
Rusia perdió la iniciativa militar en Ucrania y acumuló hasta 1,4 millones de bajas en combate, entre ellas hasta 450.000 muertos, desde la invasión a gran escala lanzada en febrero de 2022, según un análisis del CSIS.
El deterioro también apareció en el mapa: el control territorial ruso se redujo en la primavera de 2026, con una pérdida neta de unos 400 kilómetros cuadrados en abril y mayo, las primeras caídas mensuales desde agosto de 2024. El estudio sostuvo además que la ofensiva terrestre rusa se estancó y que Ucrania amplió su campaña de ataques de corto, medio y largo alcance contra objetivos militares y económicos dentro de Rusia.
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Para Vladimir Putin, la guerra mantuvo objetivos que fueron más allá del frente: devolver a Ucrania a la esfera de influencia rusa, someterla por conquista o por la instalación de un aliado en Kyiv, debilitar la credibilidad de la OTAN, frenar su expansión hacia el este, erosionar a la Unión Europea y ampliar la influencia de Moscú en Europa del Este.
En mayo de 2026, Putin redujo de forma drástica su desfile militar anual por temor a ataques ucranianos de largo alcance y por el empeoramiento de la situación en el campo de batalla. Ese mismo año, ciudades rusas como Moscú y San Petersburgo quedaron expuestas a drones y misiles ucranianos, mientras Crimea sufrió ataques que obligaron al cierre de campamentos de verano y playas, alteraron el suministro de combustible y provocaron cortes de electricidad.
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Las bajas rusas superaron su ritmo de reclutamiento
El CSIS calculó que Rusia sufrió entre 30.000 y 34.000 bajas por mes en 2026, por encima de un reclutamiento estimado en unos 27.000 nuevos efectivos mensuales. La relación de bajas entre Rusia y Ucrania subió además a casi 8:1 en la primera mitad del año, frente al rango de 2:1 a 3:1 que predominó durante gran parte de la guerra.

El informe atribuyó parte de ese salto al uso ucraniano de drones, incluidos sistemas asistidos por inteligencia artificial, dentro de una campaña agresiva de interdicción aérea. Ucrania golpeó infraestructura energética, plantas industriales, líneas logísticas, bases militares, radares, sistemas antiaéreos, buques, aeronaves y posiciones de lanzamiento de drones.
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Rusia sufrió más de cuatro veces las muertes de combate que acumuló Estados Unidos en todas sus guerras desde la Segunda Guerra Mundial. La comparación incluida en el estudio sumó 36.574 muertos estadounidenses en Corea, 58.220 en Vietnam, 383 en la Guerra del Golfo, 2.581 en Afganistán y 4.492 en Irak.
Desde una perspectiva rusa y soviética, la magnitud también rompió registros recientes. Las muertes rusas en Ucrania superaron en más de 28 veces las pérdidas soviéticas en Afganistán en los años 80, en más de 18 veces las de las dos guerras chechenas y en más de nueve veces el total combinado de las guerras soviéticas y rusas desde la Segunda Guerra Mundial.
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La ofensiva rusa avanzó a ritmo mínimo
Las tropas rusas avanzaron en 2026 a velocidades medias de unos 50 metros por día en Kostiantynivka, 70 metros en Pokrovsk y 90 metros en Sloviansk. El estudio describió esos registros como algunos de los más lentos observados en cualquier guerra del último siglo.
Tras capturar Avdiivka en febrero de 2024, Rusia tardó hasta fines de enero de 2026 en tomar Pokrovsk, un centro logístico clave para las operaciones ucranianas en el este. En ese lapso avanzó unos 50 kilómetros.
La campaña sobre el llamado “cinturón de fortalezas” de Donetsk tampoco quebró las defensas ucranianas. Desde comienzos de agosto de 2025 hasta principios de junio de 2026, las fuerzas rusas avanzaron unos 16 kilómetros hacia Kostiantynivka, mientras que al norte recorrieron unos 15 kilómetros hacia Sloviansk entre fines de diciembre de 2025 y comienzos de junio de 2026, y aun así seguían a más de 20 kilómetros de la ciudad.
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Ucrania también pasó al ataque en algunos sectores. Su contraataque más importante despejó un grupo de asentamientos en el eje de Oleksandrivka, en la frontera entre Dnipropetrovsk y Zaporizhzhia, con un avance de unos 12 kilómetros entre fines de enero y comienzos de junio de 2026.
Putin mantuvo la guerra, pero el dato inmediato fue otro: Rusia perdió terreno, sufrió más bajas de las que pudo reponer y ya no mostró capacidad de traducir su esfuerzo humano y material en avances rápidos. La consecuencia geopolítica inmediata fue una guerra de desgaste más favorable al defensor, en la que Ucrania logró trasladar parte del costo militar y económico al territorio ruso.
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El análisis sostuvo que la lentitud del frente respondió a una combinación de campos minados densos, fortificaciones escalonadas, bombardeos intensos y saturación de drones en una franja de más de 20 kilómetros alrededor de la línea de contacto. En ese espacio, Ucrania montó una defensa en profundidad con trincheras, minas, obstáculos antitanque y ataques de artillería y drones.
Según algunas estimaciones citadas en el estudio, más del 90% de las bajas rusas provinieron de ataques con drones y no de enfrentamientos directos entre soldados. El texto agregó que el movimiento dentro de una “zona de muerte” de entre 20 y 40 kilómetros volvió extremadamente costoso cualquier intento de ruptura masiva.
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Ucrania apoyó parte de esa estrategia en nuevos sistemas autónomos. El informe destacó el despliegue del dron Hornet, de ataque unidireccional, con un costo aproximado de USD 6.000 y un alcance de hasta 150 kilómetros, capaz de analizar video en vivo, identificar objetivos rusos, distinguir señuelos por geometría, textura y firma térmica, y atacar en la fase final sin depender de conexión satelital.
Rusia conservó cerca de 118.000 kilómetros cuadrados de Ucrania, alrededor del 20% del país, incluida Crimea y las zonas del Donbas que ya controlaba antes de 2022. Dentro de esa superficie, unos 75.000 kilómetros cuadrados, cerca del 12% de Ucrania, fueron tomados desde la invasión de febrero de 2022.
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