Ingrid, la dueña del negocio de ropa
Ingrid, la dueña del negocio de ropa

Por lo pronto, no pienso volver a tener un local”, dijo a Infobae Ingrid Crinigan, creadora y dueña de Monoliso, un negocio de ropa para niños de entre 0 y 12 años, quien en medio de la pandemia del coronavirus se vio obligada a cerrar el local que alquilaba en el barrio porteño de Villa Urquiza y como asegura, “buscarle un nuevo giro” a su trabajo para seguir dando pelea. Se reinventó y creó una tienda virtual que por el momento le permite salir adelante en medio de la crisis. “Cada día funciona mejor”, sostuvo.

La mujer, de 39 años y mamá soltera de dos nenes de 9, es realizadora de cine y televisión. En 2015 trabajaba en Canal 9 pero decidió cambiar de rumbo e incursionar en el sector de la indumentaria. Fue entonces que alquiló un pequeño local para vender ropa infantil y debido al éxito que consiguió, se mudó en 2018 al sector más comercial del barrio: las inmediaciones de la calle Blanco Encalada y la Avenida Triunvirato.

El local hasta hace algunas semanas
El local hasta hace algunas semanas

Fueron años muy buenos y todo marchaba sobre ruedas. Sin embargo, en agosto de 2019 -tras la brutal devaluación ocurrida durante final del gobierno de Mauricio Macri- el negocio comenzó a decaer. Diciembre, que tradicionalmente es un mes en el que se compensan las pérdidas de otras épocas del año y permite sobrevivir el verano, fue pésimo. Pero Ingrid no bajaba las brazos y como podía, se mantuvo a flote. Pero de repente llegó el COVID-19 y con él, la cuarentena que la obligó a cerrar el local.

Ya los días previos a que el gobierno decretara el aislamiento la gente empezó a guardarse. No había casi nadie en la calle. De hecho decidí cerrar un día antes de que hablara el presidente Alberto Fernández”, relató Ingrid a este medio, quien nunca imaginó que la medida se fuera a extender tal como ocurrió. Pero la comerciante, lejos de quedarse a ver cómo avanzaba el tiempo, comenzó a trabajar en una idea que ya estaba en su cabeza: armar una tienda virtual y vender por Internet.

Fue así que aprovechó el tiempo libre de la cuarentena para desarrollar su proyecto mientras que esperaba la luz verde para de alguna manera reabrir el local. Mientras tanto, los gastos de alquiler -muy elevado por cierto-, los servicios, impuestos, sus obligaciones familiares y el colegios de los chicos se mantuvieron. A pesar de no poder abrir su local para la venta, Ingrid debió cumplir con sus obligaciones. La situación se fue tornando insostenible y de a poco sus ahorros se diluyeron.

Ni siquiera con la reapertura que se permitió hace algunas semanas en la Ciudad de Buenos Aires le alcanzó. Las ventas eran casi nulas. “Con esta situación pasó algo que muchos no tienen en cuenta y es el tema de los chicos. Yo estoy sola con ellos, no tengo con quién dejarlos ni la posibilidad de pagarle a alguien que los cuide, además de que está prohibido. A veces los llevaba conmigo algunas horas al local pero corría el riesgo de que me multaran y de exponerlos al virus. La verdad que no pude hacer mucho y casi ni pude abrir”.

El local hoy, luego de sacar la mercadería
El local hoy, luego de sacar la mercadería

Hace poco más de un mes empezó a reactivar el negocio a través de las redes sociales. Con Twitter e Instagram comenzó a tener consultas acerca de sus prendas. Muchas personas, ante la imposibilidad de comprar ropa de invierno para los chicos porque los agarró la cuarentena, comenzaron a consultarle y logró algunas ventas. “Decidí entonces terminar el desarrollo de la tienda virtual y a finales de mayo le devolví el local a la dueña”. Durante todo junio estuvo sacando como pudo la mercadería hasta que finalmente cerró para siempre. “Cerré mi local definitivamente. Un sueño que se termina para darle lugar a nuevas formas. Duele pero se sigue. Y sé que vendo la mejor ropa de 0 a 12 años”, asguró Ingrid.

La joven emprendedora admitió, sin embargo, que a pesar de que el negocio no estaba en el mejor momento cuando fue sorprendida por el avance de la pandemia, jamás hubiese pensado en cerrar. Fue como si la caída en las ventas que venía registrando entre agosto de 2019 y marzo de este año, más el cierre obligatorio por la cuarentena, le sirvieron como motor para animarse a dar el salto y volcarse al mundo digital. Hoy Monoliso es solo una tienda virtual. “Este mes tuve muchas ventas, comparado con lo que venía siendo. Soy muy optimista y creo que me va a ir mucho mejor”, vaticinó.

A Ingrid no le alcanzaba para pagar el alquiler y no obtuvo mayores rebajas por parte del locador, y mucho menos bajas impositivas. Reconoce el esfuerzo del Estado por ayudar a ciertos negocios pero cree que se pudo haber hecho mucho más desde el Gobierno. “Los créditos estuvieron bien pero ese dinero se destinó a pagar impuestos, alquileres, servicios o deudas. No para adquirir más mercadería o para producir. Yo soy relativamente joven y me puedo reinventar pero, por ejemplo, en el barrio hay negocios que están hace muchos años, ¿cómo le pedís a ese dueño que haga una tienda virtual? No hay chance. Por eso creo que faltó una mejor planificación desde el Estado para brindar la ayuda durante la pandemia. No dieron beneficios impositivos y abandonaron a las pymes”, cuestionó.

El local se encuentra sobre la calle Blanco Encalada
El local se encuentra sobre la calle Blanco Encalada

Todo se fue haciendo más difícil y el dinero se agotó. La decisión entonces no pudo esperar y se volcó de lleno a la tienda virtual. No más un espacio físico para poder comercializar su ropa. Las proyecciones que hace son buenas y anticipa mejores tiempos. Impositivamente sigue siendo lo mismo, pero ya con ahorrarse el alquiler es un cambio sustancial: le da oxígeno, pero sabe que ahora el éxito dependerá aún más del esfuerzo que le imprima, ya que es ella la que se encarga de todo. De absolutamente todo.

“No pienso en volver abrir en un local. Hoy trabajo más horas de hecho. Antes eran 8 en el local pero hoy estoy conectada todo el tiempo. Saco las fotos yo, la diseño, las retoco y las subo a la página y a Instagram. Contesto las consultas y despacho los pedidos a través de mensajería a toda la Capital. Muy de vez en cuando entrego pedidos personalmente cuando son cerca en el barrio. Por lo pronto, creo que esto va a seguir así y pienso que la gente también a va a terminar por cambiar su forma de comprar. Hoy estoy en cero, no tengo deudas. Como que volví a empezar pero cada vez me va mejor. No puedo decir que me sobra pero ya se empezó a mover. No me queda otra que ser optimista”, dijo Ingrid, quien ahora está en casa y puede acompañar todo el tiempo a sus hijos en medio de la cuarentena.

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