Charles Leclerc y una Ferrari SF90 Stradale, la bestia híbrida de Maranello presentada el año pasado, giraron en Montecarlo sin público
Charles Leclerc y una Ferrari SF90 Stradale, la bestia híbrida de Maranello presentada el año pasado, giraron en Montecarlo sin público

El fin de semana del 23 y 25 de mayo debió correrse, como todos los años, la competencia más tradicional de la Fórmula 1, la que recorre las calles de Montecarlo y moviliza la elite social de todo el planeta. Es una cita inamovible en el calendario de la máxima categoría, que ha mutado año tras año, pero siempre manteniendo al GP de Mónaco inalterable. Solo la pandemia originada por el Covid-19 pudo quebrar su continuidad desde 1950, cuando se corrió por primera vez, en el primer Campeonato de la Fórmula 1.

Aquel año, Juan Manuel Fangio sobre su Alfa Romeo, se anotó como el primer ganador de este Gran Premio. La competencia, que lleva 77 ediciones, si bien se corría a partir del año 29, desde 1950 empieza a formar parte del calendario oficial de la flamante F-1. No podía faltar entonces el rugir de algún motor en las calles del Principado durante el último fin de semana de mayo. No hubo competencia, pero sí música. Y nada menos que orquestada por Ferrari en una original puesta en escena.

La Stradale en Mónaco. A falta de la Fórmula 1, Ferrari puso la música
La Stradale en Mónaco. A falta de la Fórmula 1, Ferrari puso la música

“Le Grand Rendez-Vous” (“La gran cita”) es el nombre del corto que en las calles del circuito tuvo como protagonista al piloto del Cavallino, Charles Leclerc, y a una Ferrari SF90 Stradale, la bestia híbrida de Maranello presentada el año pasado. Se trató de una remake que el director Claude Lelouch realizó sobre un cortometraje suyo de 1976 llamado “C'était un rendez-vous” (“Era sólo una cita”).

Mirá el video de la Ferrari girando en Montecarlo

En aquel corto original, que causó gran sensación en la época y que terminó con el director preso, aparecía un vehículo cruzando la ciudad de París a toda velocidad sin respetar ningún tipo de señal de tráfico, con un sonido espectacular, inequívocamente causado por un V12 de Ferrari. La leyenda se alimentó año tras años con que el auto había sido una Ferrari 275 GTB, y que el piloto pertenecía al staff de la Fórmula 1. Años más tarde, el propio director confesó que en realidad había puesto la cámara en el frente de su Mercedes-Benz 450SEL, y que él mismo se había encargado de conducir a toda velocidad por las calles parisinas. Además, el sonido pertenecía de una Ferrari Dino, y las tomas habían sido aligeradas para darles mayor vértigo.

El Príncipe Alberto de Mónaco acompañó algunas vueltas a Leclerc
El Príncipe Alberto de Mónaco acompañó algunas vueltas a Leclerc

Lo cierto es que ambos, director y Ferrari, tuvieron su revancha en un escenario soñado y vacío de emociones por el coronavirus. El corto se filmó durante la madrugada del domingo en que debía disputarse la carrera, y hasta contó con la participación del Príncipe Alberto de Mónaco. Las calles desiertas del Principado tuvieron al piloto monegasco exprimiendo al máximo el potencial de la Stradale: según la propia marca, Leclerc llevó a la Ferrari hasta los 240 km/h. La protagonista femenina es la hija del director, Rebecca Blanc-Lelouch.

Mirá el corto original "C’était un rendez-vous", dirigido por Claude Lelouch

La Ferrari SF90 Stradale es el primer deportivo híbrido enchufable del Cavallino. Tiene un motor V8 de 4.0 litros que genera 780 caballos, y dispone de otros tres propulsores eléctricos que completan sus 1.000 caballos de potencia total. Es capaz de acelerar de 0 a 100 kilómetros/hora en apenas 2,6 segundos y alcanza una velocidad máxima de 340 kilómetros.

Fin del corto: se baja el Príncipe Alberto y el piloto se va con la dama
Fin del corto: se baja el Príncipe Alberto y el piloto se va con la dama

Con Leclerc al volante, la Stradale se deslizó por las calles inusualmente desiertas del circuito. Sin tanto glamour como en domingos de carrera, el Principado tuvo su cuota de talento y potencia. El V8 puso la música. A disfrutarlo.

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