
A más de 18 metros bajo las calles de Edge Hill, en Liverpool, se extiende lo que se describe como la mayor extravagancia subterránea del mundo: un laberinto de cámaras y pasadizos de varios niveles que podría abarcar unos 2,5 kilómetros cuadrados. La red fue excavada por orden del comerciante de tabaco Joseph Williamson a principios del siglo XIX y permaneció sepultada bajo escombros durante más de cien años.
Según informó la cadena de noticias CNN, equipos de excavadores llevan décadas desenterrando este complejo oculto para responder un interrogante que intrigó a historiadores durante generaciones: ¿por qué se construyeron estos pasajes?
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Tras 30 años de investigación, las dos organizaciones que custodian el sitio llegaron a una misma conclusión: la teoría más sólida apunta a la filantropía. Williamson buscaba dar empleo a hombres que, en una época de profundas carencias, no tenían otra opción que la mendicidad o el crimen.
Un mercader sin herederos que destinó su fortuna a excavar bajo tierra
Williamson nació en Yorkshire en 1769 y se trasladó a Liverpool a los 11 años para formarse bajo la tutela de Richard Tate, padre de quien sería su esposa, Elizabeth. Asumió el control del negocio tabacalero en 1803, tras acumular una riqueza considerable. El matrimonio no tuvo descendencia a quien legara su patrimonio.
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En 1806 adquirió terrenos en Edge Hill con el propósito de crear un suburbio de clase media en una zona sin urbanizar. Según BBC, entre sus operarios se encontraban soldados desmovilizados tras las guerras napoleónicas que no conseguían ocupación. Durante 34 años, el empresario dirigió la extracción de piedra arenisca y la construcción de viviendas en la superficie, mientras bajo tierra se expandía un entramado de bóvedas y galerías.
El proyecto se llevó a cabo en absoluto secreto. Williamson nunca reveló sus planes, no invitó a nadie a inspeccionar la obra y no dejó registros escritos ni planos que indicaran el propósito o la extensión del laberinto. “Los hombres que trabajaban para él presumiblemente recibieron instrucciones de guardar silencio”, explicó el guía Tom Stapledon a la cadena estadounidense.
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El redescubrimiento de un laberinto olvidado durante más de un siglo
Pocos años después del fallecimiento de Williamson, en 1840, los túneles comenzaron a llenarse con basura y material de demolición. La Corporación de Liverpool continuó el relleno de forma esporádica hasta el siglo XX, y el complejo quedó relegado a la memoria popular del barrio.

El interés resurgió cuando artículos del historiador inglés Charles Hand impulsaron estudios oficiales en 1926.
Décadas más tarde, en 1989, se fundó la Sociedad Joseph Williamson, que dio origen a dos entidades encargadas de preservar el sitio: Friends of Williamson Tunnels (FoWT) y el Williamson Tunnels Heritage Centre. En 1999, un grupo de investigadores localizó una entrada al antiguo sistema de sótanos con ayuda de obreros que levantaban residencias estudiantiles en un predio contiguo.
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De todas las áreas desenterradas, la más imponente es el llamado “Salón de banquetes”, una cámara de 8,2 metros de alto con un arco gótico en su parte superior. El suelo visible no es tal, sino una capa de cascotes que los voluntarios estiman en unos seis metros de profundidad. Entre los objetos recuperados figuran vajilla de los siglos XIX y XX, botellas y pequeñas cabezas de muñecas.
La filantropía como respuesta al enigma de dos siglos
A lo largo de los años surgieron hipótesis de todo tipo: desde el contrabando de mercancías hasta la posibilidad de que los corredores sirvieran como refugio de un culto apocalíptico. “Luchamos durante 30 años con nuestra investigación, tratando de darle sentido a esta historia”, señaló Stapledon a CNN.
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“Llegó a una etapa de su vida en la que todo consistía en mantener ocupados a hombres que necesitaban sustento, que de otro modo estarían parados en las esquinas, metiéndose en problemas y sin poder alimentar a sus familias”, afirmó el guía.
Su colega Billy Moran, colaborador del Heritage Centre, añadió que registros bautismales de una iglesia local muestran cómo varias familias nombraron a sus hijos en honor al benefactor.
“Estaba haciendo mucho por personas que no tenían mejor opción que cavar agujeros para el excéntrico del barrio”, indicó Moran. Hoy, FoWT ofrece recorridos los miércoles y domingos, mientras que el Heritage Centre abre viernes, sábados y domingos. Como reflexionó Stapledon ante un visitante: en el siglo XIX, los túneles eran una forma de mantener ocupada a la gente; dos siglos después, el legado de Williamson sigue logrando exactamente lo mismo.
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