
En 1968, los niveles de deserción escolar en el nivel primario en Argentina eran tan preocupantes, que la Secretaría de Estado de Cultura y Educación de la Nación, creó un proyecto para reestructurar el sistema educativo nacional llamado: “1968, año del cambio en la educación”.
Parte de los cambios estaban en fortalecer a las cooperadoras escolares, especialmente en escuelas rurales y de zonas fronterizas, “donde la Nación concurra supletoriamente, para resolver la caótica situación de la escuela pública rural con 5.000 locales cubriendo el amplio territorio argentino, muchas veces en la soledad y el desamparo”, decía parte del informe.
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En ese escenario, Ford Motor Argentina y su red de concesionarios, crearon su programa “Ford para la educación”, gracias al cual, entre los años 1968 y 1982, se construyeron 41 escuelas en zonas rurales y de frontera a lo largo de todo el país, como un modo de contribución a esa realidad que había dejado en evidencia una ausencia de formación académica de los niños que están alejados de los centros urbanos. Se construyeron escuelas en Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, San Juan, Neuquén, Río Negro, Chubut, Chaco, Formosa, Misiones, Corrientes, Santiago del Estero, Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba, La Pampa y San Luis.

Hacía ya 10 años que había llegado a Argentina la Ford F-100, la pick-up más famosa del mundo, primero importada, después producida en la antigua fábrica de La Boca, finalmente, desde 1964, en la actual planta de General Pacheco. Cuanto haya influido en el programa de “Ford para la educación” solo lo saben quiénes lo crearon, pero probablemente alguien haya pensado que si con una F-100 se podía llegar a cada rincón del país, también se podrían utilizar esa capacidad de carga y fortaleza para llevar materiales de construcción que permitieran levantar escuelas en zonas inhóspitas.
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Pero además, el programa fue creado con tres objetivos adicionales al de promover la educación, y que eran vitales en estas construcciones. Ellos fueron generar provisión de agua potable, de energía eléctrica y hacerlo con un diseño de bajo mantenimiento para que ediliciamente fuera posible que se mantengan en buen estado de conservación.

Veinte años después de la última escuela inaugurada, Ford decidió iniciar un relevamiento de las condiciones en que se encontraban cada una de esas escuelas, y una vez terminado ese trabajo, comenzó un nuevo programa que se llamó “Educación para un nuevo mañana”, por la cual se restaurarían, repararían y reequiparían con soluciones sustentables para el medioambiente, a todas las escuelas originales.
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Desde 2003 a la fecha, ya se han reconstruido 29 de las 41 escuelas, la última reinauguración ocurrió el pasado 28 de abril, en Mendoza. Se trata de la Escuela N°1-367, ubicada en el paraje El Chacay de la ciudad de Malargüe.
Para la ocasión, altos directivos de Ford Argentina SA como su Presidente, Martín Galdeano, además de varias autoridades locales, participaron de un emotivo encuentro en el que los alumnos recibieron incluso a un ídolo deportivo como invitado especial, ya que José Luís Burruchaga, jugador de la selección argentina de fútbol campeona del mundial de México 1986, les brindó una charla en la que compartió su experiencia representando a la bandera argentina en un evento internacional y destacó la importancia del trabajo en equipo como una herramienta esencial para lograr objetivos.
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La Escuela N°1-367 fue inaugurada originalmente en 1973, está ubicada a 15 kilómetros de la ciudad de Malargüe, en un área rodeada de estancias. Cuenta con nivel inicial y primario, pero también funciona como comedor, ya que ofrece diariamente el desayuno, almuerzo y merienda a sus más de 80 alumnos que asisten mayormente desde zonas periféricas al paraje.

Las obras de remodelación comprendieron la construcción de un SUM de 450 m2 completamente nuevo y adecuado a las condiciones climáticas de la región, donde se deben soportar temperaturas muy bajas en buena parte del año, además de abundantes nevadas. Además, se hizo una adecuación de un espacio para talleres de huerta y una mejora de las áreas de esparcimiento exteriores. Técnicamente, se renovó el sistema de calefacción, la instalación eléctrica y la iluminación, además de completarse el cercado perimetral del predio.
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Henry Ford dijo al producir el primer Ford T, que quería “democratizar el uso del auto”. Quería que todos pudieran tener uno, y por eso lo hizo económico, accesible. Hasta adoptó el color negro porque era la tinta más barata del mercado en los años 20, cuando comprar un Modelo T, significaba gastar 260 dólares con un salario de 200 dólares por mes para los propios empleados de su fábrica.
“Educación para un nuevo mañana”, el programa de Ford Argentina, sigue ese mismo pensamiento aplicado a la educación. Hacerla accesible para quienes nacieron en zonas extremas de un país tan extenso, es un mensaje similar. Dar oportunidades a todos.
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