potenciaría el impacto sanitario y social. “Ante edades de inicio relativamente altas, se deben promover incrementos de impuestos significativos para generar cambios notorios. El impacto puede potenciarse con medidas adicionales como advertencias sanitarias y campañas”, analizó el M. Sc. Jorge Solano, de la Escuela de Economía de la UNA.
La prevalencia del consumo de tabaco registrada en Costa Rica repite patrones visibles en la región y exige el despliegue de políticas fiscales robustas y campañas sostenidas de concienciación para revertir una tendencia que, según la evidencia científica, compromete el tejido social y perpetúa la pobreza en los sectores de menores ingresos.
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