Arabia Saudita, Turquía y Pakistán acordaron este lunes activar de inmediato el Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca y adoptar las medidas necesarias para desplegar fuerzas en el reino saudita. La decisión salió de una reunión de emergencia en Riad del comité político y de defensa de la alianza. Convierte en acción un pacto firmado hace menos de dos meses.
El comunicado conjunto no precisa cuántos efectivos aportará cada país, qué unidades enviarán ni en qué plazo. Subordina el despliegue a “los acuerdos aprobados y la legislación nacional” de cada Estado, una cláusula que deja a Ankara e Islamabad margen para definir su implicación. El texto tampoco menciona a los hutíes, aunque condena el intento de atacar La Meca y Medina y los golpes contra instalaciones civiles y económicas sauditas.
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El ministro de Defensa saudita, el príncipe Jalid bin Salmán, habló de “medidas colectivas de disuasión”. El canciller turco, Hakan Fidan, presente en Riad, explicó que la reunión estaba prevista antes de la escalada, pero que los últimos acontecimientos en Yemen motivaron su carácter extraordinario. Añadió que se analizó qué apoyo prestar a Riad y también fórmulas para resolver la crisis yemení mediante el diálogo. Los tres países designaron además al teniente general paquistaní Nauman Mahmud como primer secretario general de la alianza, por un mandato de tres años.
La activación coincide con el momento más grave de la guerra desde la tregua de 2022, mediada por la ONU, que se quebró en julio. En septiembre, los hutíes lanzaron una ofensiva relámpago que les permitió controlar 150 kilómetros de la costa del mar Rojo y las inmediaciones del estrecho de Bab al Mandeb, ruta clave del comercio marítimo. Según fuentes de seguridad, también cortaron la carretera que une la ciudad de Taiz con Adén.
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El domingo, Rashad al Alimi, presidente del Consejo de Liderazgo Presidencial yemení, ordenó a las fuerzas gubernamentales iniciar operaciones para recuperar todo el territorio hutí. Este lunes, el Gobierno afirmó haber tomado Dhubab y el puerto de Mocha, en la costa occidental, y anunció una ofensiva sobre Saná, en manos de los rebeldes desde 2014. Los hutíes negaron la toma de Dhubab. Las cifras de bajas que difunde el Ejército yemení no han sido verificadas de forma independiente.
Riad respaldó la operación. Prometió “pleno apoyo operativo” a las fuerzas yemeníes hasta poner fin al control hutí y frenar la amenaza sobre su territorio, sus instalaciones energéticas y la navegación en el sur del mar Rojo. La coalición que lidera Arabia Saudita cita ataques recientes contra Riad, Abha, Khamis Mushait, Jizan, Najran, Taif y Yanbu. Asegura, además, que el 1° de octubre los rebeldes alcanzaron una subestación de Medina que alimenta la Mezquita del Profeta.
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Los hutíes, respaldados por Irán, replicaron que Arabia Saudita encabeza en realidad la ofensiva yemení. Le exigieron asumir “plena responsabilidad” por las consecuencias y declararon “inseguro” su espacio aéreo.
El Acuerdo de La Meca lo firmaron el príncipe heredero saudita, Mohamed bin Salmán; el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan; y el primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif. Establece que un ataque contra uno de los tres equivale a un ataque contra todos y tiene como antecedente el pacto bilateral que Riad e Islamabad suscribieron en septiembre de 2025. Une a un gran productor de petróleo, a un miembro de la OTAN y a una potencia nuclear. En agosto se presentó como defensivo y disuasorio, no como una alianza dirigida solo contra los rebeldes.
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Hasta ahora, la cláusula de defensa mutua no se había traducido en acciones militares. Los jefes de las fuerzas armadas de los tres países se reunieron el 25 de septiembre y se comprometieron a convertir el acuerdo en cooperación efectiva, pero ni Turquía ni Pakistán habían actuado contra los hutíes. Sharif advirtió ante la Asamblea General de la ONU que nuevos ataques contra La Meca serían una “línea roja”. Su ministro de Defensa, Khawaja Asif, prometió usar “todos los medios disponibles”.
El comunicado deja sin resolver la cuestión central: el mandato de las fuerzas que lleguen. Desplegarlas para proteger territorio saudita y los lugares santos no equivale a participar en una ofensiva sobre Saná. De esa diferencia dependerá que la guerra de Yemen incorpore nuevos actores o que la alianza se limite, por ahora, a una función de contención.
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