
Lo que empezó como una tarde cualquiera en la estación avenida Jiménez, en el corazón de Bogotá, terminó convertida en un misterio que paralizó uno de los puntos neurálgicos del Transmilenio.
Todo comenzó alrededor de las 7:00 p. m., cuando un olor fuerte e inesperado inundó la estación sobre la troncal Caracas, alertando a pasajeros y autoridades por igual.
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Ante la sospecha de una posible fuga de gases, la Secretaría de Movilidad no dudó en cerrar la estación y ordenar la evacuación inmediata de todos los usuarios, generando ese típico revuelo que nadie quiere vivir, especialmente cuando no se sabe qué hay en el aire.
Transmilenio no tardó en informar vía X, advirtiendo sobre el cierre temporal y solicitando paciencia a quienes se vieron obligados a buscar rutas alternativas.
Mientras tanto, afuera de la estación, la gente esperaba con intriga y algo de ansiedad. En las inmediaciones de la obra del metro cercana, el equipo de Bomberos desplegó su tecnología más avanzada, con detectores de atmósferas y revisiones exhaustivas en busca de cualquier indicio de peligro.

¿Qué encontraron? Nada. Ni una gota, ni un gas, ni un resquicio que justificara el olor ni el cierre. A las 8:39 p. m., la buena noticia: la estación podía reabrir sin riesgos.
La Secretaría de Movilidad y el Instituto Distrital de Gestión de Riesgos y Cambio Climático (Idiger) confirmaron que todo estaba bajo control y que ningún pasajero resultó lesionado ni afectado gravemente.
Lo curioso es que el origen de ese olor fuerte sigue siendo un enigma, y las autoridades continúan con las investigaciones para esclarecer qué pudo haber causado la situación. Continúan investigando en la zona, especialmente en la obra del metro, pero por ahora solo queda la incógnita y el alivio: todo fue un susto, nada más.

En redes sociales, los comentarios no se hicieron esperar, mezclando humor y resignación. Muchos usuarios señalaron que “todos los días esa estación tiene fuertes olores” y que cuando el ambiente está pesado, el olor a gas por las obras se vuelve muy fuerte en ciertos días.
Con un tono irónico, varios expresaron que “Bogotá ni camina segura, ni huele segura, ni se moviliza segura”, concluyendo que, en definitiva, “Bogotá está en el caño”.
El Transmilenio como nueva barbería
El extraño olor en la estación Jiménez no fue el único hecho que llamó la atención sobre el sistema Transmilenio en los últimos días.
Una imagen que se viralizó mostró a dos hombres utilizando un articulado como una barbería improvisada, con uno cortándole el cabello al otro en plena ruta y ante la mirada de otros pasajeros.
La fotografía despertó asombro y críticas en redes sociales, donde muchos cuestionaron la cultura ciudadana y el respeto por las normas dentro del transporte público.
Comentarios como “después dicen que el problema es el sistema” o “la cultura de Bogotá es nefasta” reflejaron la indignación de algunos usuarios frente a este tipo de comportamientos.
Este hecho no es aislado. En semanas recientes se han viralizado videos que muestran prácticas como la evasión masiva del pago del pasaje, con usuarios pasando por encima y por debajo de los torniquetes, y hasta escenas de actos obscenos protagonizados por parejas dentro de los buses.
Estas situaciones han provocado debates intensos y han reavivado la discusión sobre la convivencia, el respeto y la seguridad en el transporte público capitalino.
Frente a estos desafíos, la administración de Transmilenio ha reiterado que estas conductas están prohibidas y que trabajan constantemente en campañas de cultura ciudadana para promover el buen comportamiento.
No obstante, la frecuencia con que se presentan estos incidentes indica que modificar hábitos y generar un cambio cultural profundo sigue siendo una tarea pendiente.
Las sanciones que le pueden caer si incumple las normas
Las sanciones buscan garantizar la convivencia, el respeto y la seguridad dentro del sistema.
Las multas varían según la gravedad de la conducta, desde amonestaciones verbales hasta multas de hasta $759.200 pesos (multa tipo 4) para infracciones graves como actos obscenos, daños a la infraestructura o faltas de respeto a funcionarios.
Entre las infracciones más comunes está la evasión del pago, sancionada con una multa tipo 2 de $189.800 pesos, y comportamientos como ingresar por lugares no autorizados o consumir alimentos, que implican multas tipo 1 de $94.900 pesos.
También se contemplan medidas para proteger la experiencia diaria de los usuarios, como la obligación de ceder sillas a personas vulnerables y permitir el ingreso prioritario, cuya violación puede generar sanciones.
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