
Desde hace más de tres décadas, Medio Oriente fue el escenario donde las ambiciones diplomáticas de los presidentes de Estados Unidos enfrentaron importantes desafíos una y otra vez. Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama, Donald Trump y Joe Biden intentaron—cada uno a su manera—dejar una huella en la región, pero terminaron enfrentándose a guerras, crisis políticas y nuevos conflictos. Pero el regreso del mandatario republicano al poder, le ofrece la posibilidad de cambiar ese patrón.
A pesar de la inestabilidad persistente, la nueva realidad geopolítica presenta posibilidades inéditas. Irán está debilitado, Hezbollah sufrió pérdidas, Hamas fue golpeado y Siria atraviesa un cambio de régimen. ¿Podrá Trump capitalizar estos factores y buscar una mayor estabilidad en la región?
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En una columna de la última edición de Foreign Affairs, Philip H. Gordon, quien fue Asesor de Seguridad Nacional de la Vicepresidenta Kamala Harris de 2022 a 2025 y Coordinador de la Casa Blanca para Oriente Medio durante la gestión de Obama, analizó el panorama actual.
Irán debilitado y la posibilidad de un nuevo acuerdo nuclear
Durante décadas, Irán fue el epicentro de los problemas en Medio Oriente. Pero en el presente, Teherán se encuentra en una posición más frágil que en cualquier otro momento desde la Revolución Islámica de 1979, según Gordon. Sus principales aliados y fuerzas proxy —Hezbollah en Líbano y Hamas en Gaza— fueron diezmados militarmente. Sumado a que su sistema de misiles balísticos demostró ser ineficaz frente a las defensas israelíes.
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En el plano interno, la economía iraní está en crisis tras años de sanciones internacionales y mala gestión. Masoud Pezeshkian, elegido presidente en 2024 con la promesa de mejorar la economía, sabe que su única salida realista es negociar con Washington para obtener alivio en las sanciones. Incluso el líder supremo, Ali Khamenei, comprende que la capacidad militar de Irán se redujo considerablemente.
Donald Trump dejó a entrever su interés por un nuevo acuerdo, y la situación actual podría permitir concesiones que antes parecían inalcanzables: límites permanentes para el enriquecimiento de uranio, restricciones al programa de misiles balísticos e incluso frenos a la influencia iraní en la región. Un acuerdo de este tipo permitiría a Trump jactarse de haber logrado un pacto “mejor que el de Obama” y presentarlo como una victoria diplomática.
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Fin de la guerra y el futuro palestino
El conflicto entre Israel y Hamas fue el mayor golpe a la estabilidad regional desde la guerra de Irak. Aunque, el alto el fuego alcanzado el 15 de enero de 2025 —con la mediación del equipo de transición de Trump— abre la puerta a una solución más duradera.
En la primera fase del acuerdo, Israel suspendió sus operaciones militares en Gaza, el grupo terrorista Hamas comenzó a liberar rehenes y los palestinos desplazados regresaron a sus hogares. Pero, adelanta la columna de Foreign Affairs, la segunda fase es mucho más complicada: aún deben negociarse la liberación de soldados israelíes, la entrega de prisioneros palestinos y el destino final de Hamas.
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Líbano y la oportunidad de reducir a Hezbollah
El sur del Líbano fue, por décadas, un bastión del grupo terrorista Hezbollah, el grupo respaldado por Irán que desafió a Israel y a las fuerzas occidentales en la región. No obstante, tras los enfrentamientos con Israel durante 2024, Hezbollah sufrió pérdidas considerables y aceptó un alto el fuego sin obtener concesiones a su favor.
Este debilitamiento permitió la conformación de un nuevo gobierno en Líbano, liderado por el presidente Joseph Aoun y el primer ministro Nawaf Salam, con una postura más independiente de Irán. Por su parte, Trump podría usufructuar esta situación brindando apoyo financiero y militar a las fuerzas armadas libanesas para consolidar la autonomía del país.
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Siria y el inesperado colapso del régimen de Assad
Uno de los cambios más inesperado en Medio Oriente fue la caída del régimen de Bashar al-Assad a fines 2024. Con Irán y Rusia debilitados por sus propios conflictos, el grupo rebelde Hayat Tahrir al-Sham aprovechó el vacío de poder para lanzar una ofensiva decisiva contra el gobierno sirio. Sorprendentemente, los nuevos líderes rebeldes prometieron respetar los derechos humanos y alejarse del extremismo, lo que genera una oportunidad sin precedentes para Estados Unidos.

El tablero geopolítico de Medio Oriente cambió drásticamente y por primera vez en décadas, un presidente de EEUU tiene la oportunidad de moldear los acontecimientos de manera favorable. “Si Trump aprovecha su posición para negociar un acuerdo nuclear con Irán, estabilizar Gaza, fortalecer a Líbano y consolidar el nuevo orden en Siria, podría lograr un éxito diplomático sin precedentes”, concluyó Gordon.
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