
En medio de los numerosos comercios de la ciudad de Lubeca considerados no esenciales y cerrados hasta mediados de enero para frenar la ola de covid-19 que golpea al país, algunos destacan por sus tristes carteles de “cierre definitivo”.
Esta encantadora ciudad del norte de Alemania, incluida en la lista de patrimonio de la Humanidad de la Unesco por las fachadas de ladrillo rojo y los lujosos edificios de estilo ‘art nouveau’ de su centro histórico, no escapa al fenómeno de despoblación que afecta desde hace años a los centros de las ciudades de Europa. Y que la pandemia de covid-19 ha acelerado.

En Lubeca, una ciudad de 220.000 habitantes famosa por su mazapán y visitada por 18 millones de turistas en 2019, el 20% de la superficie comercial está vacía, a falta de gente dispuesta a abrir negocios. Y la tendencia no tiene visos de cambiar.
En medio de la principal calle comercial, Olivia Kempke señala hacia una antigua tienda de ropa, en quiebra. “A algunos no les iba bien ya antes de la crisis sanitaria y la bajada de la afluencia de ahora los ha rematado”, afirma.

Kempke, que está al frente de Lübeck Management, una asociación que promueve el desarrollo urbano local, critica la hipertrofia de los grandes centros comerciales de la periferia, unos “verdaderos imanes de consumidores” y los alquileres, cada vez más altos, “que tienen a los comerciantes agarrados por el cuello”.
Compras en línea
Otra tendencia que está al alza y que también está afectando a la situación son las compras en línea, que deberían aumentar un tercio en noviembre-diciembre respecto a 2019, según la Asociación Alemana del Comercio (HDE).
Esta última teme el cierre de 50.000 comercios a causa del covid-19 en todo el país.

El cierre parcial de las tiendas de noviembre y diciembre, a causa del coronavirus, costará a los minoristas alemanes de los centros de las ciudades hasta 16.900 millones de euros (20.600 millones de dólares), según el instituto de investigaciones económicas IW.
El número de peatones se redujo a la mitad en las ciudades alemanas en diciembre, según la institución

Unas cifras que previsiblemente empeorarán tras el cierre de todas las tiendas “no esenciales” decretado a mediados de diciembre, por un mes como mínimo.
El ministro de Economía, Peter Altamaier, afirmó en noviembre que hacer la compra en el pequeño comercio era comparable a una “tarea nacional, incluso a un acto patriótico”. Un mensaje que se volvió caduco rápidamente con el endurecimiento de las restricciones.

Además de las ayudas de emergencia, el gobierno alemán baraja la posibilidad de instaurar una tasa contra el comercio en línea, cuyo monto iría a parar a los comerciantes de los centros urbanos.
Asimismo, el Ejecutivo dedicará 25 millones de euros adicionales en 2021 para apoyar al comercio de los cascos históricos, en tanto la HDE reclama “fondos de emergencia urbana” de cerca de 1.500 millones de euros (1.800 millones de dólares) anuales.

De no ser así, “no reconoceremos nuestros municipios después de la pandemia”, advirtió el presidente de la HDE, Gerd Landsberg.

La ayuda gubernamental de emergencia se añade a un programa del Ministerio de Construcción creado en 2002 y dotado de unos 790 millones de euros (966 millones de dólares) anuales para apoyar a las ciudades en su acondicionamiento urbano. Una iniciativa de la que se han beneficiado, hasta la fecha, 1.081 ciudades alemanas.
Paseos y socialización
Hanau, en el estado de Hesse (centro), fue una de las primeras. Al cabo de siete años de obras, la ciudad quedó completamente remodelada, con un casco histórico más verde y adaptado a las personas con movilidad reducida.

La intervención también dio lugar a un gran centro comercial con tiendas independientes, restaurantes, un cine y una nueva plaza.

Un ejemplo de éxito, según Frank Schwartze, profesor en la Universidad Técnica de Lubeca y especialista en desarrollo urbano. Para Schwartze, esos fondos permitirían “a los centros de las ciudades adaptarse a los nuevos hábitos” y ser “lugares de vida” y no únicamente de consumo.
“El antiguo comercio minorista no volverá”, suelta, sino que éste dará paso a “lugares de paseo y de socialización”, facilitados por “las nuevas formas de movilidad”. Es decir, menos espacio para los vehículos y más para los viandantes.

Es este precisamente el camino emprendido por Lubeca con diferentes experimentos en el último año: un jardín compartido en pleno centro, una ampliación de las veredas y más mobiliario urbano, exposiciones culturales gratuitas y calles con circulación reducida.
“Estamos observando un retorno de los peatones y una reducción del 60% del tráfico automovilístico. Los ciudadanos han ganado calidad de vida”, afirma satisfecho Jan Lindenau, alcalde de Lubeca (socialdemócrata).

(Texto: David COURBET; Fotos: MORRIS MAC MATZEN / AFP)
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