
El peso que hoy tiene la deuda pública sobre las finanzas del Estado se siente cada vez con más fuerza en el presupuesto. Más allá del monto total que debe el país, lo que empieza a marcar la discusión fiscal es cuánto cuesta financiar ese endeudamiento y en qué condiciones se está haciendo. Un análisis del Observatorio Fiscal pone el foco justamente en ese punto, los riesgos y costos de endeudarse en pesos frente a hacerlo en dólares, en un momento en el que Colombia enfrenta tasas de interés elevadas y un margen fiscal cada vez más estrecho.
Para entender el alcance del problema, es clave distinguir entre dos conceptos que suelen confundirse. Por un lado está el servicio de la deuda, es decir, lo que el Gobierno paga cada año con cargo al Presupuesto General de la Nación para cumplir sus obligaciones, intereses, amortizaciones de capital y otros costos asociados. Por otro, está el nivel de deuda, que se mide como deuda bruta y deuda neta. Esta última descuenta los activos financieros del Gobierno y es la referencia central en la contabilidad fiscal. En términos simples, el servicio es lo que “sale hoy” del presupuesto, mientras que la deuda refleja lo que el país “debe en total”.
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Según el Observatorio Fiscal, la evolución del servicio de la deuda desde 2010 muestra un cambio profundo en su composición. Durante varios años, especialmente entre 2010 y 2016, el mayor peso lo tenían los pagos de capital. Los intereses crecían, pero no representaban una carga significativa ni generaban una rigidez presupuestal relevante. Ese panorama empezó a modificarse de forma gradual hacia 2018 y se transformó con mayor intensidad a partir de 2021.
Desde entonces, el crecimiento del servicio de la deuda está impulsado principalmente por el pago de intereses. Hoy, estos explican una proporción cada vez mayor del total, mientras que las amortizaciones pierden peso relativo. El resultado es claro, una porción creciente del presupuesto se destina a cubrir costos financieros de deuda ya contraída, reduciendo el espacio para inversión pública, programas sociales u otros gastos prioritarios.
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Este giro es central para el debate fiscal. Cuando los intereses ganan terreno, el presupuesto se vuelve más rígido y menos flexible ante choques económicos. Además, estabilizar la deuda se vuelve más costoso, porque una parte importante del gasto está comprometida con obligaciones financieras que no se pueden ajustar fácilmente. Por eso, el análisis del observatorio insiste en que la discusión ya no pasa solo por cuánto se debe, sino por a qué tasas y en qué moneda se está financiando el país.

En paralelo, la deuda del Gobierno Nacional Central aumentó de manera marcada tras el choque de 2020. Aunque hubo una corrección parcial en los años siguientes, tanto la deuda bruta como la neta se mantienen por encima de los niveles previos a la pandemia. Entre 2024 y 2025, la deuda bruta siguió creciendo, mientras que la deuda neta mostró una reducción. Este último dato podría reflejar un aumento de los activos financieros del Gobierno o estrategias de manejo de deuda, pero no implica necesariamente una caída inmediata en la carga de intereses.
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El costo de endeudarse está directamente ligado a las tasas de interés. En términos sencillos, una tasa más alta significa que el país debe pagar más por cada peso o dólar que recibe prestado. A diferencia de una persona, los Estados pueden financiarse tanto en el mercado local, en moneda nacional, como en el mercado internacional, generalmente en dólares. Esa decisión no es neutral.
Desde la perspectiva de los inversionistas, prestar en pesos implica asumir el riesgo cambiario. La volatilidad del peso frente al dólar, que en los últimos años osciló en rangos amplios, se traduce en tasas más altas para compensar ese riesgo. Por eso, los créditos en pesos suelen tener rendimientos mayores que los denominados en dólares. Sin embargo, endeudarse en moneda extranjera expone al país a riesgos distintos, una devaluación fuerte puede encarecer rápidamente el servicio de la deuda.
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El Observatorio Fiscal destacó que, desde 2021, tanto las tasas en pesos como en dólares aumentaron de forma significativa. No se trata de decidir cuál mercado es “mejor”, sino de entender que este entorno de tasas altas se traducirá en mayores pagos de intereses en los próximos años, presionando aún más el presupuesto.
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