
Lo que inicialmente parecía un viaje que buscaba ofrecerle una mejor calidad de vida, terminó convertido en cincuenta años de incertidumbre y zozobra para una colombiana víctima de trata de personas en Costa Rica.
En declaraciones al medio La Nación del país centroamericano, la mujer, oriunda de la isla de San Andrés, relató la manera en la que su madre, pese a recordarla con gran afecto, la vendió a una mujer costarricense, bajo la promesa de que recibiría educación y una vida mejor.
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Sin embargo, la colombiana, que no reveló su nombre por seguridad, expuso que ese acuerdo entre su progenitora y la mujer centroamericana marcó el inicio de una existencia marcada por el abuso físico, psicológico y sexual.
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Según contó al medio citado, la colombiana indicó que llegó sola a ese país, cuando apenas tenía 6 años.

Allí, lejos de asistir a una escuela, mencionó que fue confinada en una casa de desamparados, donde fue obligada a realizar todas las tareas domésticas desde la infancia, sin descanso y bajo vigilancia constante.
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“Uno alcanza a imaginar muchas cosas. Uno en su niñez o su infancia no es consciente, menos yo, que era bien chiquitilla, flaquilla (...) Nunca me puso en la escuela, como fue dicho, sino que yo, en un banquito, empecé a hacer los quehaceres, para alcanzar la pila, para alcanzar la cocina”, manifestó la colombiana al diario costarricense.
Adicionalmente, relató que, durante su estadía en la casa de la mujer centroamericana, había servido como maniquí para ajustar vestidos, y señaló que la dama, encargada de su adopción, era una persona muy reconocida en ese país, asegurando que constantemente recibía visitas de presidentes, expresidentes, ministros, candidatos, entre otros.
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Abuso sexual
No obstante, denunció que su cuidadora justificaba el maltrato con argumentos racistas y la privaba de cualquier contacto con el exterior, salvo breves salidas a la pulpería frente a la casa, siempre bajo control estricto.
“Me pegaban, verbalmente siempre fui maltratada con palabras por mi color de piel. Decía que los negros nacimos para ser esclavos y por eso no teníamos que estudiar (...). Decía que había que hacer lo que ella decía, porque para eso había pagado mucho por mí”, detalló.
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Incluso, la sanandresana indicó que los abusos se extendieron también al ámbito sexual, cuando fue agredida por la pareja de una de las hijas de la mujer costarricense, bajo amenazas de muerte si llegaba a denunciar lo ocurrido.
“Me acuerdo muy bien que ella (la hija de su cuidadora) cogió un cuchillo y me dijo: ‘Si usted dice algo, con esto yo la mato’. Entonces, ahí quedó“, expresó la colombiana, agregando que cuando intentó buscar ayuda, recibió amenazas de muerte y advertencias sobre supuestos vínculos criminales de sus agresores.
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Años después, la mujer tuvo un hijo producto de una relación que, según su testimonio, fue manipulada, debido a que su cuidadora se apropió del registro civil del niño, figurando como madre junto a la víctima, y le prohibió elegir el nombre, dormir con él o acompañarlo al colegio.

Así fue cómo escapó
La situación se mantuvo inalterada durante 48 años, hasta que en 2019 una tragedia personal marcó un punto de inflexión: su hijo falleció en un accidente automovilístico a los 31 años.
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Ante este acontecimiento, la mujer recordó algunas palabras de la dama costarricense. “Gracias a Dios que él murió, porque si él hubiera quedado vivo y hubiera sido un vegetal, usted estaría atendiéndolo, con tantas cosas que hay que hacer en esta casa”, rememoró.
En medio del duelo, una vecina le ofreció ayuda para sacar sus pertenencias de la casa en secreto. Finalmente, la mujer logró escapar y, ese mismo año, denunció los abusos ante las autoridades costarricenses.
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En la actualidad, según detalló La Nación, la Fiscalía del país centroamericano investiga a sus agresores por trata de personas con fines de servidumbre doméstica. La víctima, tras su huida, encontró apoyo en una fundación dedicada a la atención a personas afectadas por ello, en la que ha recibido acompañamiento psicológico, becas y acceso a la educación.
La reconstrucción de su vida incluye intentos de restablecer contacto con sus hermanos en Colombia, aunque varios han fallecido, incluidos sus padres. Incluso, cuestiona que, tras la muerte de su madre en 2020, no pudo conocer el motivo por el que fue llevada a Cosa Rica.
“Siempre me pregunté por qué mi mamá me mandó para acá (...) Las heridas ahí están y hay cosas que he superado, poquito a poco, pero hay cosas que no. Son cosas dolorosas”, concluyó.
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