
“El calor es el origen de toda una estética”, sostenía Álvaro Mutis en sus conversaciones sobre literatura y cine, un espíritu que, décadas después, continúa inspirando propuestas como el gótico tropical en el panorama cultural colombiano.
Mientras el anuncio de una nueva versión cinematográfica internacional de Drácula acapara la atención de la industria global, surge una reflexión sobre cómo Colombia ha construido su propio universo de terror enraizado en el trópico, alejado de los oscuros castillos europeos.
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Tal como publicó Cine Colombia, la película Dracula: A Love Tale, dirigida por el cineasta francés Luc Paul Maurice Besson, reconocido mundialmente por sus trabajos en Léon: El Profesional y El Quinto Elemento, llegará a las salas de cine el 14 de agosto de 2025.
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El tráiler destaca con una frase emblemática: “La muerte es un privilegio que Dios les concede y a mí me niega”, introduciendo un relato cuya esencia conecta con el imaginario gótico clásico. De acuerdo con la empresa especializada, esta producción de romanticismo oscuro reinterpreta el célebre texto de Bram Stoker para nuevas generaciones.
El anuncio de esta adaptación ha reavivado en redes sociales el interés por el subgénero conocido en Colombia como “terror tropical” o gótico tropical.

Según recopiló la cuenta de Instagram @el.puntodencuentro, el gótico tropical se diferencia de sus referentes europeos en la forma de ambientar el horror y la fantasía: “¿Ustedes imaginan a Nosferatu tomándose un cholado por toda la quinta o pasando por un calor tremendo en una hacienda caleña? Ese es el terror tropical y es el conversation starter del día de hoy”.
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La cuenta también recupera la anécdota que marca el origen del gótico tropical: un intercambio entre Luis Buñuel, figura del cine español, y Álvaro Mutis, en el que el propio Mutis respondió a la afirmación de Buñuel sobre la supuesta imposibilidad de un gótico latinoamericano, creando la emblemática La mansión de Araucaima.
Buñuel, aún influenciado por su paso por México y su trabajo al lado de Salvador Dalí, defendía la idea de un terror gótico confinado a territorios europeos, fundamentando su argumento en la ausencia de castillos y las condiciones climáticas distintas en América Latina.
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Frente a esto, Mutis desafió esa mirada escribiendo La mansión de Araucaima, la novela que inauguró el género a nivel nacional y mostró cómo el trópico podía teñirse de misterio, soledad y decadencia.
La transición de esa literatura a la pantalla grande llegó de la mano del llamado “parche de Cali”, integrado por figuras como Andrés Caicedo, Carlos Mayolo y Luis Ospina.
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Esta generación reinterpretó el cine de terror y la influencia gótica a partir de la realidad social y cultural vallecaucana, explorando sus propias leyendas y mitos en ambientes calurosos, selváticos e impregnados de historia rural.
Luis Ospina fue pionero en transferir estas ideas a la cinematografía nacional con Pura Sangre (1978), una obra que opera como crítica social a la ciudad de Cali. La película gira en torno a Roberto Hurtado, un próspero hacendado aquejado por una extraña enfermedad que le exige transfusiones diarias de sangre joven, una premisa que mezcla elementos góticos, atmósferas inquietantes y referencias a hechos reales de crónica roja.
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En todo momento, la fotografía de la finca azucarera y el protagonismo casi opresivo de la casa evocan los escenarios clásicos de la literatura europea, pero reubicados en los cañaverales del Valle del Cauca.
A esta línea se suma el trabajo de Carlos Mayolo, quien entrelazó el terror rural y la violencia política en filmes como Carne de tu carne (1983).
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Esta obra surgió a partir de una idea compartida con Andrés Caicedo y buscó retratar la época de la violencia y la dictadura de Rojas Pinilla, respondiendo a la necesidad de una gramática visual del terror alineada con el contexto caleño y tropical. Así, vampiros y fantasmas aparecen no solo como figuras sobrenaturales, sino como metáforas del poder dictatorial y los conflictos no resueltos en el país.

La producción nacional no se detuvo allí. En los años recientes, nuevas propuestas han revitalizado el subgénero, integrando componentes de mito, realismo mágico y experimentación formal. Películas como Pueblo de cenizas (2019) y Mangle Rojo (2022), junto a “Paloquemao”, agrupados en el programa “Gótico Tropical: Mangle Rojo, Paloquemao” de la Cinemateca de Bogotá, exploran facetas urbanas y rurales de lo siniestro, consolidando un imaginario propio y adaptado a las realidades del país.
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El gótico tropical no corresponde a una simple copia de los cánones europeos. Más bien, se ha convertido en una propuesta autóctona que narra el terror y la fantasía desde la riqueza del paisaje colombiano y su compleja historia social. A diferencia de los castillos de Transilvania, las haciendas de Cali funcionan como escenarios de desencuentros y tragedias, donde el pasado, representado por la violencia y las jerarquías feudales, acecha a los personajes en cada rincón.
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