La promesa era que la IA ayudaría a los que empiezan: el estudio muestra que beneficia más a los que ya llegaron

Una encuesta de Anthropic a 80.508 usuarios de Claude encontró una brecha de 20 puntos entre trabajadores senior y early-career al preguntar quién se queda con las ganancias de productividad que genera la IA

Guardar
Seis trabajadores estresados miran una pantalla de computadora con un asistente de IA, rodeados de papeles arrugados y tazas de café en una oficina oscura.
El estudio muestra que el temor al desplazamiento por la inteligencia artificial es mucho mayor entre empleados junior que en los sénior. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Anthropic acaba de publicar los resultados de una encuesta a 80.508 usuarios de Claude sobre el impacto económico de la IA en sus trabajos. El hallazgo que más debería discutirse no es el del miedo generalizado al desplazamiento, que ya era esperable. Es otro, más silencioso: entre los encuestados que identificaron un beneficiario claro de sus ganancias de productividad, solo el 60% de los trabajadores de carrera temprana dijo que el beneficio era para ellos mismos. Entre los senior, ese número sube al 80%.

Veinte puntos de diferencia entre el que recién empieza y el que ya está instalado. La misma herramienta, la misma empresa, la misma tarea, y dos percepciones distintas sobre quién termina ganando.

El junior produce más y percibe que se lleva menos

El estudio cruza ese dato con otro del mismo trabajo: los trabajadores de carrera temprana expresan mucha más preocupación por ser desplazados por la IA que los senior. No es un cruce menor. La misma población que reporta beneficiarse menos de las ganancias de productividad es la que más teme perder el empleo.

Esto no es paranoia. El estudio recuerda que investigaciones previas de Anthropic ya habían detectado señales de desaceleración en la contratación de recién graduados y trabajadores de carrera temprana en Estados Unidos. El mismo informe que hoy muestra la brecha del beneficio confirma la brecha del miedo. Dos caras del mismo fenómeno.

Dos graduados, un hombre y una mujer, flanquean una estatua de robot plateado con toga y birrete, todos con expresiones de preocupación, en un campus universitario
La desaceleración en la contratación de recién graduados en Estados Unidos agrava el temor de los jóvenes al impacto de la IA en el empleo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El estudio no describe los mecanismos por los cuales un grupo captura más que el otro. Solo muestra el resultado percibido. Pero el resultado percibido ya dice bastante: el que tiene poder de decisión sobre su propia agenda reporta que la IA lo beneficia. El que responde a un jefe, menos.

El mito de la democratización se derrumba con datos

Durante dos años, la promesa pública de la IA fue la democratización. La herramienta que iba a achatar la pirámide. El junior con Claude equivalente a un consultor con diez años de experiencia. El estudiante de derecho de provincias compitiendo en igualdad con el asociado de un estudio grande.

La encuesta muestra lo opuesto. No porque la herramienta discrimine, sino porque quien ya tenía autonomía reporta beneficios personales más altos que quien no la tiene. Es un hallazgo de percepción, no de causa, pero el patrón es consistente y se repite en varias de las preguntas del estudio.

El mismo trabajo también registra que los trabajadores de las ocupaciones mejor pagas, como desarrolladores de software, reportaron las mayores ganancias de productividad. Los de ingresos más bajos también reportaron ganancias importantes, en muchos casos usando la IA para proyectos paralelos: un repartidor armando un e-commerce, un paisajista construyendo una app. Los que quedan más incómodos son los del medio: profesiones científicas y legales, donde las respuestas mostraron las mejoras más modestas.

El senior de dentro de diez años no se está formando

(Imagen Ilustrativa Infobae)
El informe alerta sobre el estrechamiento del pipeline laboral, ya que la reducción del rol junior amenaza la formación de futuros profesionales sénior. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Si los trabajadores de carrera temprana reportan menos beneficio y más miedo, y al mismo tiempo se detecta una desaceleración en su contratación, la pregunta incómoda se vuelve inevitable. No es quién hace el trabajo hoy. Es de dónde va a salir el profesional experimentado dentro de diez años.

Los analistas senior no nacen senior. Se forman. Y el mecanismo de formación históricamente fue el puesto junior en el que uno se equivocaba, recibía feedback y aprendía el oficio. Si ese eslabón se reduce, el pipeline futuro se estrecha. Eso el estudio no lo dice en esos términos, pero es la lectura natural cuando se cruzan sus dos hallazgos principales.

El dato del 60 % no es una curiosidad estadística. Es la primera medición pública, a gran escala, de que la IA no está distribuyendo su excedente de forma pareja entre generaciones.

La IA no está achatando la pirámide del trabajo. La encuesta sugiere que la está volviendo más empinada, con menos escalones y con la puerta de entrada más angosta. El que ya está adentro reporta que se beneficia. El que está intentando entrar, menos. Eso no es democratización. Es otra cosa, y convendría empezar a llamarla por su nombre.