El 75% de los adolescentes en Inglaterra rechaza la prohibición de celulares en las escuelas, según un nuevo informe

La investigación de la University College London, basada en encuestas a alumnos de entre 11 y 18 años, advierte que los jóvenes perciben la medida como un castigo y señala que debilita la confianza con docentes y adultos responsables

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Primer plano de la mano de un adolescente sosteniendo un teléfono móvil con pantalla oscura sobre un pupitre de madera clara, junto a un cuaderno y un bolígrafo azul.
La investigación indica que tres de cada cuatro adolescentes consultados se oponen a la medida vigente en Inglaterra (Visuales IA)

La reciente entrada en vigor de la prohibición legal de teléfonos inteligentes en los centros educativos de Inglaterra reavivó el debate sobre el rol de la tecnología en la vida escolar.

Un informe elaborado por la University College London (UCL), publicado tras la aplicación de la nueva normativa, atribuye a los jóvenes una visión predominantemente negativa sobre la medida, señalando que la mayoría la considera excesivamente restrictiva y poco ajustada a sus necesidades reales.

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El documento, presentado por el diario británico The Guardian, identifica una tendencia clara entre los estudiantes: la restricción de dispositivos móviles se percibe como un castigo en vez de una solución pedagógica. Los autores del estudio, entre ellos Jessica Ringrose y Edith Rodda, sostienen que la política resulta “demasiado simple” y carece del respaldo de quienes deben adaptarse a ella a diario: los alumnos.

División generacional y percepción de los estudiantes

Una fila de estudiantes de secundaria entra a un aula, un joven deposita su celular en un contenedor transparente mientras una profesora lo observa sonriendo.
Las encuestas a 732 alumnos y entrevistas a adultos muestran que el 87 % del profesorado y el 88 % de las familias respaldan la restricción total (Imagen Ilustrativa Infobae)

El informe de la UCL pone en evidencia un marcado contraste generacional sobre el uso de dispositivos móviles en el ámbito escolar. Mientras que el 87 % de los docentes y el 88 % de los padres apoya la restricción total, el 75 % de los jóvenes consultados se opone. La investigación, basada en encuestas a 732 estudiantes de entre 11 y 18 años, además de entrevistas con 27 profesores y 41 padres, revela que los adolescentes consideran los teléfonos como herramientas esenciales para la vida diaria.

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La perspectiva adulta, en cambio, se centra en la gestión del aula y en la reducción de distracciones. Los padres y profesores ven la normativa como una forma de facilitar la convivencia y el aprendizaje. Sin embargo, los adolescentes advierten que la medida debilita la confianza mutua y dificulta la relación con los adultos responsables dentro de la escuela.

Entre los motivos del rechazo, los estudiantes mencionan que el teléfono móvil permite consultar horarios de transporte, seguir el clima, acceder a aplicaciones educativas y mantener el contacto con familiares y amigos. Las chicas, en particular, destacan la importancia del dispositivo para su seguridad personal, sobre todo cuando se desplazan solas.

Riesgos y efectos no previstos

Collage digital: pantallas de móviles muestran videos de peleas y mensajes de amenaza. Siluetas de adolescentes sostienen teléfonos, unidas por ondas de luz.
La norma puede dificultar la detección y el acompañamiento dentro de los centros, al limitar canales de denuncia y aumentar el aislamiento (Imagen Ilustrativa Infobae)

El equipo de la University College London advierte que la restricción podría generar consecuencias no deseadas. Una de las principales preocupaciones reside en la posibilidad de que problemas digitales como el ciberacoso o el acoso sexual se vuelvan menos visibles dentro del entorno escolar, lo que dificultaría la detección y el apoyo a los afectados. El informe subraya que la normativa limita la capacidad de denuncia y puede aislar a quienes enfrentan situaciones de riesgo.

El documento también señala que intentos de control como el almacenamiento en taquillas o el uso de fundas con candado incrementan la desconfianza y pueden incentivar eludir la regla. Edith Rodda, coautora del estudio, describe estas políticas como un “ciclo de castigo”, en el que la falta de participación estudiantil en la toma de decisiones termina por socavar los objetivos iniciales de la normativa.

Respuestas institucionales y alternativas posibles

Estudiantes de secundaria interactúan en un pasillo escolar con casilleros. Un cartel amarillo grande prohíbe los teléfonos móviles. Algunos leen o charlan.
El Departamento de Educación sostiene que la decisión tiene apoyo de familias y directivos, y la vincula a una guía para hogares (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Departamento de Educación británico defiende la nueva política y asegura que la decisión cuenta con respaldo de padres y directivos escolares. El gobierno sostiene que la restricción forma parte de un programa más amplio: incluye una guía oficial sobre el uso de pantallas para padres de niños de entre 5 y 16 años, la prohibición de redes sociales consideradas nocivas para menores y la incorporación de sistemas de tutoría con inteligencia artificial. Además, el currículo escolar renovado apuesta por alfabetización mediática y desarrollo de habilidades para identificar desinformación.

Jessica Ringrose, profesora de sociología de género y educación en la UCL, resalta que los alumnos perciben las prohibiciones como un factor que mina la confianza con los adultos. Por su parte, Dawn Aytoun, de la consultora educativa de Reino Unido, Life Lessons Education, sugiere que las escuelas prioricen el debate y la reflexión crítica sobre el uso y el impacto de la tecnología, en vez de aplicar restricciones absolutas sin considerar la perspectiva estudiantil.

El informe de la University College London concluye que el diálogo y la educación digital representan las mejores herramientas para que los jóvenes enfrenten los desafíos que plantea la tecnología móvil en la actualidad.

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